Café y naufragios de cine. José J. Picos Freire.

jj
José Juan Picos Freire. Guionista y novelista. Autor de la novela histórica EL VIENTO DE MIS VELAS (Peripecias de un empedernido bebedor de café) y de la sátira televisiva SÁLVAME: LA TELEBASURA COMO AUTOAYUDA, ambas en Kindle Amazon.
Pásate por su blog: "http://vientodemisvelas.blogspot.com.es/"

Cuando Europa se iba a pique, con el casco reventado por un torpedo llamado Hitler, Casablanca se convertía en una orilla rocosa a la que eran arrojados náufragos del amor o de la virtud como Rick Blaine, propietario del Rick’s Café. Allá, arropado por las notas del piano de Sam, uno se podía tomar hasta en serio si la seriedad la sirvieran con hielo pilé y un golpe de soda. Whisky por aquí, absenta por allá, pero del café del rótulo luminoso, ¡nanai! Así que la mítica película de Michael Curtiz no me sirve para esta entrada, pero me regala el lustre de ébano de un expreso bien medido…

Rick café

Donde el café se convierte de verdad en tabla de náufrago es en la fachada de Tiffany’s. Arrojada, alba tras alba -como un Sísifo de la frivolidad perpetua-,audrey contra los acantilados diamantinos de la famosa joyería, Holly Golightly se espanta del monstruo que en ellos habita: aún no se ha dado cuenta de que el escaparate es un espejo. Con el corazón como fruta escarchada tras fingir hasta la náusea ser quién no es, lo único cálido que la provinciana pretenciosa, manipuladora y codiciosa se lleva al alma es el líquido que guarda en un vaso de cartón.

Nunca sucumbí a los encantos de la Hepburn. Prefiero los de Ava Gardner, Kim Novak o Sofía Loren. Es una cuestión de caderas. El calor natural de la hembra por encima del glamour inventado por locuelos cronistas de sociedad.

Imagino a Holly Golightly quince años después, out of fashion y ajada, intentando coger un taxi en Manhattan. En su mirada, perdida y vacía, se refleja la amargura de no haber ascendido a los neones de Hollywood o Broadway. El recuerdo de otros que no naufragaron, pero que cayeron o fueron arrojados del barco de la fama, no la consuela…

Al final, Holly consigue que un yellow cab se detenga; al volante, un superviviente del másTaxi terrible naufragio de la moderna historia americana, la guerra de Vietnam. Es el exmarine Travis Brickle, caballero andante de una puta, Iris, que ha perdido hace dos días el último diente de leche. Como un espectro invisible entre la multitud neoyorquina, nuestro taxi driver resulta un Robinson Crusoe que solo se acuerda de sonreír cuando se sienta ante una taza de café. Solo ahí encuentra a su Viernes.

reservoirCon los náufragos cinematográficos agarrados a la tabla de salvación de una taza de café cualquiera podría escribir una enciclopedia: son legión. Ya sé, por poner un ejemplo, que se me olvidan los cafeinómanos de Quentin Tarantino, pero es que, con la excepción de Chiquito de la Calzada, los chistes solo me hacen gracia la primera vez que los oigo. Y los de Tarantino me sientan como la morcilla de Burgos, que me llama, pero me repite.

Ves, Twin Peaks me hizo mucha gracia en su momento, por nacer como un naufragio monumental de la cordura -o de la poca vergüenza-, pero ya no. Aún así, la cara de felicidad infantil del agente Cooper es una oda al placer que provoca una buena taza de café. Por eso lo recupero, no por otra cosa…

Cooper

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Publicado por

Josevi Blender

Absorbido por la novela y el cine, eso sí, negros.

3 comentarios sobre “Café y naufragios de cine. José J. Picos Freire.”

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