Prólogo completo de El arrecife del escorpión de Charles Williams.

El_arrecife_del_escorpion_portada_1En Todo Negro tenemos el privilegio de poner a vuestra disposición el prólogo completo de la novela “El arrecife del escorpión” de Charles Williams, escrito por su biógrafo, Hernán Migoya y reeditada recientemente por Medianoche Editorial.

En él se refleja el enorme poder de atracción de un autor clásico de novela negra que, quizá por el paso del tiempo, no disfruta del reconocimiento que se merece. Os recomendamos su lectura.

Todos los derechos son propiedad de Medianoche Editorial.

UNA HISTORIA FUNDAMENTAL

Prólogo de Hernán Migoya

No deja de ser divertido pensar que, entre la ristra de fracasos y frustraciones que ha sido mi vida, al menos puedo presumir de un extravagante mérito: soy casi con seguridad la persona que más sabe en todo el mundo sobre el extraordinario escritor texano Charles Williams.

Echo la vista (casi la vida) atrás y contemplo a ese niño asocial que tanto se aburría en un verano de inicio de los años 80. Tal vez la culpa de todo la tenga ese aburrimiento que provocaba la Cangas de Onís estival.

Sí, aquella ciudad implosiva de beatitud y modales sembraba un tedio casi cómodo en mi alma. Creo que en esa temporada pasaba yo solo unas semanas bajo el ala de mi abuela, una represora señora, ancha y agria, hacia la que nunca sentí nada. Mi abuela me obligaba a acatar una economía de posguerra prolongada por ella cuarenta años después de la guerra que la provocara. Ella regañaba. Ella miraba con disgusto. Ella era profundamente rencorosa e infeliz, aunque nunca lo pensé entonces. Por suerte su paso en mi infancia fue casi incidental y no provocaría ningún trauma aparente en el adulto que devine.

Pero aquel verano me aburría horrores. Paseaba por la placita frente elarrecifedelescorpion_Todo_negroal pisito, no hablaba con los niños de mi edad, a lo peor me cohibían, a lo mejor no necesitaba comunicarme. Con once, doce años, ansiaba que mi padre, cuando venía, me colara en la reposición de Perros de paja o, mejor aún, en la del hombre lobo de La bestia debe morir. Aún no había descubierto siquiera El Club del Misterio que tanto cambió mi vida. O sea, ahora que lo pienso, debió ser el verano de 1981 y yo debía estar por cumplir los 11.

En esa pulcra librería de la plaza había un expositor con muchos libros de bolsillo. La intuición me hacía inclinarme siempre por lo escapista. Merodeaba el expositor porque allí estaban los títulos buenos, los de aventura y crimen y riesgo…, y esos que no sabía aún qué eran y eran sexo.

El nacimiento de una obsesión

El arrecife del escorpión me impactó como ningún otro libro lo había hecho hasta entonces. Tal vez de ahí proceda mi desconfianza hacia los cánones literarios o las mitologías obvias y preponderantes. Años más tarde, pese a la marginalidad de su culto, fui encontrando en el camino de la vida otros devotos de esta obra.

¿Cuál es el secreto de El arrecife del escorpión que también ustedes están a punto de desvelar? Pues tal vez su premisa, más propia de una historia de aventuras que de una novela negra. O que de pronto se vuelva oscura y amenazante, con un suspense como nadie -absolutamente nadie en las letras americanas- ha sido capaz de igualar. O el hecho de que, cuando uno ya se cree aferrado a una pauta tonal, el texto se convierta en una letanía casi byroniana sobre el amor y el desamor.

Mi romanticismo adolescente se vio totalmente vindicado en el inesperado giro final de esta historia, que la transforman de sopetón y como quien no quiere la cosa en una de las pocas, de entre las muchas miles a las que nos expone una vida entera, que una persona carga consigo durante el resto de sus días.

Así ocurrió con ese niño de diez, once años. Me enamoré de la historia de amor (desde entonces me he enamorado más de la posibilidad del amor que de las personas, de ahí mi perpetuo fracaso emocional conmigo mismo y con el resto de la humanidad) y volví a ella en numerosas ocasiones, convirtiéndola en el motor de mi pasión por Williams.

A lo largo de esa misma década, Charles Williams siguió siendo publicado a salto de mata por la charles-williams-el-arrecife-del-escorpion-644101-MLA20269178882_032015-Fmisma Bruguera o por alguna otra editorial. De 1987 data La huida (Man on the run) y, a partir de ahí, su silencio en lengua española. Sólo el cine nos lo trajo de vuelta con dos excelentes títulos: Calma total (Dead Calm de Philip Noyce, 1989), que refleja a la perfección el espíritu del estilo williamsiano, precisamente con sus calmas densas y sus estallidos de tensión insoportable, y la pegajosa Labios ardientes (The Hot Spot, 1990, de Dennis Hopper), basada en otra de sus obras maestras absolutas.

Luego, la nada. El mundo olvidó a Charles Williams.

La pasión de los débiles

Aquí viene la parte épica de la vida real: yo no le olvidé. Y unos cuantos valientes defensores de la novela negra clásica tampoco.

Casi todos sus fans españoles estaban enganchados a Williams por El arrecife del escorpión y casi todos se congregaban anualmente en torno a la Semana Negra de Gijón. Durante los años 90 era habitual recaer en loas a esta obra con afecto de niño encandilado y adulto beodo de sidra. Llegó un momento en que la comunión era tal que me animé a plantearle a Ángel de la Calle, coorganizador de la Semana, una búsqueda biográfica del autor de La llarga nit del disabte (la colección catalana La cua de palla también lo incluyó entre sus selectos editados) con la intención de aclarar el misterio en torno a su figura. Porque la realidad era que se sabía muy poco en torno a Charles Williams.

En 1997 yo debía acudir a la Convención de Cómic de San charleswilliamsDiego (la hoy célebre Comic Con) para desempeñar mi trabajo como editor de cómics. Sabía por los escasos datos conocidos sobre Williams que había muerto en California, según la versión oficial suicidándose mediante el sencillo método de hundir el barquito donde vivía. Yo descubrí que esa versión era falsa, popularizada por Truffaut para promocionar su última película, basada precisamente en The Long Saturday Night, y que en España se tituló Vivamente el domingo.

Mi intención inicial era simplemente averiguar dónde estaba enterrado Williams y presentar mis respetos ante su lápida. Luego viajé a Texas: recalé una semana en la ciudad natal del autor, San Angelo, y averigüé su ascendencia familiar gracias a los archivos almacenados en Austin. San Angelo se me reveló una maravilla de ciudad sureña que pude recorrer a placer, paseando mis 27 años bajo sus álamos y tomando alcohol con los emigrantes mexicanos en las frescas noches texanas, a la orilla del mítico río Conchos. Terminé encontrando un enredado hilo de madeja que me llevó a su antiguo agente, Don Congdon, por aquel entonces un ya casi octogenario señor que me recibió en su despacho de Nueva York, agradablemente sorprendido ante mi interés por un escritor ya olvidado que también fue su amigo.

Él me puso en contacto con Alison Williams, la hija de Charles. Durante meses, ya de vuelta a España, intercambié correspondencia con Alison y ella me proveyó de todos los libros que me faltaban de su padre, que eran más de la mitad. Me envió ediciones originales y, cuando no contaba con un ejemplar de sobras, fotocopias que todavía conservo como si fueran manuscritos; incluso me regaló una edición original de Dead Calm de los años 60 y dos legajos de sendos guiones mecanografiados que Charles Williams nunca llegó a vender a Hollywood.

Entretanto, aprendí mucho sobre Williams, su vida y su obra. También sobre su muerte: Alison me contó cómo descubrió el cadáver de su padre en su apartamento de Van Nuys, punto sin retorno de una etapa en la que él se debatía en las garras de una depresión imbatible.

charleswilliamslatormentaylacalma_Todo_NegroAverigüé tantas cosas, que pude hacer realidad mi sueño de escribir un libro sobre mi mayor ídolo literario. Charles Williams: la tormenta y la calma fue mitad ensayo mitad biografía: un compendio de su vida más un recorrido detallado por sus veintidós novelas, casi todas inéditas en castellano (contando sus ediciones en España y Argentina). El volumen se completó con cien páginas de correspondencia entre Williams y su agente, Congdon, que Alison donó a la biblioteca de San Angelo.

Lo que no hice finalmente fue averiguar dónde estaba enterrado. Creo que un extraño pudor me ha impedido siempre preguntárselo a Alison. Me fui de su país sin presentarle mis respetos.

Supongo que el libro mencionado ha sido mi mejor homenaje: lo editó en 1998 la propia Semana Negra de Gijón como parte de un hermoso tributo para el cual trajeron a la propia Alison. Fue emocionante verla temblando y llorando de emoción al hablar de su padre ante una concurrencia entregada.

El libro fue más tarde reeditado por Glénat España, concretamente en 2001, gracias al respeto por las pasiones ciegas que siente su editor, Joan Navarro, a sabiendas de que se trataba de un suicidio comercial: una biografía sobre un autor que nadie leía ni editaba en castellano desde hacía quince años. Mi estudio nunca llegó a traducirse al inglés, pero son numerosos los especialistas en novela negra y concretamente en Williams que lo conocen o lo mencionan o muestran su interés en acceder a él.

Contra el olvido

Desde la aparición de su última novela publicada en España han pasado veintinueve años. Casi tres décadas. Las tres décadas fundamentales de mi propia vida.

La ilógica de esta realidad es un cilicio en mi torso. Nunca he entendido cómo gente que se dice conocedora del género negro clásico ignora la obra de Charles Williams o pasa por ella de puntillas. Para mí, indudablemente, es el mejor escritor de suspense que existe, y de esa segunda hornada de buenos escritores estadounidenses de los años 50, en mi opinión sólo le hacen sombra Jim Thompson y John D. MacDonald (quien, por cierto y extrañamente, siendo la influencia principal de autores reconocidos como Stephen King, jamás ha obtenido tampoco excesiva popularidad en España).

Ahora, otros locos devotos como yo, empezando por Manuel Arana y su Editorial Medianoche, quieren devolver el oscuro culto a Charles Williams al luminoso altar de la popularidad que se merece. Y Arana lo hace empezando por su obra más mítica. Precisamente El arrecife del escorpión en la traducción sagrada de Beatriz Podestá. Tal vez así brote un revival de Charles Williams que traiga a nuestras manos obras magistrales que jamás conocieron una edición en castellano, como las incomparables River Girl o The Concrete Flamingo.

Ojalá esta edición llegue sobre todo a nuevas manos que no conocían la obra de Williams. Ojalá no solamente aterrice en las callosas de los que ya lo adoramos, sino en las palmas inocentes de otros niños y niñas, adolescentes y personas adultas, que nunca habían oído hablar de este autor. Y que, como yo a los diez años, entrarán en sus páginas sin saber muy bien qué encontrarse, para acabar encontrándose a sí mismas.

Para comprender que todos somos Bill Manning gritándole a Shannon que vuelva, que no se hunda en el olvido, que nos diga que el amor hallado y perdido no fue una invención.

Hernán Migoya

Lima, 12 de Diciembre de 2015

Charles_Williams_Todo_Negro
Una de las pocas imágenes que se conservan de Charles Williams

 

 

 

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Publicado por

Josevi Blender

Absorbido por la novela y el cine, eso sí, negros.

3 comentarios sobre “Prólogo completo de El arrecife del escorpión de Charles Williams.”

  1. Estupenda entrada, Josevi. El hecho de acercar a uno de más grandes del genero negro con la tracendencia que merece… Un tipo criado en la marina, buscavidas rebelde, hecho a sí mismo. Pertenece a esa estirpe de novelistas más negros, cercanos al terror, que despedían aromas agríos a Bourbon y estilográfica sucia. Menuda prosa. Caso de Thompson y V. Higgins (el trío divino) junto a otros en un segundo escalón, pero esenciales, como Ross MacDonald, Himes o Carter BrownV. Higgins de la novela negra dorada de los 60. Nunca se han acordado de él, amigo. Ahora, que la novela negra, ya no es un asunto de viejecitos en franela o enfermos crónicos y queda muy molón dedicarse a escribir novela negra. Los popes de RBA, editan en español cañí, algunos de sus títulos. Yo tengo, por ahí, algún ejemplar en inglés y otras novelas editadas en Argentina, con una traducción, que ya quisieran algunos por el ruedo ibérico. Por cierto, además de King, hay un tipo muy apañado, que han llevado a la ficción televisiva su obra. Bebe de las esencias de Williams; Joe R. Lansdale. ¿Recuerdas a Miss Kidman en plan Lolita en el yate a la deriva en aquella “Calma Total” dirigida por un bisoño Noyce? Ah! qué tiempos, viejo amigo… Un abrazo,
    Jon

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  2. Casualidades curiosas. Anoche empecé a leer “El arrecife del escorpión”. Leí este prólogo que me pareció muy emotivo. Estoy deseando volver a coger la novela. Creo que, irremediablemente, ya me enganchó.
    Un abrazo.

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