«Esta vieja se está pasando. No tiene bastante con joderme la vida que encima disfruta restregándome todos los males que podría ocasionarme. Ya está bien.»
Trama triangulero de amor, donde un matrimonio londinense, con una moralidad intachable que defender, zozobra tras la aparición de una joven jovial y cariñosa que embelesa al marido.
«Pero no, ella no tiene la culpa, su angelical rostro y sus fulgurantes ojos podrían ser las de otra, yo hubiera hecho lo mismo. Es lo que representa. Demasiados años de corsé y de mirar para otro lado»
Desprendiendo inglesidad por todos los poros de la mano de Siodmak, es una historia de crimen y también de moral. Un Charles Laughton inmenso, como en todos sus papeles, ve la luz. La luz dentro de una vida eduardina de imposturas y convencionalismo que no acarrea sino problemas y disyuntivas. E infelicidad.

«Merece la pena. Incluso el asesinato para poder ser felices, para poder saborear las cosas buenas que nos ofrece la vida. No quiero hacer daño a nadie, ni siquiera he pensando en hacer el mal. Sólo quiero vivir, con mayúsculas. Y que me dejen en paz.»
¿Sería lícito librarse de cualquier manera de aquello que nos oprime, cuando a lo único que aspiramos es al disfrute de lo que nos gusta, cuándo lo único que se interpone es el egoísmo y la maldad de los demás? Sí, sí y mil veces sí. Y hasta las últimas consecuencias.
Tanto es así, que el bueno de Philiph (Laughton) nos sorprende con una moralidad desquiciante. Se deshace de lo que se interpone a su felicidad, sin remordimientos, pero no está dispuesto a que inocentes salgan perjudicados, eso no, no es malvado, ni pérfido, ni injusto.
Y con este planteamiento, el final es sorprendente, no lo atisbarías ni en mil años. Nada de policías inquebrantables, ni de dilemas morales, porque si algo está claro desde el principio de la película es la moral, la personal no la social. Y ésta es inalterable. Un final que rompe todos los moldes.
Una película de poca grandiosidad visual, pero de un gran impacto emocional y afectivo, conseguida con una sabia elección de unos actores que sin duda permiten conseguir este propósito, en la línea de otra de sus grandes A través del espejo, donde lo importante es la discusión de la legitimidad de nuestras acciones analizadas desde nuestra propia moral. ¿Tú harías lo mismo? ¿Disculpas sus actos?
Una obra maestra que pese a no ser tan conocida como otras películas del género, supera en calidad a las mejores del maestro Hitchcock.