Le deuxième souffle. Jean-Pierre Melville. 1966.

También conocida como “Hasta el último aliento”, el director avisa al principio de la película de su posicionamiento moral como si de un juramento hipocrático de creadores se tratase, recordando los tiempos del código Hays donde determinadas licencias creativas no estaban permitidas o debían ser suficientemente aclaradas para evitar malentendidos. Como si el arte cinematográfico fuera algo más que eso, arte.

Éste es el aviso:

Le deuxième souffle de Jean-Pierre Melville. Cine negro donde los franceses ya dejaban claro que los métodos de investigación policial que veíamos en el film no tenían nada que ver con los que utilizaba la policía francesa.

Gustave Minda (Lino Ventura) acaba de escapar de prisión. Se dirige a París para reunirse con sus compinches cuando se desata una guerra entre bandas de atracadores en la que se ve envuelto. Debe salir del país porque además le persigue el inspector Blot (Paul Meurisse), pero antes necesita dar un último golpe para conseguir dinero. Contará con la inestimable ayuda de Manouche (Christine Fabréga).

Dirigida por Jean-Pierre Melville, está realizada siguiendo los más estrictos cánones del polar francés, serio e incluso frío, sin ostentaciones, de gran carga emotiva , sin héroes ni finales felices en una época, los sesenta, donde se producía la revolución cinematográfica de la Nouvelle Vague, que por otra parte no dejó de hacer sus incursiones en el noir como con La novia vestía de negro (La mariee était en noir, 1967) y Accidente sin huella (Que la bête meure, 1969) de Truffaut y Chabrol respectivamente, pero con planteamientos diferentes.

Basada en la novela homónima de José Giovanni, quien además de contribuir con ésta y otras novelas al género negro francés (Le Trou, Classe tous risques, L’Excommunié) también fue un destacado guionista y director de cine con películas fundamentales como El clan de los marselleses o Dos hombres en la ciudad.

Por último recordar que se realizó un remake también francés del año 2007, dirigido por Alain Corneau e interpretado por Daniel Auteuil y Monica Bellucci.

LA PELÍCULA COMPLETA LA PODÉIS DISFRUTAR LIBREMENTE EN YOUTUBE. Después os he puesto un enlace para descargar el archivo con los subtítulos en castellano. Comprobados. A disfrutarla.

Aquí tenéis los SUBTÍTULOS

Brigada criminal. Ignacio F. Iquino. 1950.

Muchas cosas se han hablado ya de Brigada Criminal. Que si es una pionera del género criminal en España junto a Apartado de correos 1001. Que si fue nacimiento del cine negro barcelonés. Que si fue la catapulta de la productora IFI (Ignacio Ferrés Iquino que también es el director de esta cinta) para convertirse en el referente de la producción criminal y cinematográfica en general en este país durante la década de los cincuenta.

Es verdad, no se puede negar. IFI se convirtió en modelo de lo que se haría durante la década dentro del género. Cambió las maneras de hacer de años anteriores. Modernizó estéticamente, a la manera del norteamericano, pero al mismo tiempo encubría lo que el cine negro norteamericano proponía a los espectadores y que el español no podía permitirse. La salvaguarda de la conciencia nacional de postguerra. Nada de corrupción policial, nada de medias tintas, nada de crítica social.

Con brigada criminal se iniciaron nuevas maneras de utilizar la cámara, más documentalista, más exterior, más realista, utilizando como hacían otros esas luces y sombras que tanto apreciamos en Raoul Walsh o el mismo Orson Welles. Además se basa en sucesos de la actualidad periodística, pero solamente era una pura (o puta) manifestación estética. Un intento de asimilar los cánones únicamente formales del exterior y quien se atrevió a ver símiles con el neorrealismo italiano y con la veracidad. Cosas de estómagos agradecidos. El hábito no hace al monje. Para mí lo realmente importante de ese negro, noir o criminal, como queramos llamarlo, era la crítica de ese ámbito social en el que vivimos, que se nos muestre en su real dimensión.

Fernando, José Suárez, sale de la Escuela Superior de Policía de Madrid como agente de policía. Mientras se encuentra en un banco unos atracadores entran y perpetran un robo. Solicita encargarse del caso, pero sus superiores deciden que es demasiado pronto y le encargan el robo cometido en un garaje donde debe infiltrarse para capturar a la banda. Con un argumento convencional e ingenuo, la importancia del fin radica principalmente en su ideología, declarada en el primer fotograma:

Estas alabanzas eran habituales en el cine criminal de IFI. Y según Román Gubern, es “la primera apología abierta del cine español en honor de este cuerpo policial”.

En seis películas del género de IFI (produjo veintitrés en la década) los policías son protagonistas. Intentó conseguir, con presupuestos bajos, algo de acción y espectacularidad, para mostrarnos las interioridades de un trabajo policial arquetípico e ideal que fue progresando con los años y profundizando en aspectos más humanos y psicológicos.

Pero parece ser que no fue todo objeto de una planificación concienzuda, muchos factores que hicieron posible la película fueron fruto del azar. Iquino declaró que la película “nació con la idea de darle trabajo a José Suárez que tenía contratado por algún tiempo. Quería convertirle en galán”. Además, en vez de rodarse en Barcelona se hizo en Madrid y sus alabanzas hacia el estamento policial parecen ser que perseguían sobre todo conseguir buenas calificaciones de la censura lo cual, dado el sistema imperante, le permitiría acceder a más y mejores financiaciones y subvenciones. Era lo que había.

Lo peor de la película es su dependencia del mensaje que no permite extraer todo el potencial que tiene el argumento. Sin intentar disculpar ni tampoco criticar fue un extraño producto con una vanguardia estética dentro del cine español acompañada al mismo tiempo de un conservadurismo ideológico propio del periodo histórico en el que se produjo.

Los golfos. Carlos Saura. 1961.

cartel de la película

Que llegue un director como Carlos Saura a un blog de género negro no es muy común. Su gran trayectoria no está basada en él, lo que no significa que no hiciera sus incursiones. Los golfos es una prueba de ello, además fue su primer largometraje.

Teniendo en cuenta la época y las circunstancias en que se rodó la película, la dictadura del tio Paco, tiene una intrahistoria particular.  Dos veces fue devuelto el guion por la censura con más tachaduras que páginas tenía, por lo que Saura y Pere Portabella, productor, optaron por rodar las escenas eliminadas y presentar la película a Cannes, donde fue seleccionada y optó al premio a Mejor película, por lo que si bien se estrenó posteriormente en España siguiendo las directrices de la censura, el público extranjero y, una vez acabada la dictadura, el español pudieron disfrutar de ellas. Un acierto.

1960

En cuanto a la temática, la delincuencia juvenil, no se le había prestado mucha atención por parte de productoras y directores salvo alguna excepción, como Día tras día de Antonio del Amo (1951) que la aprovecharon para dar a la población una lección de moralidad y donde el arrepentimiento y la culpa eran los verdaderos temas bajo el prisma de la Iglesia.

Sin embargo, Carlos Saura con Los golfos, dio un paso adelante convirtiendo la cinta en un ejercicio de realismo crítico y social y olvidándose del realismo costumbrista practicado hasta el momento. Desde el primer minuto avisa “Esta película se ha realizado completamente en escenarios naturales” y éstos eran los barrios periféricos que absorbían los migrantes rurales y que se convertirían posteriormente en los barrios de El Vaquilla o el Torete.

Escenarios naturales de la película.

Para ello huye de compasiones y condescendencias, manteniendo la distancia de unos personajes interpretados por actores debutantes, a excepción de Manolo Zarzo, que aumentaba el realismo. Pero les daba lo que se les había negado hasta el momento, la dignidad humana, los medios para conseguir los fines podían ser canallas pero éstos eran generosos y bienintencionados, ayudar a un amigo a salir de la miseria. Quizá la única oportunidad. Hay cierta comprensión hacia sus actitudes.

Julián, Ramón, Juan, el Chato, Paco y Manolo son unos amigos del barrio que se dedican a pequeños hurtos en el mercado de Legazpi con el que ganarse algún dinerillo. Se presenta la oportunidad de que uno de ellos pueda llegar a ser torero con lo que todos urdirán un plan para recoger el dinero necesario para que pueda debutar, un plan poco honesto.

Así que nada de otra película franquista para entretener al personal y al mismo tiempo perpetuar ideologías. Con toros, un espectáculo al que se recurre habitualmente y una de los pocas oportunidades de abandonar la miseria en esa época. Pero en este caso sin cuento de hadas de final feliz.

Puedes verla aquí.

Detectives bajo el franquismo en el cine español.

El franquismo contra la figura del detective.

Marlowe interpretado por Bogart

El detective ha sido un pilar básico en el cine negro. En Estados Unidos la profusión de su figura llevó a crear verdaderos mitos como Spade o Marlowe. Sin embargo, en una España recién salida de la guerra civil, y con una censura franquista encargada de velar por la senda ideológica elegida para el pueblo español, el detective no era un personaje ni útil ni bien visto.

Esta incompatibilidad de la dictadura con el personaje se produce por varios motivos ideológicos.

En primer lugar, su misma existencia ponía de manifiesto cierta incompetencia de la policía, era inadmisible que la población tuviera que recurrir a un detective porque aquélla fuera incapaz de resolver un asunto en cuestión. Ni mentamos la posibilidad de corrupción.

Fotograma inicial de la película Brigada Criminal de Ignacio F. Iquino. 1950

Para justificar sus actuaciones el detective necesitaba indagar en el entramado social en el que se movía realizando, a veces sin pretenderlo, una crítica social de su entorno únicamente con mostrarlo, máxime si lo hacía a través de los ojos de ciudadanos o incluso de los delincuentes, aspecto tampoco muy agradable a ojos de la censura, que debía impulsar el “todo está bien” y el “aquí no pasa nada”.

Tampoco se podía consentir fomentar un tipo social que se basaba en la ambigüedad, en cierta marginalidad. Típicos son los casos en los que el investigador desconfiaba de su cliente, que a su vez recurría a sus servicios porque tenía algo que ocultar, contando verdades a medias, y persiguiendo fines poco elogiables cuanto no directamente delictivos siempre al margen de las autoridades.

A menudo los rompecabezas a los que se enfrentaba el detective acababan convirtiéndose en problemas morales, lo que provocaba que se situara del lado de los marginados y más débiles en contraposición a los poderosos y adoptando posturas éticas muy particulares desacreditando a la autoridad y la justicia.

 Todo ello hizo que el personaje del detective/investigador, hasta en su vertiente más trivial fuera en nuestro cine residual y eludida.

Pero aún así se consiguió llevar adelante alguna película basada en su figura, despojándolas primero de las cualidades que hacían interesante al tipo de la gabardina y whisky en la mano. El resultado fue tan opuesto al arquetipo que clasificarlas como de cine negro o policial sería un tanto ofensivo para el resto del género. Yo creo que se sería mejor incluirlas en las listas de comedias.

Os quería hablar de tres películas en particular. La lupa de 1955, Detective con faldas, de 1962, y Crimen imperfecto, ya en 1970 al final de la dictadura. La primera dirigida por Luis Lucía, la segunda por Ricardo Núñez, y la tercera dirigida y protagonizada por Fernando Fernán Gómez.

La lupa, cuenta las peripecias de dos desgraciados que abren una agencia de investigación pensando en forrarse. Es una sucesión de casos independientes con finalidad moralista y humor blanco. En esencia trata de preservar la moral: el marido infiel en realidad no lo es, el cazadotes en realidad está enamorado y el malvado empresario tiene, en contra de las apariencias, un buen corazón.

Crimen imperfecto, cuenta la historia de Salomón (Fernando Fernán Gómez) y Torcuato (José Luis López Vázquez) que heredan del tío de uno de ellos una agencia de detectives encargada de asuntos prematrimoniales. Un asesinato, o lo que parece serlo, y su intento de esclarecimiento es el argumento de una película inmersa en la España desarrollista de los sesenta utilizando el sitecom como modus operandi y la minifalda como obsesión del españolito. Nada de cine negro, comedia de situación donde los protagonistas se ven abocados a resolver acontecimientos que les vienen grandes. Habrá quien quiera ver algo en ella pero no deja de ser el tipo de película que le ha dado mala fama a nuestro cine y que tanto cuesta de eliminar.

Por último, Detective con faldas se basa en la figura del escritor metido a detective. Es un espécimen un tanto raro, rodada en París y protagonizada por una gran Mary Santpere muy comedida en el papel de escritora de novela negra al estilo de una Miss Marple pero extrovertida y atrevida que se encargará de resolver un asesinato en que se encuentran implicados tanto su hija como su yerno. Adjudicar este papel a una mujer es uno de los aspectos destacados de la película. Quizás por ello la cinta hubo de rodarse en París, detective y mujer era demasiado para situarla en cualquier lugar de España.

Es la única película de las tres basada en una novela “Napoleón llega en el Clipper” de Luisa María Linares, escritora asociada principalmente a la novela romántica.

Y que además se puede ver libremente en youtube.

Una figura tan icónica, la del detective, que nos fue privada en el cine español por la censura de la dictadura franquista, como de tantas otras cosas.

El asesino de Düsseldorf. Robert Hossein. 1965.

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas. Pero como ocurre muchas más veces hallada la excepción. El asesino de Düsseldorf está basada en la historia real de Peter Kürten, que se ganó la fama de “vampiro” al afirmar durante su juicio que había bebido la sangre de unas de sus víctimas. Leyendas.

Iba a contaros el argumento y las delicias de esta película, pero consultando la historia real de este serial killer me ha fascinado tanto su crueldad que me desvié sin querer hacia su historia real primero y después hacia como la contaron dos películas, que basadas en sus atrocidades, han pasado a la historia del cine. La realidad supera la ficción. Su figura eclipsa a las historias que se contaron sobre él.

Peter Kürten

Se trata de un asesino en serie de niñas, Peter Kürten, que actuó en 1930 y que llegó a enviar a un periódico local el mapa de la tumba de una de sus víctimas. Estos asesinatos hicieron que la ciudad de Düsseldorf viviera en un continuo estado de histeria. Nadie se atrevía a caminar solo por las calles de la ciudad.

Pero volviendo al cine, las dos películas que relataron sus fechorías fueron: M, el vampiro de Düsseldorf, la primera que hablaba de él, dirigida por Fritz Lang en 1931, la más fiel en cuanto al tipo de crímenes que cometió sobre niñas. Pero de igual manera es la que más se aleja de su verdadero final. Haremos un poco de spoiler.

Mientras que en la película M, el vampiro de Düsseldorf, éste es sometido a un juicio popular, popular en el sentido de un juicio sumario sin juez y con la mano diabólica de los ciudadanos como ejecutores y casi coetánea con el caso real, en El asesino de Düsseldorf, la película que nos ocupa, se ajusta más a su final, su detención, juicio y condena al aguillotinamiento producido en 1931, pero solamente lo sabemos al final de la cinta. Hossein presenta a Kürten como asesino de mujeres en la vida nocturna de esta ciudad alemana, sin niñas, al mismo tiempo que la singulariza en un momento histórico particular, el de la desestructuración de Alemania tras la primera guerra mundial y el auge del poder nazi de los años treinta. En ambas lo realmente importante es retratar su personalidad de este macabro asesino.

La historia real es imprescindible a la hora de visionar ambas cintas, que comparten muchas cosas en común, el ambiente siniestro, nocturno de premeditación y alevosía. Y sobre todo el comportamiento de sus protagonistas. Peter Lorre en M y Robert Hossein en El asesino de Düssedorf. Ambos personajes están dotados de un barniz perverso y maligno a través de sus miradas (la de Lorre es inmejorable) pero que Robert Hossein, que también es el director de El asesino, mejora muy notablemente sin contar con los ojos expresivos de Lorre.

Configurando un personaje a través de caídas de ojos y posturas corporales, sus diálogos son escasos y escuetos, transmite una desconfianza que pocos más habrán conseguido. Adoptando posiciones del cine mudo heredadas sin duda de Keaton y Chaplin consigue comunicar el desequilibrio que se encuentra en lo más profundo de su alma. En esta escena se muestra exactamente lo que quiero decir:

Excesivamente inquietante y perturbadora cada vez que él aparece en pantalla nos sobrecoge una sensación de desamparo y maldad a través de una impasibilidad que pocas veces se consigue en la gran pantalla.

Os recomiendo las dos películas, pero sin duda no os perdáis El asesino de Düsseldorf, dirigida e interpretada por Robert Hossein. La segunda parte, veinticinco años después es mejor que la primera.


En nombre de la ley. In nome della legge. Pietro Germi. 1949.

Siempre se ha hablado de El Padrino como el paradigma de la mafia, Pero en cuanto a pioneros en el tema, al igual que ocurre en la novela, está muy alejada de serlo.

En novela yo recuerdo la aridez de las novelas de Sciascia y la vida austera de sus pueblos , y en el cine nos encontramos como películas como ésta, de Pietro Germi rodada en 1949 en pleno neorrealismo italiano y con la temática de la primigenia mafia como eje central.

Aquí no se nos pone en bandeja la crueldad de los Corleone y su infiltración en la corrupta sociedad de los setenta. Viajamos a los cuarenta donde la ruralización de la sociedad italiana y sus necesidades de unión propiciaron una mafia pobre, agreste y hermética que intentaba imponer justicia en su entorno, donde era lenta y extraña.

Según las sinopsis que circula por internet, En nombre de la ley trata de “Un joven juez es enviado al pequeño pueblo siciliano de Capodarso que vive en un estado permanente de inseguridad. Sin embargo, pronto tropezará con la corrupción y la falta de colaboración por parte de los vecinos”.

El joven juez, Guido Schivavi, que recala en el pueblo, un sitio al que nadie quiere ir y que ya es advertido por el anterior juez, que mientras coge el primer tren con destino a otra parte, le apremia por su propio bien a que se vaya de Capodarso en cuanto pueda. Pero lo importante no es la lucha sino esa sociedad tan cerrada, donde la gente está acostumbrada a formas de vivir y organizarse arcaicas donde de pocas formas puede uno asegurar una subsistencia difícil y donde buscar un cambio puede tener nefastas consecuencias.

Passalacqua impone la manera de funcionar de este mísero pueblo, es él quien asume el mando sin que nadie se lo haya dado y a pesar de presentárnoslo absolutista y autoritario, intenta ser lo más justo posible desvelando una cierta justificación. Su poder se encuentra por encima incluso del del terrateniente, que únicao deseo es conservar sus rentas. El asesinato de un vecino y el intento tanto por parte del juez y de Passalacqua de solucionarse según sus propias reglas es lo que fundamenta el desarrollo de la película.

Al final, reinará la paz, pero antes ambos deberán ajustar cuentas y demostrar que realmente están por desvelar la verdad. La verdad y la justicia que todos buscas. Cada uno a su manera.

Está basada en la novela Piccola pretura, primera de Giuseppe Guido Lo Schiavo, magistrado que se inspiró para escribirla en sus propias experiencias en el pueblo de Barrafranca, en el interior de Sicilia. Un planteamiento de la mafia muy distinto a la imagen que expusieron otras muchas películas posteriores.

PIETRO GERMI

Dirigida por Pietro Germi, actor y director con otros títulos italianos de género realista y negro como Un maledetto imbroglio de 1959 que dirigió y protagonizó. Además cuenta como guionistas a otros grandes directores como Mario Monicelli y el gran Fellini además del mismo Germi.

Las diabólicas. H. G. Clouzot. 1955.

Hay que ver de lo que son capaces un par de mujeres. Aunque una de ella se derrumbe la otra la levanta. Siempre se superan los inconvenientes. Me extrañaba que esto fuera todo.

Es difícil hablar de esta película sin desvelar la trama. No se puede sin mencionar un hecho crucial que vuelca completamente la historia. Pero ocurre al final, con lo cual tampoco tengo claro de que va, así que aprovecho para disfrutar de dos grandes temas. Comienza siendo una venganza, de Christina y Nicole por la ruindad de Michel, marido de la primera y amante de la segunda. Sin secretos entre ellos.

Todo sucede en el colegio que el matrimonio dirige y donde Nicole ejerce como profesora. Un internado de niños bien, aunque se note bien poco. El ambiente un tanto asfixiante acompaña genialmente el complot de ellas. Y con pocos dramatismos, estilo francés, excepto el de Christina, una venezolana católica que tiene el miedo por bandera y que además padece del corazón. Corazón del que carece su marido Michel.

Exteriores por el oeste francés, ambientes húmedos y nublados, interiores en habitaciones pequeñas, a veces asfixiantes donde todo sucede y todo cambia.

Cambia a la venganza por la traición, el otro tema central, aunque la disfrutemos únicamente los últimos minutos. Utilícese libremente al prójimo después de haberse adueñado de su confianza. Justificado como amor, como tantas otras veces.

Y aquí entra el detective Fichet, un sabueso olfateador, le vendría que ni pintado el adjetivo de huelebraguetas, precursor quizás de la imagen desaliñada de Colombo, y que con un par de averiguaciones y de manera caricaturesca soluciona la confabulación en la ultima escena. Un gran secundario, quizás un poco parodia del personaje.

Con las actrices Simone Signoret, Vera Clouzot, y Paul Meurisse, Clouzot, en la buena tradición francesa, se centra en la psicología de los personajes y nos cuenta una historia en la que participamos como creyentes.

Las diabólicas, donde la confianza se transforma en traición. Un #noir francés clásico de H. G. Clouzot. Con Simone Signoret, Véra Clouzot y Paul Meurisse.

Basada en una novela de Boileau-Narcejac, los mismos que escribieron “Entre los muertos”, que rodó Hitchcock como Vértigo es nuevamente un fotograma de la historia del cine.

Barrio. Ladislao Vajda. 1947.

Una interesante mezcla de cine policial más social. Ladislao Vajda no era un director que se prodigara mucho en el género negro, si exceptuamos la genial El cebo que rodaría once años después que Barrio.

Siempre se ha resaltado la gran influencia del expresionismo alemán y de Fritz Lang en su cine, esta película es un claro ejemplo con planos muy buscados, expresivos y una utilización de la luz que consigue que sean las sombras las que hablen y generen la atmósfera y estética que hicieron célebre el género.

En un mísero barrio se produce el asesinato de un vecino cobrador de facturas, desde el primer momento se sospecha del chulito del barrio (el Señorito) y de su novia, la cabaretera portuguesa (Ninon) sometida a sus influjos y de la que está enamorado don César uno de los más respetados y bien situados vecinos del barrio. Para descubrir al culpable se cuenta con el comisario Castro, listo como una zorra y al mismo tiempo con un corazón de oro. Exigencias del guión.

Jugando con la censura. Barrio, #cinenegro español de Ladislao Vajda . 1947.

En cuanto a la trama, no olvidemos que nos encontramos en poca franquista, donde no se podía tolerar que determinadas actitudes e ideas se difundieran libremente. La policía debía de mostrarse como inteligente, implacable y honrada, y el delincuente debía recibir su castigo. Quizá para exorcizar la censura, Vajda incluyó alguna escena que, personalmente, creo que podría haberse ahorrado, pero que al mismo tiempo pone de manifiesto una mentalidad bastante común o se intentaba que fuera común en la postguerra civil, culpabilizar al pobre por el mero hecho de serlo:

Sin embargo, Vajda, al igual que harían otros directores de la época daban a la censura con una mano lo que le quitaban con la otra. Así aprovechó para mostrar la pobreza o más bien miseria en que se encontraba la población tras la guerra civil. Para ello utiliza el barrio, al que describe con toda su crudeza. Me puedo imaginar la trama perfectamente entre decorados de ambiente lujoso hollywoodiense, pero es aquí donde la historia es más efectiva.

Entre el elenco podemos encontrar a Manolo Morán, que interpreta al comisario Castro al que el papel, dada su campechanía y locuacidad, le viene que ni pintado. Le acompañan además de Milú, Guillermo Marín y Fernando Nogueras, como Don César y el Señorito respectivamente.

También encontramos en el reparto a actrices que pasarían a la historia del cine y el teatro como las hermanas Caba Alba (Irene y Julia) e Irene Gutiérrez Caba, hija y sobrina de las anteriores, pertenecientes a una saga de actores que llega hasta nuestros días.

Otro pequeño fotograma de la historia del cine.

A quemarropa. John Boorman. 1967.

La recomendación de esta película no viene porque sí, únicamente por mi deseo de que disfrutéis de un buen film, que lo es. Tiene su rinconcito en la historia del cine por motivos varios, resultando una pieza necesaria para explicar un momento puntual a la hora de considerar nuevas maneras de rodar historias que amplíen horizontes perspectivos.

Película basada en la novela The Hunter de Richard Stark , seudónimo de mi querido Donald E. Westlake, tuvo la suerte de, a pesar de cambiar el nombre de su protagonista Parker, en la novela, por el de Walker, en la película, fue llevada a la pantalla por John Boorman con el título de A quemarropa.

Estas organizaciones criminales no son como las de antaño, un cacique que subordina a la fuerza a sus compinches, sino que ahora son poderosas corporaciones parapetadas tras la legalidad de un empresariado que cuando menos es sospechoso de actividades no muy lícitas, por no decir nada, y que controlan algo más que las tradicionales fuentes de ingresos: drogas y prostitución, para llegar a los ansiados sectores productivos de la sociedad bajo la que deambulamos, tomando el rol de hombres de negocios insertados en estructuras jerarquizadas con políticas de aplicación y control social. Curioso planteamiento nuevamente. El individuo como tal ya no cuenta.

Con los mismos protagonistas que utilizara Donald Siegel en Código del Hampa, rodada en 1964, los grandes Lee Marvin y Angie Dickinson, nos interpretan la traición que sufre Walker por parte de su mujer y su mejor amigo cuando perpetran un atraco. La venganza es el motivo en el que se centra la historia, buscando la reparación y el desagravio, aunque deba enfrentarse a un poderosa organización criminal, jalonando el camino de cadáveres si es preciso, pero nunca ejecutados por él. Nuevamente curioso planteamiento. Las relaciones humanas han sido sustituidas por el poder del dinero.

Cinematográficamente, joder que palabra más larga, nos encontramos con la novedad que aporta esta película, la ruptura del tiempo y del espacio narrativo, utilizando para ello la presencia obsesiva de la cámara con zooms, tomas con teleobjetivos, fondos o primeros planos desenfocados. Se produce una factura formal aplicando un sistema teórico de los llamados «nuevos cines» que intentan renovar el cine americano. Se nos presenta una narración que se encuentra a caballo entre el sueño y la realidad. A quemarropa venía a proponer una nueva manera de abordar los contenidos del género

Boorman utiliza para ello una escritura cinematográfica mucho más libre y antiacadémica, un tratamiento sofisticado, muy Nouvelle Vague, cabeza de lista del cine de la época.

Una película en la que los patrones tradicionales del género tomaron nuevos rumbos.

TÍTULO ORIGINAL: Point Black
AÑO: 1967
DURACIÓN: 92 min.
PAÍS: EE.UU
DIRECTOR: John Boorman
GUIÓN: Alexander Jacobs, David Newhouse (Basado en una novela de Richard Stark, seudónimo de Donald E. Westlake)
MÚSICA: Johnny Mandel
FOTOGRAFÍA: Philip Lathrop
REPARTO: Lee Marvin, Angie Dickinson, Keenan Wynn, John Vernon, Carroll O’Connor, Lloyd Bochner, Michael Strong, Sharon Acker, James B. Sikking.

SINOPSIS: Un hombre es traicionado por su mejor amigo y su esposa cuando recibían en la abandonada prisión de Alcatraz la entrega de una gran cantidad de dinero. Dejándolo herido y dándolo por muerto lo abandonan desangrado en una celda de la famosa penitenciaria. Años después, buscará venganza y su parte del botín; para ello intentará localizar a la pareja en la ciudad de Los Ángeles.

Contraté a un asesino a sueldo. Aki Kaurismäki. 1990.

No es que sea solo una cinta noir. La trama le delata. Lo importante, el individuo excedido de vida, de circunstancias. Más allá de ello.

Un director finés, con un actor principal, y casi único, francés. Un Kaurismäki al que se le relaciona con otro cine de historias subabsurdas como las del desclasado Jim Jarmusch o los reputados Jean-Pierre Melville o Robert Brensson. Pero con historias tan internacionales como son la soledad y la tristeza del ciudadano medio mundial.

Tristeza muy apoyada en imágenes y escenarios hieráticos, con muchos silencios y pocos diálogos, pero que no paraliza la historia, la deja transcurrir, aunque a veces de manera muy dura. Un humor hiriente, de golpe bajo, negro según afinidades, pero humor al fin y al cabo a través de parodias en un medio poco propicio para ello pero con un gran resultado.

Los escenarios tan de todo a cien como es posible, como es real. Vistas a paredes de ladrillo, a chimeneas humeantes y viviendas desprovistas de humanidad, latas de comida como principal medio de subsistencia. A la realidad sin aditivos. Una estética cutrista y miserable.

Henri Boulangerie (panadería en castellano) es un triste funcionario que pierde su trabajo, su vida es su trabajo, tras su despido por la privatización de los servicios públicos en la Inglaterra posthatcherista de los noventa. Se le acabaron los motivos de vivir. Pero es un cobarde, como el mismo reconoce, y decide contratar los servicios de un asesino a sueldo para acabar con él mismo. Bien.

A partir de aquí cualquier intuición sobre el desarrollo de los acontecimientos, románticos o rencorosos, dramáticos o vengativos, se quiebra teniendo a Kaurismäki y su desarrollo de lo banal como parte estructural de la película y por ende de nuestras vidas tan vacías como absurdas. Tan innecesarias.

Pero siempre sin abandonar del todo un optimismo, que puede presentarse bajo cualquier forma.

A veces la vida es gris, pero otras veces nosotros la convertimos en negra pero siempre, aunque inconscientemente, dejamos hueco por si tuviéramos suerte de que nos llegara un rayo de luz. De esa luz.

Aki Kaurismäki es un director de cine finés, famoso por sus películas ambientadas entre las clases sociales más favorecidas, en especial las del norte de Europa, a menudo con situaciones y personajes extravagantes, alejados lo más posible de cualquier tipo de romanticismo. Premiado en Cannes es un ajeno a cualquier tipo de acto ceremonial que rodea al mundo del cine.

Los #Goya2019 iberoamericanos son eminentemente negros.

Los Goya dan para mucho. La discusión está servida. Que si éste o ésta se lo merecía más, que si me gusta más esta fotografía, que si esta actriz lo clava, que si aquella música… No sé realmente quién juzga qué. E intentar aclararse lo antojo difícil. Pero yo a lo mío.

No hay más que echar un vistazo a los nominados a mejor película iberoamericana en los Goya 2019 para darse cuenta de que esto del noir va tomando posiciones cada vez más destacadas. Exceptuando la Roma de Cuarón todas las demás exudan género negro por sus fotogramas. Cada cual arrima el ascua a su sardina. Habrá a quien tampoco le parezca adecuado.

El Ángel, film argentino de Luis Ortega, después de dramas carcelarios y criminales nos presenta uno de los caminos del noir, el dedicado a pegar un vistazo por los límites de la personalidad, indagando en la naturaleza de la maldad, la delincuencia, elegida u obligada, y sus irremediables consecuencias que tarde o temprano alcanzan hasta el más pintado, hasta quien no se lo merece. Eminentemente psicológica. Un tema clásico del género.

Por otra parte, La noche de 12 años o Los perros, por Uruguay y Chile respectivamente toman las dictaduras del cono sur y de las atrocidades sobradamente conocidas como lugar común para desarrollar, no obstante, dos películas totalmente diferente. Los derechos humanos presentes pero contados de manera divergente, o confluyente según se mire. Cuantas novelas negras giran o se desarrollan en este tiempo y lugar concretos. Y algunas con merecido reconocimiento. Apunten.

Los perros, de Marcela Said, que ya ha buceado a través de documentales en la trama golpista como con I love Pinochet, se centra en la idea de que los culpables y colaboradores no están a salvo de la justicia a pesar de los años transcurridos, no como ha pasado en otros lugares, ejem. Nos adentra en el ambiente social de la clase pudiente chilena, donde quien más o quien menos colaboró con el régimen militar y continúa vivo. Se distancia tanto de una visión vengativa como de la la paternal figura del perdón, sin olvidar en ningún momento el indispensable e ineludible pago de las vilezas cometidas, por acción u omisión. ¿Hay temática del género o no?

Sin embargo, La noche de 12 años, de Álvaro Brechner, con ninguna trayectoria en el género (una delicia su irreverente Mr. Kaplan) trata de la historia de los tres revolucionarios Tupamaru que fueron secuestrados durante doce años por el régimen dictatorial militar de Uruguay de los 70 y principios de los 80. Entre estos tres “desaparecidos” se encontraba el que sería el posterior presidente de Uruguay, José Mújica. Una narración que si bien tiene su importancia testimonial en la odisea sufrida por estos tres militantes de la democracia y las ínfimas condiciones humanas en las que hubieron de sobrevivir, no deja de tomar como base un nuevo clásico del género, la vida carcelaria en condiciones infrahumanas, en las que al individuo se le intenta eliminar tanto física como psicológicamente. Por cierto, con Antonio de la Torre clavando, una vez más, el papel que le ha tocado, el de José Mújica, nominado por ello a mejor actor de reparto. Negro histórico.

Únicamente Roma, de Alfonso Cuarón, escapa a los temas clásicos del género, y la que sin lugar a dudas se llevará el Goya al agua. Una película que, respetando lo que tantos otros ven, y yo no alcanzo a vislumbrar, no tiene la trascendencia humana de las demás nominadas. Un mero entretenimiento en un ejercicio de egolatría, eso sí según algunos de magnífica calidad. Dios me libre que criticarla.

¿Mi predilección? yo le daría el Goya 2019 a la mejor película iberoamericana a El Ángel de Luis Ortega. Es lo que hay. No os perdáis ninguna de ellas.

Un diamante al rojo vivo. Peter Yates. 1972

Sí, ya se que empiezo a dar la lata con el Westlake de los coj… Pero si la historia en su vertiente fílmica viene bendecida por el Peter Yates que acababa de estrenar Gullit y que ya planificaba los primeros pasos de Los amigos de Eddie Coyle, se convertía en inevitable y hasta cierto punto inconsciente. La llamada de la sangre.

Utilizando el punto friki que todos poseemos, aunque lo neguéis, me lo pasé enorme con el punto guasón y descarado de esta crook story a veces incluso surrealista. La de la banda dirigida por John Dortmunder en un asunto que pone a prueba su paciencia. De la que tiene que llenar un pozo para conseguir, ilegalidades aparte, el diamante “Balabomo” en litigio entre dos países africanos. El encargo proviene de uno de estos países a través de su embajador en la ONU, Moses Gunn. Aplauso.

Con muchos toques de humor y situaciones que por momentos alcanzan a ser ridículas, con los innumerables absurdos y disparates de lo que se solía llamar “una banda del empastre”. Unos individuos con posturas tan tremendamente positivas que rozan la ingenuidad consiguen hacer de un hecho delictivo una aventura como si de las antiguas expediciones africanas se tratara. Yo voy con los ladrones.

Robert Redford ya dotado del aura de pertenencia al celuloide más que a la vida real, encarna a Dortmunder, autónomo y soberano, profesional ante todo, recien salidito de la cárcel, buscándose la vida con un trabajito que le ha buscado su cuñado Kelp (George Segal) . La familia contra más lejos mejor. Completan los sempiternos Ron Leibman, como Murch un alocado y obsesionado conductor y Paul Sand,

Si le añadimos la música de Quincy Jones en sus inicios, “diversión garantizada” como diría el estereotipo . Hay quien la tacha de febril.

El desentierro. Nacho Ruipérez. Cine. 2018

Volvemos a estar de enhorabuena con el cine español. Una nueva patada en la boca para aquellos que renuncian de nuestro cine con argumentos foráneos y extratemporales.

Sí, se puede decir que aquí hacemos buen cine. Igual que en otro artículo confirmaba con Arde Madrid que el mundo de las series tenía nuevas vías de exploración. Con El desentierro, confirmamos que, si bien no abre exactamente una nueva vía, si que aprovecha los caminos abiertos por cintas como La isla mínima, de Alberto Rodríguez, o Cien años de perdón  de Daniel Calparsoro, para seguir con él, elevando al cine español a un estilo propio de temáticas propias.

Nacho Ruipérez, después de participar en diferentes ocupaciones cinematográficas en historias con menos repercusión mediática, se presenta con El desentierro como un nuevo director que se suma a esta nueva corriente, de calidad, aprovechando para ello tanto las historias que este país, en su deriva económica, ha producido en cuantía como el medio fotográfico y paisajístico que nuestro país ofrece. En este caso mi querida Albufera.

Nada de un intento de fomentar valores patrios facilones, sino simplemente utilizando aquello que está a su mano, mirando a nuestro alrededor, a nuestras gentes, nuestras situaciones, nuestros paisajes. Este punto ha calado especialmente. La isla mínima ya halló medios naturales como las llanuras marismeñas del Guadalquivir para desarrollar su historia y El desentierro continúa con los arrozales y las marjales del Parque Natural de la Albufera, que al igual que aquella transmite el aislamiento, la soledad existentes a través de lugares, utilizándolos para apoyar mediante imágenes, sentimientos esenciales de sus personajes, la supervivencia, el deseo de mejorar en un mundo difícil, la dureza de la sociedad, aunque la ética no forme parte de ella.

Mención aparte en este aspecto tiene Cien años de perdón, totalmente urbana y apegada a propósitos políticos de altos vuelos. Con la que también comparte medios.

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Porque no sólo de fotografía vive el hombre, aunque tratándose del cine no se puede desdeñar que la imagen es una de las herramientas principal de los realizadores cinematográficos como medio principal de expresión. La historia se reclama como esqueleto sobre el que proyectar esa muestra de imágenes consecuente, que baila con la historia en un perfecto vals.

En este aspecto, se produce un giro divergente con La isla mínima para confluir con Cien años de perdónEl desentierro se separa de aquella en la historia presentada. Ya no se trata de consecuencias de la tribalidad de esquemas sociales más o menos caciquiles para adentrarse en el tema de intereses y codicias de la clase dirigente, políticamente arrimada para destapar, nuevamente, bajos instintos como la avaricia. Pero no se queda únicamente ahí. Introduce como novedad respecto a estas dos el tema del valor supremo del amor y cuantas villanías y locuras se es capaz de hacer en su nombre.

Creo que con este título podemos considerar que tenemos una trilogía a partir de la cual, los directores tienen puntos de referencia y sendas marcadas tanto en cuanto a la consecución de una imagen común como el de historias que van ampliando cada vez más sus posibilidades indagatorias. Nacho Ruipérez lleva este camino.

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Disfrutad del cine actual español. Esperemos que nos lleguen muchas más propuestas como éstas.

Tráiler oficial:

FICHA TÉCNICA:

Título original: El desentierro.

Año: 2018.

Duración: 108 min.

País: EspañaDirección: Nacho Ruipérez.

Guión: Mario Fernandez Alonso, Nacho Ruipérez

Música: Arnau Bataller

Fotografía: Javier Salmones

Reparto: Leonardo Sbaraglia, Michel Noher, Jan Cornet, Francesc Garrido, Jelena Jovanoa, Ana Torrent, Jordi Rebellón, Arben Bajraktaraj, Nesrin Cavadzade.

Productora: El Desentierro AIE / Abordar / Aleph Media / Televisión Española (TVE)

El sirviente. Joseph Losey. 1963.

the_servant_Todo_negro_Josevi_BlenderConsiderada una de las mejores películas británicas de los sesenta. Basada en la novela de Robin Maugham, es una historia psicológica, en la que un criado, el sirviente, entra al servicio de un señorito británico de los que hacían África y no sabía ni atarse los cordones de zapatos. Preciosa casa, con las bebidas siempre a punto.

Barret, manipulador al mismo tiempo que servicial, va haciéndose con las riendas de la relación, de la vida de Tony, el señorito. Tiene múltiples tácticas y maneras, un plan establecido del que sospechamos que no es la primera vez que pone en práctica.

Rodada prácticamente en su totalidad dentro de la casa, cada escena es un paso más hacia un intuido desastre. Barret más fortalecido y Tony ignorante e inocente, creyendo que tiene el control, más debilitado.

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Interpretada por Dick Bogarde, James Fox, Sarah Miles y Wendy Craig. Todos ellos en los inicios de sus carreras, excepto Bogarde, que estaba en pleno apogeo, si bien todavía no había protagonizado ni Muerte en Venecia ni La caída de los dioses, ambas de Visconti como director. La evolución de la relación entre ambos protagonistas conforme transcurre la película, simplemente espectacular. Se estrecha el cerco. Duele.

En cuanto a Joseph Losey, tiene una magistral realización, con planos poderosos, una luz que resalta, apoya, la situación emocional del momento. Un ambiente que va volviéndose cada vez más negro, más oscuro, más acosador, más perturbador.

Esta película tiene un aspecto a destacar en cuanto a la utilización de espejos como medio de expresión para situarnos y reflejar, nunca mejor dicho, el aspecto anímico y real que pretende el director sobre los personajes.

En muchas escenas se utiliza un espejo cóncavo como una muy buena metáfora de la deformación de la realidad que posee cada uno de los protagonistas. Cada personaje se ve reflejado en este espejo, situado en el salón de la casa, en muchas, muchas escenas, pareciéndonos decir, éste es el real y no el que vemos.

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La primera película de Sherlock. Sherlock Holmes baffled. Arthur Marvin. 1900

Sherlock_holmes_baffled_Todo_negro_josevi_Blender_2Y vamos retrocediendo, como si estuviéramos con las precuelas de una saga. Con ésta espero acabar con la trilogía. Ya hemos visto Asalto y robo de un tren e Historia de un crimen. Es el turno de Sherlock Holmes baffled, la supuesta primera película basada en tan entrañable personaje.

Como suponer, supongo que únicamente el título Sherlock Holmes desconcertado o perplejo (baffled) ha sido suficiente como para catalogarla como referente a don Sherlock. Si su director, Arthur Marvin, allá por 1900, la rodó y la llamó así, sería por algo. También hay quien apoya el título y el contenido añadiendo argumentos, digamos, circunstanciales. Juzguen. Y si no diviértanse. Lo merece.

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Este argumento se basa en la propia vestimenta que luce el señor Holmes en la película. Una bata del mismo estilo (necesito a alguien que lo aclare) que lucía el actor William Gillette, en sus obras teatrales basadas en la afamada figura, cuando transitaron del medio escrito al medio visual.

Guillette fue el primero que, además de interpretar al personaje en teatro, escribió adaptaciones de las obras de Conan Doyle para este medio. Fue también él quien llevó a los escenarios los arquetipos perteneciente a la estética holmesiana: la pipa y su conocido gorro de cazador. Este último fue introducido por un gran ilustrador de la época, Sidney Paget, allá por 1891 en la revista The Strand. Seguiría ilustrando durante muchos años los relatos de Conan Doyle en esta publicación. Detective por los tiempos de los tiempos. Amén.

Pero volvamos a la película, cinta, documento gráfico, o como queramos clasificarla. En ella está, parece ser, la primicia de todas las creaciones cinematográficas posteriores de uno de los personajes más conocidos y estimados del género más universal que se conoce, el policial.

mutoscopio_Todo_negro_josevi_BlenderEn cuanto a su producción y realización, el medio material utilizado fue la fotografía. A pesar de que se rodara en cinta, su montaje se realizó a partir de capturas de fotogramas para su posterior emisión en otro de los gérmenes del cine, en este caso técnico. Fue el mutoscopio la técnica elegida para su reproducción, desarrollada por Harry Marvin, hermano del director,. En el mutoscopio, las imágenes eran simples copias de fotografías en blanco y negro. pero en vez de ligar las imágenes como un pequeño libro, éstas eran colocadas en un cilindro.

Se creía desaparecida, pero fue descubierta en 1968 con sus fotogramas impresos en papel en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. En estos momentos se encuentra pendiente de ser clasificada en el registro cinematográfico del mismo.

Nunca nos acostaremos sin saber una cosa más…del cine.

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Podéis verla íntegramente aquí, son 51 segundos:

Un embrión del cine negro. Historia de un crimen. Ferdinand Zecca. 1901.

historia_de_un_crimen_Zecca_Todo_negro_Josevi_blender_títuloVeíamos hace tiempo la película Asalto y robo de un tren de Edwin S. Porter, como la primera película en que los hechos delictivos eran, por primera vez, su argumento, y en la que se utlizaba el montaje como una nueva manera de contar una historia. También la consideraba como la primera película de temática criminal.

Hasta este nuevo descubrimiento.

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Ferdinand Zecca

Historia de un crimen, de Ferdinand Zecca rodada en 1901. Con una duración de apenas cinco minutos, su argumento es muy simple, un delincuente comete un asesinato mientras perpetra un robo. Es perseguido, capturado y ajusticiado en la guillotina, como se merece. Un aviso para quien ose. El señor Hays estaría contento de su carácter didáctico.

 

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Cinematográficamente existen muchas y notables diferencias entre ambas películas. En Historia de un crimen las técnicas de rodaje y montaje son mucho más primitivas, no posee planos en perspectiva como en Asalto y robo de un tren, ni se rueda en escenarios naturales. Sus planos son teatrales, tanto como si hubieran sido rodados en un escenario, con incluso sus telones de fondo, pintados y que pueden bajarse y subirse a gusto del director.

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Además de estos toques teatrales, tanto que puede observarse las sombras que los personajes proyectan sobre los telones de fondo, no están exentos de innovaciones. Es de destacar la que quizás es la primera representación en cine de los sueños de un protagonista. Para ello, Zecca construye un telón con dos departamentos, uno inferior en que el delincuente sueña con el arrepentimiento de sus pecados, como no, y otro superior en el que se representa lo soñado por él. Una innovación que no se había tratado hasta ese momento en el cine.

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También sobresale el tema de los efectos especiales. El delincuente ajusticiado se somete a los rigores de la guillotina en la última escena. Tal es su realismo, en la que la cabeza cae a un cesto tras colocar en ella al reo, que no he podido vislumbrar la manera en que realizaron tal plano. Quizás adolezco de la debida imaginación.

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Bueno, un momento más a descubrir para aquellos que nos gusta indagar en los orígenes de un género negro que nos fascina.

Podéis ver libremente la película en Youtube.

El extraño viaje. Fernando Fernán Gómez. 1964.

el_extrano_viaje_todo_negro_josevi_blender_1Un extraño viaje, en un extraño lugar, con un extraño suceso, con extraños personajes y con extraño final.

Todo en ello es extraño. No es de las primeras películas de un extraño Fernando Fernán Gómez.

No sé si llevado por el interés de trasportar al cine español de los sesenta aventuras que se realizaban en el cine negro de otros países como la coetánea Hush… Hush, Sweet Charlotte, ambas con el personaje de una extraña mujer como protagonista principal, o si de la inclinación de intentar modernizar un cine, en general de pandereta, que se realizaba hasta el momento en España, asistimos a esta creación que tiene unas peculiaridades propias del lugar y el momento.

En un entorno rural, del ruralismo de postguerra, de analfabetismo, bailes de pueblo, de vino de tijana y de insalvables prejuicios morales y gran atraso social, Ignacia, la hermana mayor, con altos vuelos y ocultos deseos humanos, de Paquita y Venancio, intenta vender la casa familiar para disfrutar de soñados destinos y vidas licenciosas. Pero se interpone el azar y todo se tuerce. En una historia aparentemente de simple planteamiento y resolución intervienen otros personajes como el de Fernando (Carlos Larragaña) que tienen muchas palabras que decir y hechos que ocultar.

Se nota la mano de Berlanga, que ya había indagado por los derroteros de El verdugo, sigue manteniendo objetivos y propone nuevamente su particular visión, mediocómica mediotráfica de la sociedad de una época atrasada, rústica e ignorante.

Sin embargo la trama en general adolece de una historia continua, enlazada y donde es bastante difícil conjugar una trama noir en un entorno donde prevalece las peculiaridades de la vida rural, cotilleo, crítica doméstica, en una España de los cincuenta que no podía permitirse el lujo de discurrir sobre asuntos más profundos, sentimentales y trascendentes que el chusco de pan, el vino, las mozas del pueblo, el alcalde y la Guardia Civil.

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Una buena manera de conocer nuestro cine. En un lugar y en un momento dados.

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Antes que el diablo sepa que has muerto. Sidney Lumet. 2007

before_the_devil_knows_you_re_dead_Todo_negro_josevi_blenderUn título sugerente, nos remite más allá de las convencionalismos del género. Sidney Lumet vuelve a sorprender, o no tanto, depende. Depende, todo depende.

Tras lo que podría parecer una nueva cinta a resguardo de otras historia de gran calidad, como Tarde de perros, de la que ya pasaron 32 años, y al que recurren con frecuencia muchos directores para justificar ulteriores trabajos sin pena ni gloria, Antes que el diablo…vuelve a demostrar que el talento acompaña siempre al que lo posee y que se refleja en todo lo que hacen.

Podría decir que el argumento es manido pero con una manera novedosa de desarrollar la trama, pero no es así. El argumento tampoco es clásico: una pareja de hermanos que decide atracar la joyería de sus padres para solventar sus asuntos económicos. La trama mejora el plato.

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Para ello, el Sr. Lumet utiliza formas narrativas que vuelven a saltarse estereotipos y corsés varios, así como la presentación de la historia también fluye de una manera personal.

El mismo hecho contado desde perspectivas diferentes, del punto de cada protagonista, pero no desde su vivencia personal, sino desde las acciones que emprenden según los momentos en que ocurren los hechos. Sus motivaciones nos da igual, lo importante es lo que hacen. Nada de ver lo mismo de diferente manera, sino que cada uno toma decisiones personales ante el mismo hecho. Así cada uno hace lo que puede, impelido por los acontecimientos y al márgen de sus deseos.

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Con el malogrado Philip Seymour Hoffman como depositario del peso de la obsesión, se acompaña muy bien de Ethan Hawke, su hermano, sentimentalmente desgraciado, al que lleva la corriente, y de Marisa Tomei abnegada esposa, pero sólo hasta cierto punto. Nadie está dispuesto a todo.

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Enriquecida con planos espasmódicos, vamos atravesando la historia según la vive cada uno de los protagonistas, según sus decisiones y sus circunstancias. Como somos cada uno, en realidad. Una nueva presentación de la misma historia de siempre con las dificultades de la propia personalidad. Muy realista.

Las decisiones son lo que marcan el desarrollo y el desenlace de la historia, inesperada, cruel y muy alejada de suposiciones, en el fondo infundadas. No puedo contar más sin destripar. Recomiendo sin lugar a dudas. Algo original de una manera más original todavía.

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Sólo se vive una vez. Fritz Lang. 1937.

you_only_live_once_todo_negro_cartel1Segunda película de la etapa americana de Lang tras Furia .

Su argumento: Eddy, un delincuente de poca monta (Henry Fonda), condenado ya tres veces, es acusado de un asesinato que no ha cometido.  A la cuarta condena, pena de muerte, así, sin vaselina. Intenta rehacerse, con la ayuda de su esposa Joan, que esperó pacientemente el cumplimiento de la condena, pero la fatalidad le impide seguir el camino recto.

Fritz Lang se supo adaptar perfectamente a los preceptos que el código Hays del 34  imponía a las películas que optaran al estreno normalizado dentro de la industria cinematográfica americana de la época. El código se estaba implementando poco a poco pero inexorable.

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Una historia que quizás se supo colar a los censores, donde se muestra la tragedia que se vivía en Estados Unidos tras la crisis del 29, donde la miseria campaba a sus anchas, donde los presos no tenían otra salida más que la delincuencia, se les desechaba, sin contemplaciones, poniéndoles realmente difícil el abandono de la senda del crimen a todo aquel que alguna vez había caído en ella, fueran cuales fueran las circunstancias.

Como era preceptivo con el código, se imponía el castigo del criminal, en este caso incluso inocente, enmascarando una peligrosa ideología. El que mal empieza mal acaba, por designio divino, incluso tras la expiación de las culpas, los errores anteriores se acaban pagando aunque sea de una manera injusta e incluso ilegal, te acaba tocando con su maldita varita. Algo así como la justificación del karma. Eran otros tiempos.

Cinematográficamente, Lang empieza a consolidar su manera de hacer cine, sus planos rotundos, llenos muchas veces de lenguaje metafórico. Impactantes, nada utilizados hasta el momento, pero que se utilizarán comúnmente en las cintas de los años venideros.

Una de las mejores metáforas o alegoría que utiliza Lang en esta película, la tenemos cuando al inicio de la película, y tras salir Eddy de la cárcel y disfrutando de la luna de miel junto a su paciente esposa Joan contemplan una charca en la nadan relajadamente una pareja de ranas, sí de ranas. Eddy le dice a Joan: “permanecen juntas hasta la muerte, cuando muere una de las dos, muere la otra”. Un atisbo de futuro, de visión de lo venidero que, por medio o por culpa del amor, se hará realidad en su propia vida. El señor Lang nos anticipa el final de la historia. Morirán juntos. Y enamorados.

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Una historia sobre las dificultades de la vida, sobre sus zancadillas, sobre la escritura con tinta indeleble en la página del destino trágico de la vida de quienes no tuvieron tanta suerte o que nacieron bajo el signo de la derrota.

En el fondo, una gran historia de amor. Me acordaba de la gran amor de los indomables Bonnie and Clyde.

 

 

 

Las calles de la ciudad. Rouben Mamoulian. 1931.

city_streets_Todo_negro_josevi_blender_cartelUna película basada en un relato de Dashiell Hammet llamado originalmente After school y guionizada por Oliver H.P. Garrett y Max Marcin.

Lo que inicialmente se plantea como una película noir, policial tan propia de las novelas de Hammett, que ya había escrito a estas alturas Cosecha roja, se transforma casi sin darnos cuenta en una gran historia de amor.

Nan (Sylvia Sidney), está enamorada de un feriante de alma cándida que trabaja en la galeria de tiro de una feria, conocido por The Kid (Gary Cooper) e intenta convencerle de que se una a la banda de traficantes de alcohol en la que trabaja su padre Guy (Pop Cooley) todo sin ningún intenciones aviesas.

Kid se niega rotundamente hasta que Nan encubre a su padre en un asesinato y es enviada a prisión. Entonces todo cambia y Guy convence a Kid para unirse a la banda para conseguir dinero fácil y rápido con el que liberar a Nan de prisión, corrupción mediante, pero todo se tuerce cuando Nan sale de prisión y el gran jefe de la banda (Paul Lukas) se encapricha y enamora de ella.

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Ya os digo amor en un ambiente gansteril. Nada de una película de gansters con un toque romántico, la historia de amor acaba convirtiéndose en el tema central durante la segunda parte de la película. Merece mucho la pena ver esta conversión tan sutil, justificada y procedente. Los principios noir quedan a un lado.

Dirigida por Rouben Mamoulian, con esta película inició una, su carrera, que nos brindaría grandes historias como La reina Cristina de Suecia de la Garbo o Laura, que si bien fue acabada por Preminger fue iniciada por él. O Sangre y arena basada en la novela de nuestro Vicente Blasco Ibáñez con Tyrone Power y Rita Hayworth de protagonistas.

Un San Valentín diferente.