Gran diva la Dietrich

Gran diva la #Dietrich

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Vestido de novia. Pierre Lemaitre. 2014.

¿Has sentido angustia física cuando has leído un libro? Esto es lo que esparce este libro.

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Tiene una primera parte que necesitaba que acabara o me iba a dar algo. Un ritmo altísimo con sucesos trascendentales. 

En la segunda es donde viene la sorpresa. Yo, que soy tan incauto, me dejo llevar por los libros sin intentar pillar al autor, me quedé pasmado. 

Y, por si fuera poco, en la tercera combina las dos primeras y mata y remata una historia que ya quisieran muchos publicar y leer, aunque esto último es más fácil y alcance de cualquier matón de tres al cuarto como yo.

Con únicamente dos personajes (y algunos muy secundarios) con cualidades psicológicas muy profundas propias de los de Lemaitre, la manipulación psicológica y la mentira, tema central de la novela, provoca que reacciones, que entres al trapo, que intentes dirigir la acción de los protagonistas.

Y en cuanto a los tópicos de la novela negra, ni uno. Sin policia ni detective, sin femme fatale, sin crítica social, pero negra como la pez.

Ya flipé con Nos vemos allá arriba. Y he vuelto a flipar con ésta.  Creo que si tuviera un ranking la situaría en el #1 de este año.

A cada cual lo suyo. Leonardo Sciascia. 1966.

Mi ignorancia nuevamente. Sciascia solo de oídas. Que placer leerlo.

Con ella he viajado al origen de las novelas negras de tradición mediterránea de ambientes y tramas austeros, sin artificios, donde enraízan las maneras de ser y actuar de la sociedad siciliana extrapolables a la italiana en general.

Utilizando un tono bastante didáctico, con la ironía y los diálogos como herramientas, va más allá del mero relato novelado reflejando su ideología en temas de gran transfondo social como la hipocresía de la turbia sociedad siciliana, las contradicciones del catolicismo o el papel
secundario de la mujer.

Una novela que, como Los crímenes de la calle Morgue de Poe en el ámbito sajón y su primitivo lenguaje, es un pilar básico sin el que no es posible entender la novela negra italiana y por añadidura del Mediterraneo.

Con “A cada cual lo suyo”, Sciascia demuestra que puede hacerse una joya negra en poco más de cien páginas y al mismo tiempo evidenciar una visión de la realidad, en su caso desencantada y apesadumbrada, a través de los recursos propios del llamado género negro,y de la que no es posible librarse de su recuerdo cuando se leen o releen al resto de autores negros italianos. El final de la novela es un claro ejemplo de esta visión.

¿Cuán deudores son de ella autores como Camilleri o de Giovanni o Vichi o lo serán los futuros escritores del género?

Sencilla y a la vez imprescindible.

Caminando entre tumbas. Película. 2014

Vaya decepción. Había oído que era la película negra de la década y ya les gustaría. Lo que la salva es Liam Neeson, del que se dice que con ella había remontado su carrera cinematográfica apagada en los últimos años.

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Basada en una novela de Lawrence Block, la cual no he leído (confieso) no creo que al mismo le haga mucha gracia. Quitando la fotografía y el ambiente que los americanos saben conseguir bastante bien técnicamente, la historia en sí es bastante increíble. Increíble en el sentido de que no te la crees. No existe una idea conceptual que guíe la película.

Un detective marcado por una desgracia en su pasado: una niña que muere por una bala perdida cuando estaba borracho y que le manda a alcohólicos anónimos. Ja.

Unos malos muy malos y muy locos porque sí, porque lo son y ya está. Ni femme fatale, ni ná. La policía ni está ni se la espera….Ja, ja.

Las víctimas que al mismo tiempo también son malos para que no se diga. Ja, ja, ja.

Y un final más propio del gore que del género negro. Ja, ja, ja, ja.

Aburriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiida.

Margen de error. Berna G. Harbour. 2014

Escuhé en una entrevista radiofónica a Berna, permítaseme la familiaridad por el afecto que profeso a la comisaria Ruiz, que sus autores de cabecera eran Chandler y Camilleri. Pues bien, con esta novela, rinde tributo a los mismos.

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En una trama que firmaría el mismísimo Chandler, dota de una caracterización y familiaridad a los personajes digna de Camilleri.

Es una novela donde se tejen diferentes historias donde ni sobra ni falta nada, donde cada elemento tiene su peso y magníficamente resuelto y conectado a los demás y que confluyen en una resolución final donde alcanza el climax un ritmo narrativo progresivo conforme transcurren las páginas.

No me extrañaría que más de uno se la hubiera leído del tirón. 

Sencillamente ejemplar. Leelá, leelá, leelá.

El gran frío. Rosa Ribas. 2014.

Evocador. Dada mi edad, este libro, que transcurre a finales de la década de los 50, llamaba constantemente a mi nostalgia, nostalgia entendida únicamente como tiempo pasado no necesariamente añorado.

Esta nostalgia extraña, se cimenta en lecturas de El Caso que mi abuelo se dejaba en el revistero al lado de la radio, vaya lectura para un niño; en la vivencia de las festividades católicas y su alteración de la cotidianeidad impregnadas de una intransigencia y fanatismo religioso dignos de siglos anteriores y de las que no era consciente.

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También el costumbrismo que nace de la novela, ha sido uno de los impulsos que me han hecho sucumbir a ella. La sorpresa que producía un revelado de fotos, en el que nunca sabías como y que iba a salir, acontecimiento perdido en un pasado no tan lejano. La atmósfera de represión religiosa ante todo aquello que pusiera en duda los cánones de la fe. Los transportes que embarcaban al viajero en una aventura. La carencia de las cosas más elementales. Los eufemismos como el “colorado” o “encarnado” para referirse a todo aquello que fuera de color “rojo”, que yo lo oí decir, en este caso, a mi abuela.

En cuanto a los recursos de la narración, no quiero dejar de señalar a Mauricio, un entrañable tonto del pueblo, en el que a través de su simplicidad, y de lo acertado de capítulos exclusivos dedicados a su discurso, se reflejan las maneras de pensar de una época que me producen nostalgia, al mismo tiempo que alegría de su superación.

Para no perdérsela.

No acosen al asesino. José Mª Guelbenzu. 2001.

No era lo que esperaba. Creía que iba a descubrir un nuevo autor de novela negra consagrado, pero no fue así. Conforme más leo novela negra más me doy cuenta de lo ignorante que soy en materia de autores y títulos y lo mucho que me queda por leer. Y creo que sé porque éste autor no me aparecía en esa lista que todos tenemos de “libros por leer”.

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Se puede decir que es novela negra, porque tiene asesino, investigador (jueza de Marco en este caso), misterio, pero poco más. Vaya peñazo. Con un ritmo insufrible y desesperante, aburre hasta al más pesado. Capítulos inconexos que cuentan situaciones que ni vienen al caso ni vendrán en toda la novela. Hechos importantes que luego no se traducen en nada. A veces me recordó un culebrón de los que puedes ver transcurridos diez capítulos que te encuentras en el mismo punto. Y una resolución del caso….bueno no cuento los detalles por si alguien tiene la osadía de tragárselo.

Yo creo que ha intentado coger un poco de aquí y de allá: transfondo conservador de gente bien, tipo Agatha Christie, el punto de vista del asesino extraído de Jim Thompson (ya quisieran algunos) del que va y viene. En fin un batiburrillo de todo aquello que leyó.

No sigo porque no merece la pena hablar más de él. Ni tú tampoco que lo leas. 

Aunque ya sabes, cualquier proceso creativo merece un respeto, aunque unos más que otros.