A través del espejo. Robert Siodmak. 1946

cartel1A través del espejo y también a través de esta película no adentramos en el subgénero negro del thriller psicológico.

El espejo, que además de en el título aparece materialmente en muchas escenas, tiene un tinte simbólico “lo que se ve no es siempre lo que es”, lo distinto de uno mismo. Asociado a la verdad, es utilizado para presentarnos un elemento perturbador, la sospecha y la incertidumbre sobre si la imagen que proyecta es la realidad o únicamente un reflejo mentiroso de ella.

Narra la historia de dos hermanas gemelas, Ruth y Terry Collins (ambas interpretadas por Olivia de Havilland), sobre una de las cuales recaen sospechas de ser la autora del asesinato de un médico.

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La base argumental toma la idea sugerente de dos gemelas que intercambian su personalidad en medio de un crimen. El teniente de la policía Stevenson (Thomas Mitchell) se ve incapaz de esclarecer sobre cuál de las dos hermanas recaen las sospechas. Establece claramente desde el principio su personalidad de policía a vuelta de muchas cosas, práctico y realista, con frases guasonas: “Soy un bicho raro. No me gusta el crimen perfecto, ni siquiera en las novelas”, “Es un tipo muy listo, para ser universitario”.

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Para llevar a cabo su labor reclama la ayuda de Scott Elliot (Lew Ayres), psicoanalista, rodeado de un aura de simpatía. Durante su trabajo, Scott se enamora de una de las gemelas, dulce y equilibrada, mientras que la otra padece un trastorno psicótico, pero siempre alejado del estereotipo de galán. Este elemento es clave para su caracterización como thriller psicológico. Además, pone de manifiesto las dificultades jurídicas, llevadas al extremo, para identificar a un asesino, cuando éste está claramente circunscrito a únicamente dos personas.

En cuanto a la dirección, Siodmak, un alemán que rodó en su país natal, en Francia y en EEUU, consigue crear una atmósfera tan inquietante como hipnótica repitiendo el éxito del año anterior con su  obra maestra “La escalera de caracol”. La interpretación de Olivia de Havilland, en un papel de gran transfondo dramático es excelente y se recuerda como uno de los mejores.

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Históricamente, tiene concomitancia temática con varios films estrenados con anterioridad como “Sospecha” (1941) o “Recuerda” (1945),ambas de Hitchcock, o posteriormente como en “Nido de víboras” de Anatole Litvak (1948, también con Olivia de Havilland) o Delmer Daves en La senda tenebrosa (1947).

Fué candidata al Oscar por el mejor argumento original de 1946, premio que no se llevó.

 

 

 

 

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Asalto y robo de un tren. Edwin S. Porter. 1903.

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“Asalto y robo de un tren” de Edwin S. Porter podría considerarse la película donde los hechos delictivos son, por primera vez, su argumento. Una banda de atracadores, con asesinatos y violencia muy explícita, asalta un tren. En realidad es un western, pero las líneas son difusas, inexistentes en esta época, pero se la podría considerar como precursora del cine negro.

Con tan sólo 10 minutos de duración, Edwin S. Porter, integró en esta cinta la emergente teoría del cine. Por una parte, la puesta en escena desarrollada por Méliès, del que era un admirador, y el Cartel3descubrimiento inglés del montaje para consolidar el cine como técnica narrativa. Lo utilizó para contar cosas. Con ello dotó al cine de la magia de poder provocar unos sentimientos en el espectador, experiencias de emociones, que crea lo que se está contando en pantalla. Plantea una historia completa con un desarrollo narrativo y una tensión dramática nuevas para el espectador de la época.

Es pionera por muchos otros motivos, el primer filme dramático de la historia del cine, el primer western y, al mismo tiempo, la primera película de temática criminal.

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Y la primera vez que el espectador queda fascinado y seducido, se siente partícipe de lo que sucede ante la pantalla de los primeros nickelodeones. Su sugestión quedó patente sobre todo en dos escenas. En una, un protagonista cae del techo de uno de los vagones del tren lo que provocó gritos entre los espectadores que nunca habían visto nada igual. También impresionó sobremanera la imagen del pistolero disparando a cámara, muy realista y creíble para la mentalidad precinematográfica del público de inicios del siglo XX.

Técnicamente, aún cuando muchas escenas (la película sólo tiene 14 escenas) se interpretaron de frente al espectador, como en el teatro, algunas de ellas se desarrollan “en profundidad”, alejándose o acercándose los personajes a la cámara, novedad todavía no experimentada.

La película fue un gran éxito. Con Porter, el cine aprendió a narrar.

Aquí tienes el guión de la película en inglés.

El negativo de la cámara original todavía existe en excelentes condiciones en la Biblioteca del Congreso de los EEUU.

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Película completa

 

 

El cartero siempre llama dos veces. Tay Garnett. 1946.

carteleNada haría sospechar a Frank lo que le deparaba el destino cuando paró en aquel chiringuito de comidas de esa carretera perdida de California. Necesitaban un empleado y él, empleo. Twin Oaks lo regentan Nick y Cora, matrimonio un tanto impostado y anacrónico, fruto de las necesidades materiales en esta época. Cora desea escapar de un marido viejo y vulgar, oportuno, que no le ofrece ninguna expectativa de futuro. Frank pierde la cabeza ante la espectacular belleza de Cora.

Las posturas de los personajes, un tanto toscos y primitivos, enraíza en el fundamento social de la película. Una manera de entender los principios vitales de las personas que hicieron frente a la difícil situación social de la América que sufría los estragos de la crisis del 29 y la miseria económica y moral que conllevó.

Dos formas diferentes de enfrentarse a esta vida, la de Nick, conformista constructivo a laLT1 espera de tiempos mejores, dichado de bondad e inocencia cuyas preocupaciones son las facturas de su bufé, y las de Frank y Cora.

Frank, un buscavidas, presa del amor, que actúa por el corazón más que por la razón y la de Cora, una Turner, bella como nunca, con su uniforme blanco y su cabello platino romántico, mujer fatal con la que hasta yo cometería insensateces, ambos (Frank  y Cora, claro) deseosos de conseguir una vida que se perseguía el positivismo que les vendían desde los poderes establecidos. Aquello de “lucha por lo que quieras”, de aprovechar las oportunidades que se presenten, sean de la clase que sean. El fin justifica los medios.

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Poco a poco, nosotros y ellos nos vamos viendo arrastrados por un torbellino que resulta cada vez más opresivo, donde un paso lleva al siguiente y a otro, y a otro, cada vez con peores augurios y con desenlace fatal, que no os voy a desvelar, claro, pero que estimo comos uno de los más melodramáticos finales del cine donde el amor triunfa a través de la tragedia.

Volvemos al tema recurrente de las novelas de James M. Cain donde la mujer fatal, entendida ésta como la que utiliza cualquier medio a su alcance para conseguir sus propósitos, punto discutible, convence a un amado, pretendiente o bobo aspirante, para que cometa el crimen que la libere de los obstáculos que frenan sus objetivos. Se plantean los vaivenes de unos protagonistas, que oscilan entre la integridad moral y sus deseos ¿Justificas a Frank?

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Históricamente, el levantamiento de la cesura y prohibición llevada a cabo por la oficina Hays sobre esta película desde 1937 permite que la Metro Goldwyn Mayer ponga en marcha el proyecto, abandonado dos años antes. En realidad, ésta es la tercera versión de la obra que se llevaba a las pantallas tras los trabajos anteriores, realizados en Europa, de Pierre Chenal — Le Dernier tournant (1939)— y de Luchino Visconti — Obsesión (Ossessione, 1942)— , y la primera que, a sus estelas, utilizaba el título original de la novela en las pantallas, ofreciendo, además, como reclamo publicitario en los carteles anunciadores, el nombre del escritor.

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Esta novela tuvo varias versiones. Lástima que una de las más recordadas sea El cartero siempre llama dos veces, de Bob Rafelson en 1981, por las tórridas escenas sexuales de Nicholson y Lange, vocación remakera del cine de los 80, intentando adaptar guiones que, gracias a la superación de la moralidad de los 30, recluyó la trama de la película a la simpleza del castigo por una acción criminal, dejando en la superficie la profundidad de una grandiosa novela y de las verdaderas intenciones comunicativas del gran Cain.

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Película con muchas tonalidades, matices, gradaciones y posiciones morales. Para discutir hasta morir.

 

La pelirroja. Jack Conway. 1932.

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Uno de las grandes cintas de la época precode cuyo existencia trajo de cabeza a más de un censor y a más de dos asociaciones religiosas promoral pública tan de moda en los EEUU postcrisis del 29.

Dirigida por Conway en 1932 se aleja de cualquier convencionalismo. No se trata en sí de una película del género negro, aunque su importancia radica en el plantemiento de los resortes sociales disponibles para la mujer en una época en que la supervivencia era más un derecho que una opción.

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Lil, interpretado por la más bella Jean Harlow, pelirroja deslumbrante (lástima que el cine en blanco y negro no nos permita disfrutar) trabaja como administrativa en la compañía del rico, apuesto y casado Bill Legendre Jr., enamorado perdidamente de su esposa Irene. Lil no se conforma con su nivel de vida y desea elevar su estatus social, por lo que no dudará en emplear sus más provocativas artimañas para romper el matrimonio del millonario Bill y proceder a su caza y captura. Pero no le basta con esto, desplegando un erotismo directo, descarado y agresivo, sigue con su estrategema de llegar a lo más alto.

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Película imprescindible para los que deseen explorar la audacia en las temáticas sexuales que abordaba el cine antes de la censura, inaceptablemente escandalosa para los mojigatos religiosos de la época.

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Estéticamente, aún es muy deudora del cine mudo, maquillaje, interpretación de los actores donde la expresividad corporal y facial tiene un gran desarrollo. El cantor de jazz se había estrenado tan sólo 5 años atrás.

Para aquellos que quedéis rendidos a los pies de Harlow, el sex-symbol de los años 30, que sin duda lo haréis, no podéis perderos sus más recordados papeles. El de esposa vulgar y graciosa, pero no estúpida, en “Cena a las ocho” de George Cukor y los interpretados en “Mares de China” de 1935, en una interpretación más agradable y donde desplega mejor sus cualidades de actriz, y Saratoga, de 1937, éstas dos últimas junto a Clark Gable.

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¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVA LA HARLOW!!!!!!!!!!!