Todos los muertos tienen la misma piel. Boris Vian. 1947

Ya avisaba Boris en Escupiré sobre vuestra tumba con los problemas raciales como uno de sus temas preferidos. En Todos los muertos el tratamiento es diferente, la segregación entre blancos y negros no es el tema de fondo. No es una novela de blancos contra negros. Ni entre negros, ni entre blancos. Es la del negro con el propio negro, no ofreciendo una lucha interna contra su propia naturaleza, ni contra principios irrenunciables, sino únicamente por la capacidad de supervivencia como modo de proceder, como modo de subsistir. Un problema de actuación, no de conciencia.

Una novela, de nuevo como ocurriera con Escupiré sobre vuestra tumba, en la que sus protagonistas son totalmente responsables de sus actos, sin disculpa posible, superando moralinas y prejuicios. Nada de remordimientos. Nada de sentirse mal por unos principios. Solo vale mantenerse. Socialmente, personalmente, existencialmente. Existencialismo.

Dan es un negro que se hace pasar por blanco, su fisionomía se lo permite, vive como tal, tiene mujer y niño blancos y todo el mundo le promete el sueño, siempre que sea blanco. Pero no lo es. Pero todo debe seguir siendo así. Y también hay quien quiere perturbar su apacible vida. ¿Qué hay que hacer para mantener la mentira?

Cualquier cosa, hasta las socialmente sugeridas como detestables, pero claro cuando no se tienes remordimientos, cuando únicamente se atiende a los propios deseos, cualquier cosa es posible. Y posible de llevarse a cabo con la mayor naturalidad del mundo. Me acuerdo de la frase “he visto cosas que harían vomitar a una cabra”. También cada uno confía en la capacidad de su estómago.

Boris Vian publicó esta novela, al igual que Escupiré sobre vuestra tumba un año antes, bajo el seudónimo Vernon Sullivan. Una lectura directa, incómoda, subversiva, rebelde. Noir del bueno. Al margen del mercadero negrot.

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Escupiré sobre vuestra tumba. Boris Vian. 1946.

escupire-sobre-vuestra-tumba-boris-vianCon esta novela debutó el polifacético Boris Vian en el género negro. Fue censurada por su contenido de violencia y sexo, y su autor condenado a una multa por “ultraje a las buenas costumbres”. Buena recomendación ¿eh?. Fue escrita bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan, supuesto escritor negro estadounidense.

Repertorio de los vicios de una sociedad bienpensante: alcoholismo, drogas, sexo, violencia, todas las perversiones. Incluso para Lee, protagonista, molde de espíritu vengativo que se aprovecha de la relajación vital del sitio donde vive.

El argumento es simple, Lee Anderson un negro con apariencia de blanco, se traslada a un pueblo, se crea una reputación con el objetivo desde la primera página de llevar a cabo la venganza por la muerte de su hermano. Y la venganza es un plato que se sirve frío.

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La novela asume dos ideas afines a Vian, el existencialismo de autores como Sartre o Camus, que defiende que el individuo es libre y totalmente responsable de sus actos superando moralinas y prejuicios. Lee es un buen ejemplo.

La otra idea es el militarismo antiracista. Refleja la discriminación que padece la raza negra. La sitúa en el mismo plano de maldad que se le puede atribuir al blanco. Lee es negro, segregado y marginado, pero fascinante, lo vemos como un individuo pertinaz en su idea, meditada y comprometida, como la de un blanco. Esta reflexión nos lleva a lo empático a pesar de sus crueles propósitos y anhelos e indagamos en la legitimidad moral de una persona con ese nivel de odio y resentimiento. Este posicionamiento racial es recurrente en otras novelas, como en “Todos los muertos tienen la misma piel”

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Una lectura directa, incómoda, subversiva, rebelde.

Fué llevada al cine en 1959, dirigida por Michel Gast, tras apartar a Boris Vian de la realización del guión, con el que no estaba conforme. Dice la leyenda que Vian asistió de incógnito al preestreno de la película en el cine Le Petit Marbeuf, cerca de los Campos Elíseos, donde murió tras un fulminante ataque cardiaco.

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