La jungla de asfalto. W.R. Burnett. 1949

Una de banda de ladrones.

Englobada en las crook stories, pero en las que el protagonismo no es del detective sino del delicuente. No sólo cuenta su historia, sino que lo hace desde su mismo punto de vista.

Por ello, los pensamiento de estos sujetos que viven al límite afloran a través de reflexiones  sobre la vida y la muerte, o dicho de una manera más romántica, nos enseñan también su pequeño  corazoncito, marcado por la soledad y el infortunio. Aunque de angelitos nada de nada.

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Concebida como una novela coral armoniza una multitud de vidas tan variadas como personajes tiene, muy bien definidos en sus caracteres y en sus motivaciones, muchos de ellos estereotipos y los une a  todos en una buena trama donde ninguno de ellos es accesorios y que potencian la historia.
Y es que Burnett es un clásico del género norteamericano, pero del crimen surgido de la Gran Depresión, abandonado en cierta manera la historia de gansters que era la tónica dominante en estos años y donde justifica, al menos sentimentalmente, el comportamiento del delincuente. Y es que algunos de ellos, como Dix, me llegaron al corazón. En el fondo un sentimental.

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Tiene sustanciales contrastes con otras crook stories. Me acordaba de Un diamante al rojo vivo de Westlake. El tono es por supuesto muy diferente. Mientras que en la novela de Westlake el humor y lo absurdo está siempre presente en la de Burnett, el clasicismo de la novela americana de los 40 es su nota definitoria. Pero claro, entre una novela y la otra hay, nada menos que 20 años de diferencia.

No puedo dejar de mencionar, la adaptación cinematográfica de gran relevancia en la historia del cine negro dirigida por John Huston, en 1950.

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Escribió unas treinte y seis novelas y unos sesenta guiones. Se traW.R.Burnettsladó a Chicago a finales de los años veinte, cuando Al Capone dominaba la ciudad. Ese ambiente inspiró su primer éxito, El pequeño César, llevado al cine en 1930. A partir de entonces Burnett tuvo una estrecha relación con Hollywood, y fue uno de los guionistas más importantes del cine negro con títulos como El último refugio.
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La estrategia del pequinés. Alexis Ravelo. 2013

A veces uno se imagina que el futuro es posible. Se podría acusar a los protagonistas de soñadores, de desheredados que persiguen sueños, pero creo que no es justo. Son soñadores pero impelidos a ello para entrar en un sistema que los excluye. La inclusión de la crítica social junto con la amargura que apestan convierte a la novela en muy, muy negra.

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Personajes al límite, no solo social sino también personalmente que abarcan todo el espectro de desgraciados de pasado oscuro, de parados cincuentones a putas, narcos, policías corruptos y blanqueadores de dinero, sin un ápice de humor, pero si con el amor y la amistad como reglas de comportamiento.
El tema del humor, viene a colación de mis últimas lecturas de Donald E. Westlake y las crook stories o novelas de sinvergüenzas. Es notable como tras una trama de ladrones similar en ambas novelas (ésta y Un diamante al rojo vivo o Atraco al banco) el desarrollo de la novela es completamente diferente e incluso antagónicas, el humor y el delirio frente a la desesperanza y el fracaso. Es quizás la única cosa que reproché al autor, el encontrarme con algo de socarronería o ironía.

El lenguaje es una nota a destacar en la novela, con el que crea un ambiente muy definido usando con profusión jerga de bajos fondos: gualdrapas, hacer la cuenta de la pata, meterle una negra, lambrusiar, hacer una mataperrería. También incluye expresiones y fenómenos propiamente canarios que nos sitúan geográficamente: cantar un arroró, ver la panza de burro, cerrar con el fechillo…

Por cierto, para quien no lo sepa, la estrategia del pequinés es mostrarse fiero y aprovechar cualquier despiste del adversario para atacar y huir.

De lo más negro que he leído últimamente, es una gran novela que viene amparada por el Premio Dashell Hammett de novela negra que entrega la Asociación Internacional de Escritores Policíacos a la mejor novela del año 2014.

Atraco al banco. Donald E. Westlake. 1972

Nuevamente peripecias, los casos de Dortmunder avanzan por caminos insospechados de difícil vaticinio en escenarios diversos y con acciones audaces.

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Se suscitó una vez una pregunta, que no se aclaró, sobre como denominar al subgénero al que pertenecen las novelas de Dortmunder, ¿capers o crook stories?

Su acepción más adecuada para la novela negra es “travesuras” en el caso de capers e “historias de sinvergüenzas” en el caso de crook stories. Me inclino por la segunda más precisa y mejor equivalente castellana a lo que intenta describir. Aunque travesura también es un sustantivo que le viene bien a esta novela por el carácter desenfadado e improvisado de los sucesos que desarrolla.

Pues eso creo que es, una historia de sinvergüenzas. ¡ Es qué estos tíos no piensan nada bueno ! Ideas que a ningún mortal se le ocurren. Absurdas incluso. Pero divertidas, eso sí. Después de Un diamante al rojo vivo no sabía si estaría de nuevo a la altura, y lo está.

Con casi los mismos personajes tan expresivos, inmersos en un grupo tan pintoresco como disonante, en el que debuta hasta un ex-agente del F.B.I., crea de nuevo una trama que alcanza el delirio con un final apabullante e inesperado. Es, como ya dije, sencillamente genial. La policía está impresionante, el capitán Deemer,  un mal genio tuercebotas al cargo del caso, y un teniente Hepplewhite que debe soportar a su jefe. Oliver y Hardy, vamos.

Como curiosidad, la empresa de seguridad del banco, se llama Agencia Continental de Vigilancia. Parece un guiño a Hammett y a su agente de la Continental que hizo su debut en octubre de 1923 en la revista pulp Black Mask.

De nuevo, lean y diviértanse con esta historia de sinvergüenzas.