El negro. Lo mejor del año 2018.

Sí, ya sé que es un tema recurrente. Que todo es teoría y cuestión de gustos. Para gustos los colores. En este caso negro. Color de la noche y el misterio, del silencio y el invierno, de la negación. Es el color del abismo, la muerte, la tristeza y como no, de la soledad. Además es el color de los ritos funerarios en nuestra cultura occidental.

Por justicia divina (la mía) tan válida como la de cualquiera, siento la necesidad de constatar aquellas novelas que mejor han cumplido con eso del negro, más que color sentimiento, cólera, odio y tristeza, dolor, ira y rencor, remordimiento, culpabilidad y envidia, violencia, egoísmo y venganza y sobre todo furia, contra lo establecido. 

Esto no quiere decir que no haya más de lo dicho, que el resto sea desdeñable, ni mucho menos, pero he tenido la mala suerte de que solo me llegó una pequeña parte del color. Lástima, me gustaría haber probado todo lo bueno, pero el noir ahora es infinito.

Como creo que debo reseñar lo innegable y olvidar lo sombrío, os dejo éstas, para mí, las mejores novelas negras en nuestra lengua que he leído este año, aunque no se hayan publicado en él. Tres, pocas, pero auténticas. Por supuesto que hay más…

Disfrútenlas, sin miedo a equivocarse.

Anuncios

Ya no quedan junglas adonde regresar. Carlos Augusto Casas. 2017.

Ya_no_quedan_junglas_Todo_negro_josevi_BlenderHay novelas que son un puñetazo en el estómago y otras que son un tiro a bocajarro. Ésta es de las segundas. Partiendo de niveles visto bueno, un tanto sentimentaloides, vamos entrando en espirales que no se auguraban en principio. Directos a la sorpresa.

Ritmo que gira, gira y te mete en un lío de la ostia. Acciones que transcurridas las páginas de la novela pierden importancia, no por habituales, sino porque van siendo sustituidas por otras más sorprendentes y salvajes hasta un clímax con final insólito e inusual. Creo que Tarantino debería echarle un vistazo, aquí hay material. Divertida violencia.

Teo, el Gentleman, es un jubilado de 70 años cuyo único consuelo vital es la comida semanal que comparte con Olga, prostituta. Nada de sexo, compañía únicamente. Olga aparece muerta y resucita la vitalidad que Teo tenía consumida por la vida gris del que ha alcanzado la senectud. Y se viene arriba, cada vez más altanero, arrogante y chulesco, hasta reconocer que le encanta sacar la pistola a pasear.

Hay que tener un motivo para seguir viviendo.

Y la venganza es uno de los mejores que he encontrado.

La venganza es el motor de la novela, la de Teo contra quienes gozan de privilegios e inmunidad. Un abuelito, peligroso y experimentado, sabe muy bien como cuidarse. Como él dice más de una vez “No tengo nada que perder”.

Una vuelta a reflexionar sobre cosas importantes: la mujer, vejez, poder, dinero, parias, intocables, suerte, dignidad, como siempre resumido en clases superiores y clases inferiores con distinta suerte ante la vida. En ambientes políticos más abusivos no sé si se la podría considerar a esta novela como subersiva. Dulcemente subersiva.

Hasta el prólogo, de Julián Ibáñez tiene su enjundia, canina en este caso. No os lo saltéis.

ficha_novela_Carlos_Augusto_casas_Todo_Negro_Josevi_Blender