Los golfos. Carlos Saura. 1961.

cartel de la película

Que llegue un director como Carlos Saura a un blog de género negro no es muy común. Su gran trayectoria no está basada en él, lo que no significa que no hiciera sus incursiones. Los golfos es una prueba de ello, además fue su primer largometraje.

Teniendo en cuenta la época y las circunstancias en que se rodó la película, la dictadura del tio Paco, tiene una intrahistoria particular.  Dos veces fue devuelto el guion por la censura con más tachaduras que páginas tenía, por lo que Saura y Pere Portabella, productor, optaron por rodar las escenas eliminadas y presentar la película a Cannes, donde fue seleccionada y optó al premio a Mejor película, por lo que si bien se estrenó posteriormente en España siguiendo las directrices de la censura, el público extranjero y, una vez acabada la dictadura, el español pudieron disfrutar de ellas. Un acierto.

1960

En cuanto a la temática, la delincuencia juvenil, no se le había prestado mucha atención por parte de productoras y directores salvo alguna excepción, como Día tras día de Antonio del Amo (1951) que la aprovecharon para dar a la población una lección de moralidad y donde el arrepentimiento y la culpa eran los verdaderos temas bajo el prisma de la Iglesia.

Sin embargo, Carlos Saura con Los golfos, dio un paso adelante convirtiendo la cinta en un ejercicio de realismo crítico y social y olvidándose del realismo costumbrista practicado hasta el momento. Desde el primer minuto avisa «Esta película se ha realizado completamente en escenarios naturales» y éstos eran los barrios periféricos que absorbían los migrantes rurales y que se convertirían posteriormente en los barrios de El Vaquilla o el Torete.

Escenarios naturales de la película.

Para ello huye de compasiones y condescendencias, manteniendo la distancia de unos personajes interpretados por actores debutantes, a excepción de Manolo Zarzo, que aumentaba el realismo. Pero les daba lo que se les había negado hasta el momento, la dignidad humana, los medios para conseguir los fines podían ser canallas pero éstos eran generosos y bienintencionados, ayudar a un amigo a salir de la miseria. Quizá la única oportunidad. Hay cierta comprensión hacia sus actitudes.

Julián, Ramón, Juan, el Chato, Paco y Manolo son unos amigos del barrio que se dedican a pequeños hurtos en el mercado de Legazpi con el que ganarse algún dinerillo. Se presenta la oportunidad de que uno de ellos pueda llegar a ser torero con lo que todos urdirán un plan para recoger el dinero necesario para que pueda debutar, un plan poco honesto.

Así que nada de otra película franquista para entretener al personal y al mismo tiempo perpetuar ideologías. Con toros, un espectáculo al que se recurre habitualmente y una de los pocas oportunidades de abandonar la miseria en esa época. Pero en este caso sin cuento de hadas de final feliz.

Puedes verla aquí.

Barrio. Ladislao Vajda. 1947.

Una interesante mezcla de cine policial más social. Ladislao Vajda no era un director que se prodigara mucho en el género negro, si exceptuamos la genial El cebo que rodaría once años después que Barrio.

Siempre se ha resaltado la gran influencia del expresionismo alemán y de Fritz Lang en su cine, esta película es un claro ejemplo con planos muy buscados, expresivos y una utilización de la luz que consigue que sean las sombras las que hablen y generen la atmósfera y estética que hicieron célebre el género.

En un mísero barrio se produce el asesinato de un vecino cobrador de facturas, desde el primer momento se sospecha del chulito del barrio (el Señorito) y de su novia, la cabaretera portuguesa (Ninon) sometida a sus influjos y de la que está enamorado don César uno de los más respetados y bien situados vecinos del barrio. Para descubrir al culpable se cuenta con el comisario Castro, listo como una zorra y al mismo tiempo con un corazón de oro. Exigencias del guión.

Jugando con la censura. Barrio, #cinenegro español de Ladislao Vajda . 1947.

En cuanto a la trama, no olvidemos que nos encontramos en poca franquista, donde no se podía tolerar que determinadas actitudes e ideas se difundieran libremente. La policía debía de mostrarse como inteligente, implacable y honrada, y el delincuente debía recibir su castigo. Quizá para exorcizar la censura, Vajda incluyó alguna escena que, personalmente, creo que podría haberse ahorrado, pero que al mismo tiempo pone de manifiesto una mentalidad bastante común o se intentaba que fuera común en la postguerra civil, culpabilizar al pobre por el mero hecho de serlo:

Sin embargo, Vajda, al igual que harían otros directores de la época daban a la censura con una mano lo que le quitaban con la otra. Así aprovechó para mostrar la pobreza o más bien miseria en que se encontraba la población tras la guerra civil. Para ello utiliza el barrio, al que describe con toda su crudeza. Me puedo imaginar la trama perfectamente entre decorados de ambiente lujoso hollywoodiense, pero es aquí donde la historia es más efectiva.

Entre el elenco podemos encontrar a Manolo Morán, que interpreta al comisario Castro al que el papel, dada su campechanía y locuacidad, le viene que ni pintado. Le acompañan además de Milú, Guillermo Marín y Fernando Nogueras, como Don César y el Señorito respectivamente.

También encontramos en el reparto a actrices que pasarían a la historia del cine y el teatro como las hermanas Caba Alba (Irene y Julia) e Irene Gutiérrez Caba, hija y sobrina de las anteriores, pertenecientes a una saga de actores que llega hasta nuestros días.

Otro pequeño fotograma de la historia del cine.