Regresa un desconocido. Juan Bosch. 1961.

Juan Bosch, repite película con Arturo Fernández como protagonista tras la exitosa A sangre fría. En Regresa un desconocido interpreta a un estafado con ganas de venganza. La asunción de un destino. Un argumento a veces un tanto débil pero que la habilidad estética y la interpretación de los protagonistas consigue salvar muy merecidamente.

Arturo Fernández

Ni un sólo policía que interfiera en una historia de motivaciones, decisiones y acciones. Un noir en toda regla. Una música sensacional a cargo de José Sola. Unos secundarios de lujo y todoterreno: Jorge Rigaud, Luis Induni o Pedro Osinaga que envuelven el papel de Arturo Fernández como nadie lo haría.

Una película de tramposos, muy coral donde los intereses unen y determinan las propias sendas. Un ambiente de grandes casas, timbas, clubs y pensiones de una oscuridad muy trabajada, sin dejar de lado el pulso a la calle.

El papel femenino, puro figurante, intrascendente y por eso de tener que colocar a la chica, a veces de un buenismo exasperante, simple Se lo podían haber ahorrado. La austríaca Edith Elmay al frente.

Edith Elmay

Es mejor ver las mejores secuencias:

Brigada criminal. Ignacio F. Iquino. 1950.

Muchas cosas se han hablado ya de Brigada Criminal. Que si es una pionera del género criminal en España junto a Apartado de correos 1001. Que si fue nacimiento del cine negro barcelonés. Que si fue la catapulta de la productora IFI (Ignacio Ferrés Iquino que también es el director de esta cinta) para convertirse en el referente de la producción criminal y cinematográfica en general en este país durante la década de los cincuenta.

Es verdad, no se puede negar. IFI se convirtió en modelo de lo que se haría durante la década dentro del género. Cambió las maneras de hacer de años anteriores. Modernizó estéticamente, a la manera del norteamericano, pero al mismo tiempo encubría lo que el cine negro norteamericano proponía a los espectadores y que el español no podía permitirse. La salvaguarda de la conciencia nacional de postguerra. Nada de corrupción policial, nada de medias tintas, nada de crítica social.

Con brigada criminal se iniciaron nuevas maneras de utilizar la cámara, más documentalista, más exterior, más realista, utilizando como hacían otros esas luces y sombras que tanto apreciamos en Raoul Walsh o el mismo Orson Welles. Además se basa en sucesos de la actualidad periodística, pero solamente era una pura (o puta) manifestación estética. Un intento de asimilar los cánones únicamente formales del exterior y quien se atrevió a ver símiles con el neorrealismo italiano y con la veracidad. Cosas de estómagos agradecidos. El hábito no hace al monje. Para mí lo realmente importante de ese negro, noir o criminal, como queramos llamarlo, era la crítica de ese ámbito social en el que vivimos, que se nos muestre en su real dimensión.

Fernando, José Suárez, sale de la Escuela Superior de Policía de Madrid como agente de policía. Mientras se encuentra en un banco unos atracadores entran y perpetran un robo. Solicita encargarse del caso, pero sus superiores deciden que es demasiado pronto y le encargan el robo cometido en un garaje donde debe infiltrarse para capturar a la banda. Con un argumento convencional e ingenuo, la importancia del fin radica principalmente en su ideología, declarada en el primer fotograma:

Estas alabanzas eran habituales en el cine criminal de IFI. Y según Román Gubern, es «la primera apología abierta del cine español en honor de este cuerpo policial».

En seis películas del género de IFI (produjo veintitrés en la década) los policías son protagonistas. Intentó conseguir, con presupuestos bajos, algo de acción y espectacularidad, para mostrarnos las interioridades de un trabajo policial arquetípico e ideal que fue progresando con los años y profundizando en aspectos más humanos y psicológicos.

Pero parece ser que no fue todo objeto de una planificación concienzuda, muchos factores que hicieron posible la película fueron fruto del azar. Iquino declaró que la película «nació con la idea de darle trabajo a José Suárez que tenía contratado por algún tiempo. Quería convertirle en galán». Además, en vez de rodarse en Barcelona se hizo en Madrid y sus alabanzas hacia el estamento policial parecen ser que perseguían sobre todo conseguir buenas calificaciones de la censura lo cual, dado el sistema imperante, le permitiría acceder a más y mejores financiaciones y subvenciones. Era lo que había.

Lo peor de la película es su dependencia del mensaje que no permite extraer todo el potencial que tiene el argumento. Sin intentar disculpar ni tampoco criticar fue un extraño producto con una vanguardia estética dentro del cine español acompañada al mismo tiempo de un conservadurismo ideológico propio del periodo histórico en el que se produjo.