Soy un fugitivo. Mervyn LeRoy. 1932.

soy-un-fugitivoCon esta película del distinguido Mervyn LeRoy, nos volvemos a encontrar con otra pieza clave de la historia del cine negro. En este caso en lo referente al cine carcelario o penitenciario.

Este auge como nueva tendencia dentro del género, provocada en parte por un intento de regeneración del primitivo cine de gánsteres dentro de la política del New Deal de Roosevelt, denuncia las condiciones de la población penitenciaria dentro de un marco donde se denuncian los males de esta sociedad en este momento o se analizan las causas del origen de la delincuencia.

Es cierto que el cine carcelario, ya contaba con unos antecedentes como El presidio, 1930, de George Hill o Código Criminal, 1931, de Howard Hawks, pero la novela del mismo título de Robert E. Burns, en que se basa la película, alcanzó tal repercusión pública y política, que provocó que la película comenzara a rodarse tan sólo siete meses después de su publicación.

La película cuenta la historia de James Allen, interpretado por Paul Muni, un héroe de la primera guerra mundial que decide labrarse un futuro apoyándose en las publicitadas ideas de libertad e igualdad de oportunidades, pero que por culpa del azar se ve condenado a trabajos forzados en una penitenciaria del estado de Georgia. Este suceso es aprovechado por LeRoy para mostrarnos las duras condiciones de vida en una chain gang, una cárcel donde los presos se encontraban encadenados permanentemente y donde las vejaciones son el orden diario de funcionamiento. Tras escapar de ésta y labrarse en el anominato y la falsa identidad una reconocida posición social, vuelve a la cárcel denunciado por su interesada esposa y unas autoridades estatales regidas por la moral conservadora imperante.

A partir de este momento la trama de la película vira desde la denuncia social hacia la persecución del individuo y las consecuencias que se derivan para éste de un sistema rígido para el ciudadano normal, pero permisivo para conocidos criminales y traficantes, donde el sistema judicial no queda muy bien parado.

Se sigue el mismo esquema del anterior cine de gángsteres, pero tienen mayor peso los aspectos melodramáticos.

Denunciada por jueces y funcionarios de prisiones, condujo en cierta manera a un cambio en el sistema penitenciario y a la abolición de la duras chain gangs.

FICHA TÉCNICA:

Título original: I Am a Fugitive From a Chain Gang.
Año: 1932.
Duración: 90 min.
Director: Mervyn LeRoy. Warner Bros.
Guion: Robert E. Burns, Sheridan Gibney y Brown Holmes, según la novela de Robert E. Burns.
Música: Leo F. Forbstein.
Fotografía: Sol Polito.
Reparto: Paul Muni, Glenda Farrell, Helen Vinson, Preston Foster.

 

La pelirroja. Jack Conway. 1932.

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Uno de las grandes cintas de la época precode cuyo existencia trajo de cabeza a más de un censor y a más de dos asociaciones religiosas promoral pública tan de moda en los EEUU postcrisis del 29.

Dirigida por Conway en 1932 se aleja de cualquier convencionalismo. No se trata en sí de una película del género negro, aunque su importancia radica en el plantemiento de los resortes sociales disponibles para la mujer en una época en que la supervivencia era más un derecho que una opción.

Harlow

Lil, interpretado por la más bella Jean Harlow, pelirroja deslumbrante (lástima que el cine en blanco y negro no nos permita disfrutar) trabaja como administrativa en la compañía del rico, apuesto y casado Bill Legendre Jr., enamorado perdidamente de su esposa Irene. Lil no se conforma con su nivel de vida y desea elevar su estatus social, por lo que no dudará en emplear sus más provocativas artimañas para romper el matrimonio del millonario Bill y proceder a su caza y captura. Pero no le basta con esto, desplegando un erotismo directo, descarado y agresivo, sigue con su estrategema de llegar a lo más alto.

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Película imprescindible para los que deseen explorar la audacia en las temáticas sexuales que abordaba el cine antes de la censura, inaceptablemente escandalosa para los mojigatos religiosos de la época.

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Estéticamente, aún es muy deudora del cine mudo, maquillaje, interpretación de los actores donde la expresividad corporal y facial tiene un gran desarrollo. El cantor de jazz se había estrenado tan sólo 5 años atrás.

Para aquellos que quedéis rendidos a los pies de Harlow, el sex-symbol de los años 30, que sin duda lo haréis, no podéis perderos sus más recordados papeles. El de esposa vulgar y graciosa, pero no estúpida, en “Cena a las ocho” de George Cukor y los interpretados en “Mares de China” de 1935, en una interpretación más agradable y donde desplega mejor sus cualidades de actriz, y Saratoga, de 1937, éstas dos últimas junto a Clark Gable.

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¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VIVA LA HARLOW!!!!!!!!!!!