Ya no quedan junglas adonde regresar. Carlos Augusto Casas. 2017.

Ya_no_quedan_junglas_Todo_negro_josevi_BlenderHay novelas que son un puñetazo en el estómago y otras que son un tiro a bocajarro. Ésta es de las segundas. Partiendo de niveles visto bueno, un tanto sentimentaloides, vamos entrando en espirales que no se auguraban en principio. Directos a la sorpresa.

Ritmo que gira, gira y te mete en un lío de la ostia. Acciones que transcurridas las páginas de la novela pierden importancia, no por habituales, sino porque van siendo sustituidas por otras más sorprendentes y salvajes hasta un clímax con final insólito e inusual. Creo que Tarantino debería echarle un vistazo, aquí hay material. Divertida violencia.

Teo, el Gentleman, es un jubilado de 70 años cuyo único consuelo vital es la comida semanal que comparte con Olga, prostituta. Nada de sexo, compañía únicamente. Olga aparece muerta y resucita la vitalidad que Teo tenía consumida por la vida gris del que ha alcanzado la senectud. Y se viene arriba, cada vez más altanero, arrogante y chulesco, hasta reconocer que le encanta sacar la pistola a pasear.

Hay que tener un motivo para seguir viviendo.

Y la venganza es uno de los mejores que he encontrado.

La venganza es el motor de la novela, la de Teo contra quienes gozan de privilegios e inmunidad. Un abuelito, peligroso y experimentado, sabe muy bien como cuidarse. Como él dice más de una vez “No tengo nada que perder”.

Una vuelta a reflexionar sobre cosas importantes: la mujer, vejez, poder, dinero, parias, intocables, suerte, dignidad, como siempre resumido en clases superiores y clases inferiores con distinta suerte ante la vida. En ambientes políticos más abusivos no sé si se la podría considerar a esta novela como subersiva. Dulcemente subersiva.

Hasta el prólogo, de Julián Ibáñez tiene su enjundia, canina en este caso. No os lo saltéis.

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