El último buen beso. James Crumley. 1978

el-ultimo-buen-beso-james-crumleyPrimera novela de Crumley con C. W. Sughrue de protagonista. Un alcohólico ex oficial del ejército en Vietnam que se convirtió en investigador privado, y que ha aflojado el ritmo con la bebida tras tocar fondo, cuando se vio en un tugurio en el que limpiaba retretes y ceniceros para pagarse las copas: “Intento ir dos copas por delante de la realidad y tres por detrás de la borrachera”.

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Mientras trabaja en un bar de topless de Montana recibe el encargo de encontrar a un escritor en paradero desconocido. Sin que Sughrue lo pretenda, su búsqueda le llevará a interesarse por la desaparición de una joven diez años atrás en San Francisco. Esta nueva tarea, sin embargo, se convertirá en un intrépido viaje a las entrañas de una nación que sufre las consecuencias psicológicas de una guerra, con sus pesadillas y sus sombras aflorando a cada paso, transformándose poco a poco en una road movie, horas de viajes interminables a través de ciudades de medio pelo habitadas por satisfechos pueblerinos, desconfiados, en un ambiente semblante al mejor Thompson.

Una historia de derrotados, de inadaptados, de búsqueda de la esencia de la vida, del amor, de los sueños y de anhelos, de la gran pregunta del por qué y para qué. Con ese sabor amargo de lo deseado e inalcanzado.

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Tenemos una novela negra con todas la referencias del género, pero con un alto contenido en literatura de la buena, con lecturas tan variadas como personas somos. Algo más que acción, la trama es una excusa con la que Crumley nos adentra en pasiones e indaga en plantemientos esenciales de la vida. Preparados para reflexionar. Con una gran calidad poética en muchos pasajes. En términos musicales podría acompañarla cualquier canción de Van Morrison.

Una referencia del género.

La segunda novela con Sughrue de protagonista, ‘The Mexican Tree Duck’, ganó el Premio Dashiell Hammett de 1994 para la Mejor Novela Policial.

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Chump Change. Dan Fante. 1998

chump_change_portadaUna de las máximas de todo buen matón es mirar siempre detrás. Y detrás de Fante encontramos a su padre John y sus colegas del realismo sucio como Bukowski o Carver. Os podéis imaginar. Frases cortas, ideas claras, movimiento, para que la gente entienda todo fácilmente.

Un descenso a los infiernos. El infierno de un alcohólico, quizá por empatía paterna, quizá por pesimismo, por desesperación, vaya usted a saber, que es muy listo y psicoanalista en sus ratos libres. Agravado con el viaje hacia el encuentro con las últimas horas de vida de su padre, que es de lo que va Chump Change.

Fante sólo se baja del escalón de la procacidad cuando recuerda la vida de su padre y su relación con él. Mientras tanto borracheras que duran semanas, orgias, violencia, descontrol, odio, mezquindad, tendencias suicidas e incluso escatología, y al final degradación humana. Y lo que es peor, sin interés en la redención.

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Escrita en clave autobiográfica, en primera persona, te diré que vayas preparando tu hígado para aguantar unos asaltos, y de paso prepara el estómago, el corazón y la razón. Fante declaró que comenzó a escribir “por no pegarse un tiro en la cabeza”

Pero no sólo transita la novela por los sentimientos personales, también acusa a la sociedad en la que vive del mundo y personas que ha creado, a la que tacha de hipócrita y superficial. “La razón por la que mi padre nunca había franqueado la puerta grande de cine era porque los productores solo sabían reconocer el talento narrativo si se lo traducían antes a ese formato parar memos llamado comedia de situación” “América se parece más a lo que yo describo”

 

Esta novela convertirá a los autosatisfechos de leer y escribir mucha novela negra, esa de asesinatos cometidos por desgraciados, en una sociedad cuasiperfecta que vela por nuestro bien, pero que un mal día no fueron capaces de controlarse, casi siempre por sexo o dinero y que al final son castigados por mal comportamiento. Aunque Bruno Dante no sea precisamente un ejemplo de autocontrol y sí de desequilibrio.

Una desesperanza triste de quien está abocado, y lo sabes, al fracaso y la ruina. Una novela que sólo se puede leer desde los intestinos pero entrenando el resto de los órganos. Más que una lectura, un combate es lo que te espera. Prepara el linimento.

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Cuidadín los bienpensantes. Una llamada desde lo más profundo del arroyo.

Ah! y como casi siempre, una portada especial para esta novela especial.

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La mirada del observador. Marc Behm. 1980.

Obsesión, podría ser perfectamente su título. Oscilaciones emocionales entre todos los estados mentales.La mirada del observador

El Ojo, apodo ideal para un detective, es el personaje principal y narrador que arrastra, desde hace veinticuatro años, la desaparición por voluntad propia de su mujer y su hija . Únicamente conserva una fotografía de su hija con un grupo de compañeras de clase y ni siquiera sabe quién es. La única posesión que merece la pena conservar.

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La historia comienza con un rutinario caso de seguimiento en el que el Ojo presencia un asesinato por parte de una mujer. A partir de aquí la obcecación de nuestro detective por esta viuda negra, a la que no puede dejar de seguir, abandonando su vida actual a la que no tiene mucho apego, todo sea dicho. Jugando a ver sin ser vistos, a espiar, a seguir en la sombra a esta mujer con mil nombres diferentes. Podría decirse que es una historia de amor, amor profundo, que se siente pero sin citarlo en ningún momento. Amor en mayúsculas sin deseo de contrapartida. Y con Hamlet omnipresente en toda la obra.

Novela negra al margen de los estereotipos. Una huida constante y permanente de pasados dignos de olvidar. Y cuando se huye sin rumbo y sin objetivo la vida no depara nada bueno.

Quienes gustan del género negro, pasen y lean a un autor que no tiene el reconocimiento que se merece. Y para quienes además, tienen una especial predilección por una fuerte carga psicológica, no pueden relegarla más.

Marc Behm
Marc Behm
Escritor y guionista americano, se instaló en Francia tras la Segunda Guerra Mundial y fué allí donde escribió la mayoría de sus obras. En el mundo del cine su obra más conocida como guionista es Charada de 1963. En novela La mirada del observador es su obra maestra del género negro.

La jungla de asfalto. W.R. Burnett. 1949

Una de banda de ladrones.

Englobada en las crook stories, pero en las que el protagonismo no es del detective sino del delicuente. No sólo cuenta su historia, sino que lo hace desde su mismo punto de vista.

Por ello, los pensamiento de estos sujetos que viven al límite afloran a través de reflexiones  sobre la vida y la muerte, o dicho de una manera más romántica, nos enseñan también su pequeño  corazoncito, marcado por la soledad y el infortunio. Aunque de angelitos nada de nada.

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Concebida como una novela coral armoniza una multitud de vidas tan variadas como personajes tiene, muy bien definidos en sus caracteres y en sus motivaciones, muchos de ellos estereotipos y los une a  todos en una buena trama donde ninguno de ellos es accesorios y que potencian la historia.
Y es que Burnett es un clásico del género norteamericano, pero del crimen surgido de la Gran Depresión, abandonado en cierta manera la historia de gansters que era la tónica dominante en estos años y donde justifica, al menos sentimentalmente, el comportamiento del delincuente. Y es que algunos de ellos, como Dix, me llegaron al corazón. En el fondo un sentimental.

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Tiene sustanciales contrastes con otras crook stories. Me acordaba de Un diamante al rojo vivo de Westlake. El tono es por supuesto muy diferente. Mientras que en la novela de Westlake el humor y lo absurdo está siempre presente en la de Burnett, el clasicismo de la novela americana de los 40 es su nota definitoria. Pero claro, entre una novela y la otra hay, nada menos que 20 años de diferencia.

No puedo dejar de mencionar, la adaptación cinematográfica de gran relevancia en la historia del cine negro dirigida por John Huston, en 1950.

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Escribió unas treinte y seis novelas y unos sesenta guiones. Se traW.R.Burnettsladó a Chicago a finales de los años veinte, cuando Al Capone dominaba la ciudad. Ese ambiente inspiró su primer éxito, El pequeño César, llevado al cine en 1930. A partir de entonces Burnett tuvo una estrecha relación con Hollywood, y fue uno de los guionistas más importantes del cine negro con títulos como El último refugio.

Cuando el título lo dice todo.

He pensado cuál sería la imagen de una portada que mejor representara a los clásicos míticos de la novela negra. Tras profundas discusiones con mi vaso, rellenado varias veces, acordamos que nada puede simbolizarlas mejor que el propio título. Así que ni corto, pero si perezoso, diseñé tres portadas de estos tres clásicos en los que el texto es su principal protagonista.

Añadí un par de marcas, la omnipresente farola de las noches urbanas y el papel pintado que tantas veces hemos visto en los escenarios del cine negro.

Espero os gusten. Más en…

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American Noir (II). 2010

Por aclamación popular del deseo de inmersión en las profundidades del alma, voy a contar un poco más sobre los relatos quedescarga incluyen esta antología negra que publique en otro post para que tengáis una idea más profunda de las píldoras negras con que os vais a encontrar y como se expresa lo siniestro.  Vamos con ellos:

  • Pastorale, es el primer cuento que publicó James M. Cain, autor de “El cartero siempre llama dos veces” o “Perdición”. En él brilla la trama que compone la mayoría de sus obras: hombre que se enamora de una mujer y pierde la cabeza por ella. De ambiente rural tiene una gran dosis de realismo en un lenguaje de jergas. El desenlace estrámbotico.
  •  ¡Muere!, dijo la dama, de Mickey Spillane, creador del Capitán America, y de su personaje más famoso Mike Hammer, es un relato más costumbrista y de altas esferas sociales, marcado por traiciones e infidelidades y con una venganza superior y singular.
  • Para siempre jamás, de Jim Thompson, autor también de “1280 almas” o “El asesino dentro de mí” nuevamente volvemos a un tipo manipulado por los encantos de una mujer madura. Sin embargo, no todo sale como se espera y el final deja un desasosiego general.
  • Lenta, lentamente al viento, de la señora Highsmith, cuenta una historia de codicias e impunidades, y la impredecibilidad del destino en un ambiente rural entre hombres no tan rurales.
  • En Desde que no te tengo, de James Ellroy, el mejor escrito, aunque no la mejor historia, tenemos a un misterioso hombre de confianza de dos grandes capos de la ciudad, uno de ellos el excéntrico Howard Hughes, que tienen un enfrentamiento por una mujer, como no, y que nuestro protagonista se ve en la difícil tarea de que ambos se salgan con la suya, sin que se note demasiado. Por dinero, eso si.
  • Infiel, de Joyce Carol Oates, de la cual reconozco mi ignorancia, escribe un relato de lo más cotidiano, de lo más anodino incluso, no ya en el desarrollo sino incluso en la trama y que estuvo a punto de hacer abandonarme a mis vicios, y que me alegro de no haberla dejado, mi hígado se lo agradecerá, porque tras una historia de traumas infantiles e historias simples se esconde el horror.
  • Cuando las mujeres salen a bailar, de Elmore Leonard, otro desconocido para mí hasta la fecha. A partir de la relación criada-señora emergen odios, ambiciones, y donde se descubren las verdaderas personalidades  de sus protagonistas. Tiene un desenlace bastante predecible desde el principio. Para mí, la más floja.

De los otros tres cuentos ya dije lo que tenía que decir en el anterior post, por consejo de mi abogado,

Tomemos una copa mientras lo hablamos.

American Noir (I). 2010

Vamos con una frase de Otto Penzler, en el prólogo del libro: “Si usted encuentra algo de luminosidad o comicidad en estas páginas, insistiré en recomendarle que acuda a la consulta de algún especialista en trastornos mentales.” Por supuesto nada que añadir a lo que me espera en estas negras páginas.

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“La fascinación de lo negro está en la fuerza de la renuncia moral y de la entrega a la excitación”, “El destino maligno tiene un poder enorme e impredecible y ninguno de nosotros está a salvo”. Dos frases del gran James Ellroy en la introducción del libro y que continua anunciando la buena nueva.

Y es verdad, éste es un libro de narrativa negra, pero con mayúsculas, presentando historias existenciales, pesimistas, sobre gente con graves carencias, gente moralmente cuestionable, incluyendo especialmente a sus protagonistas.

Si también es verdad que a pesar de ser relatos norteamericanos únicamente, esto no resta un ápice a la gran calidad de los mismos. Ya lo dice su título, American Noir. Además su ámbito temporal abarca casi todas las décadas, siendo el más reciente del año 2000.

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Aquí teneís un listado de los relatos incluidos en esta antología. En él no encontraréis a ningún policía, detective, huelebraguetas, inspector o investigador. Son historias de gente corriente con vidas no tan corrientes, aquejadas de desconfianza, ambición y marcas que deja de la vida.

Se podría hacer un comentario de cada relato, pero como eso me convertiría en el pesado de los blogs, voy a destacar dos: “Como un hueso en la garganta” de Lawrence Block por su sangre fría, y “Quedarse sin perros” de Dennis Lehane por mostrarnos el horror en la cotidianeidad. Muy perturbadores ambos. Y sólo mencionaré, además, “Un profesional” de, mi querido David Goodis, por dejarnos ver como puede instalarse la crueldad en el ser humano y de paso no tener que “acudir a la consulta de algún especialista en trastornos mentales” como nos advierte Penzler en la primera página.

Debería haberse títulado “LA BÍBLIA NEGRA”. Cuidado con los enfermos del alma.

Ficha técnica:

  • Editorial Navona
  • Año edición Noviembre 2014
  • Autor VV.AA. Edicion a cargo de James Ellroy y Otto Penzler
  • ISBN 978-84-92840-99-1
  • Número de páginas 344