Laidlaw. William McIlvanney. 1977

todo_negro_laidlaw_portadaPara finalizar el año, lo mejor que he leído hasta ahora, Laidlaw. Un duro golpe en el estómago desde la crudeza y la especial moralidad de tierras escocesas donde el aroma del whisky y antros ancestrales acompaña las tardes lluviosas. Un tartan en toda regla, barra de medir de la denominación de origen del subgénero.

Jack Laidlaw es un inspector, cercano a los cuarenta, muy enraizado a su terruño con reflexiones sobre su medio natural desencantadas:

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Lector de Kierkegaard, Camus y Unamuno “como si fueran una provisión encubierta de alcohol”, su mujer piensa de él que “era como si su carrera como boxeador aficionado se hubiera extendido a su vida social, si bien no en el plano físico”.

La trama de la novela gira en torno a la investigación de la violación y asesinato de una adolescente, cuyo cuerpo aparece en un parque público. Incurso en ella, Laidlaw recibe la ayuda del detective Harkness, su contrapunto holmesiano, con un tratamiento de las interrelaciones diferentes en cuanto a la forma, pero en el fondo con su mismo sentido doctrinal y existencial. Deben encontrar al asesino antes que el padre de la víctima para evitar que este se tome la justicia por su mano, en una actitud extrañamente comprensible para todos los implicados en el asunto.

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Un viaje a través de Glasgow  y sus zonas especialmente obreras y conflictivas, la mayoría de las veces en autobús, nos muestra una ciudad alejada de posibles contaminaciones de la industria turística.

Por ella transcurren hampones consentidos dueños de vidas y destinos, barrios del extrarradio de instintos primarios, donde la violencia es el arma preferida. No sólo es dura sino también triste, sin esperanza de vida. Personajes que dejan con una verdadera lágrima a punto.

Una lectura que destila humanidad en todas sus páginas, en todas ellas te encontrarás algo que te haga detenerte a saborear y considerar el muestrario de pensamientos y sensaciones que emana.

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Novela premiada con el premio Silver Dagger, inició una trilogía del inspector Laidlaw formada por, además, “Extrañas lealtades” de 1991 y “Los papeles de Tony Veitch” de 1995.

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Hay que matar a Lewis Winter. Malcolm Mackay. 2016

hay_que_matar_a_lewis_winter_malcolm_mackay_josevi_blender_todo_negroNovela tartan noir, a pesar de los aspectos polémicos de esta denominación, suscitados por autores encuadrados en la misma, como McIlvanney , considerado iniciador de este subgénero. Pero eso sería entrar en disquisiciones teóricas para las que, reconozco, no me encuentro preparado. Ni tampoco me interesan mucho. Quizás Val McDermid e Ian Rankin son los que deberían opinar al respecto.

Primera novela de Mackay dentro de La trilogía de Glasgow, única publicada en castellano. Con una trama centrada en el asesinato, como no de Lewis Winter, su investigación y resolución. Con policías y hampa como elementos confrontados. Sin embargo es mucho más que eso, trata los entresijos de la vida de un sicario, y por ende, del mundo del hampa. De la cotidianeidad que también posee este trabajo, muy ligada al destino y la capacidad de supervivencia de la delincuencia escocesa.

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Sicario en sus aspectos más íntimos, sus preocupaciones, sus miedos a ser descubiertos e implicados. Un manual de buenas prácticas desde un punto de vista objetivo y con una naturalidad que pone los pelos como escarpias. Un sicario debe ser solitario, comedido, metódico, disciplinado, debe saber convivir con la incertidumbre, debe saber leer, a partir de indicios en prensa, como está desarrollándose la investigación con la finalidad de saberse más o menos a salvo, en definitiva de disminuir los riesgos. Clave para una actuación profesional. Una conseguir una buena reputación dentro del gremio, el gremio de quienes participan de esta forma de vida.

Una novela donde las mentiras tienen las patas muy cortas, donde la policía tiene los brazos atados muchas veces, y otras se vende al mejor postor y donde se descubre una sociedad escocesa paralela a la superficial.

Narrativamente, el autor apela directamente al lector con frases tan poco habituales como “…por si te interesa”, y al menos en mí, consigue cierta empatía con Calum, nuestro protagonista, ajeno a disquisiciones morales de cualquier tipo. Es su trabajo, debe realizarlo bien y de manera segura. Y al final creo que tal minuciosidad y seriedad en el desarrollo de una tarea debe encontrar una recompensa, la de salirse de rositas.

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Una historia con una visión diferente.Deseando leer las siguientes entregas, de profundizar en este nuevo personajes dotado de una humanidad poco conseguida en el género.

Trilogía de Glasgow:

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