Los ciervos llegan sin avisar. Berna G. Harbour. 2015.

Me he llevado una grata sorpresa con esta última novela de Berna G tras las dos primeras de la comisaria Ruiz, más del género policíaco que del negro, y que me dejaron un poco frío, la verdad. Prescindiendo de la comisaria Ruiz, un tanto heróica, utiliza a personas anónimas como protagonistas.

los_ciervos_llegan_sin_avisar_Berna_HarbourLa historia es ésta: Carmen es testigo del accidente de un camionero del que desconocerá su destino. El caso se resuelve sin más. Veintidós años más tarde en medio de una crisis económica, personal y existencial se plantea conocer el destino del camionero y de su familia, de la que posee una foto conservada del escenario del acidente. Se aferra al esclarecimiento de este suceso como una manera de iniciar una nueva etapa de su revuelta vida, como ella misma la define.

Una desempleada que disfrutó de la lujosa vida de financieros y que la crisis ha llevado al borde del deshaucio. Separada, con amante casado y sufriendo la búsqueda de un nuevo camino, vital para sacar adelante a su hijo. Una muestra de las consecuencias de la crisis, una nueva realidad social, una crítica social que incluye cualquier novela negra que se precie, pero como dice mi amigo Nacho Borraz “no utiliza la crisis como el telón de la acción sino como el detonante de la misma”.

Comencé la novela con prejuicios, pero descubrí un salto en esto de la negritud. Ha bajado un escalón, ha descendido un nivel en la escala de grises. Una historia que no se queda en la piel de los personajes, sino que los hurga para mostrarnos sus complejidades emocionales y sentimentales. Tiene un gran componente psicológico.

Para ello se ha dotado de unos actores empotrados de lleno en la realidad de la crisis, situando a Carmen en medio de la vorágine. Varios, pero pocos, son los secundarios que la acompañan: Miguel, su ex-amante y ex-jefe, un lince de las finanzas y de la manipulación; Daniel, un foráneo de su mundo; Marga, compañera en las consecuencias de la crisis; Julián, un ex con muy mala leche; el Rey loco, un psicópata resentido, y alguno más.

Lo dicho, una novela de Berna G. Harbour más negra que las anteriores.

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Montecristo. Martin Suter. 2015.

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Conociendo que los límites de la novela negra, policíaca o de suspense son difusos, Martin Suter nos propone, como si no lo supiéramos gracias a nuestra inmensa imaginación, los tejemanejes, chanchullos y maquinaciones de políticos, financieros y medios de comunicación. Sólo de Suiza, pero claro, ¿quién no depende hoy en día de un banco suizo?

Rozando el oportunismo y el candelero de escándalos como la lista Falciani, es una novela que viene al pelo, por ello se la considera la novela más política de Suter. Arrea en la línea de flotación de los detentadores del poder.

En ella nos cuenta, con una prosa amena, ligera y fácil, sin entrar en conceptos económicos que podría obligar a abandonar el libro, el caso de Jonas, el protagonista, un periodista de frívolas noticias con ínfulas de director de cine que, como en muchas otras novelas, se ve involucrado de manera involuntaria en la mayor trama corrupta nunca conocida y que podría poner en peligro la situación del mundo tal y como lo conocemos. Ahí es ná.

Sin embargo, esta trama poco novedosa, la desarrolla con una buena novela. Con personajes muy bien delimitados personal, moral y profesionalmente, tiene una capacidad muy grande para que una vez se empieza, no poderla abandonar como si de una taza de café frío se tratara. Los sucesos relevantes los situa bien repartidos a lo largo de la novela para despertar la curiosidad. El final conspiranoico, quizás es la nota más discordante de toda la historia.

Para mí, tiene una lectura muy recomendable y una pregunta muy delicada: ¿Qué estarías dispuesto a sacrificar por conseguir tus sueños?  Jonas, con el guión de su “gran” película paseada y rechazada por muchas productoras, consigue, por arte de birlibirloque, los medios para realizarla en plena investigación. ¿Casualidad o es que el chico vale mucho? ¿El dinero compra la conciencia?. Averígualo.

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Gran portada de novela negra.

Como siempre que navegas por los mares de la red te encuentras gratas sorpresas. En este caso con una portada de novela negra, o policíaca en este caso porque la editorial Siruela la incluye en ésta, su serie policíaca. Su autor, como siempre en casos de portadas…..desconocido.

Creo que más negra no puede ser:

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A cada cual lo suyo. Leonardo Sciascia. 1966.

Mi ignorancia nuevamente. Sciascia solo de oídas. Que placer leerlo.

Con ella he viajado al origen de las novelas negras de tradición mediterránea de ambientes y tramas austeros, sin artificios, donde enraízan las maneras de ser y actuar de la sociedad siciliana extrapolables a la italiana en general.

Utilizando un tono bastante didáctico, con la ironía y los diálogos como herramientas, va más allá del mero relato novelado reflejando su ideología en temas de gran transfondo social como la hipocresía de la turbia sociedad siciliana, las contradicciones del catolicismo o el papel
secundario de la mujer.

Una novela que, como Los crímenes de la calle Morgue de Poe en el ámbito sajón y su primitivo lenguaje, es un pilar básico sin el que no es posible entender la novela negra italiana y por añadidura del Mediterraneo.

Con “A cada cual lo suyo”, Sciascia demuestra que puede hacerse una joya negra en poco más de cien páginas y al mismo tiempo evidenciar una visión de la realidad, en su caso desencantada y apesadumbrada, a través de los recursos propios del llamado género negro,y de la que no es posible librarse de su recuerdo cuando se leen o releen al resto de autores negros italianos. El final de la novela es un claro ejemplo de esta visión.

¿Cuán deudores son de ella autores como Camilleri o de Giovanni o Vichi o lo serán los futuros escritores del género?

Sencilla y a la vez imprescindible.

Margen de error. Berna G. Harbour. 2014

Escuhé en una entrevista radiofónica a Berna, permítaseme la familiaridad por el afecto que profeso a la comisaria Ruiz, que sus autores de cabecera eran Chandler y Camilleri. Pues bien, con esta novela, rinde tributo a los mismos.

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En una trama que firmaría el mismísimo Chandler, dota de una caracterización y familiaridad a los personajes digna de Camilleri.

Es una novela donde se tejen diferentes historias donde ni sobra ni falta nada, donde cada elemento tiene su peso y magníficamente resuelto y conectado a los demás y que confluyen en una resolución final donde alcanza el climax un ritmo narrativo progresivo conforme transcurren las páginas.

No me extrañaría que más de uno se la hubiera leído del tirón. 

Sencillamente ejemplar. Leelá, leelá, leelá.

El gran frío. Rosa Ribas. 2014.

Evocador. Dada mi edad, este libro, que transcurre a finales de la década de los 50, llamaba constantemente a mi nostalgia, nostalgia entendida únicamente como tiempo pasado no necesariamente añorado.

Esta nostalgia extraña, se cimenta en lecturas de El Caso que mi abuelo se dejaba en el revistero al lado de la radio, vaya lectura para un niño; en la vivencia de las festividades católicas y su alteración de la cotidianeidad impregnadas de una intransigencia y fanatismo religioso dignos de siglos anteriores y de las que no era consciente.

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También el costumbrismo que nace de la novela, ha sido uno de los impulsos que me han hecho sucumbir a ella. La sorpresa que producía un revelado de fotos, en el que nunca sabías como y que iba a salir, acontecimiento perdido en un pasado no tan lejano. La atmósfera de represión religiosa ante todo aquello que pusiera en duda los cánones de la fe. Los transportes que embarcaban al viajero en una aventura. La carencia de las cosas más elementales. Los eufemismos como el “colorado” o “encarnado” para referirse a todo aquello que fuera de color “rojo”, que yo lo oí decir, en este caso, a mi abuela.

En cuanto a los recursos de la narración, no quiero dejar de señalar a Mauricio, un entrañable tonto del pueblo, en el que a través de su simplicidad, y de lo acertado de capítulos exclusivos dedicados a su discurso, se reflejan las maneras de pensar de una época que me producen nostalgia, al mismo tiempo que alegría de su superación.

Para no perdérsela.

No acosen al asesino. José Mª Guelbenzu. 2001.

No era lo que esperaba. Creía que iba a descubrir un nuevo autor de novela negra consagrado, pero no fue así. Conforme más leo novela negra más me doy cuenta de lo ignorante que soy en materia de autores y títulos y lo mucho que me queda por leer. Y creo que sé porque éste autor no me aparecía en esa lista que todos tenemos de “libros por leer”.

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Se puede decir que es novela negra, porque tiene asesino, investigador (jueza de Marco en este caso), misterio, pero poco más. Vaya peñazo. Con un ritmo insufrible y desesperante, aburre hasta al más pesado. Capítulos inconexos que cuentan situaciones que ni vienen al caso ni vendrán en toda la novela. Hechos importantes que luego no se traducen en nada. A veces me recordó un culebrón de los que puedes ver transcurridos diez capítulos que te encuentras en el mismo punto. Y una resolución del caso….bueno no cuento los detalles por si alguien tiene la osadía de tragárselo.

Yo creo que ha intentado coger un poco de aquí y de allá: transfondo conservador de gente bien, tipo Agatha Christie, el punto de vista del asesino extraído de Jim Thompson (ya quisieran algunos) del que va y viene. En fin un batiburrillo de todo aquello que leyó.

No sigo porque no merece la pena hablar más de él. Ni tú tampoco que lo leas. 

Aunque ya sabes, cualquier proceso creativo merece un respeto, aunque unos más que otros.