Anatomía de un asesinato. Otto Preminger. 1959.

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Película imprescindible del género negro, se la considera, a pesar de su tema judicial, como una de las obras que cierra el periodo clásico del cine negro.

Está basada en la novela de Robert Traver, seudónimo de John Walker, juez jubilado de la corte de Michigan. Con música original del gran Duke Ellington y utilizando a Joseph N. Welch, abogado de Boston antimacartista, para el papel del juez del caso, es una declaración de intenciones de Preminger sobre la necesidad de iniciar un nuevo periodo dentro del cine norteamericano que se despojase de la censura a la que había sido sometido por parte de la política.

Un antiguo fiscal (James Stewart), que ha perdido su puesto en las elecciones se dedica a laanatomia_de_un_asesinato_todo_negro_2 vida placentera de la pesca, el piano y la lectura debe defender a un teniente del ejército (Ben Gazzara) acusado de matar de cinco disparos al hombre que había violado a su mujer (Lee Remick). Para ello cuenta con el apoyo de un abogado alcohólico (Arthur O’Connell) y su secretaria (Eve Arden), que sin demasiadas esperanzas y con actitudes escépticas y desencantadas de la justicia abordan una tarea titánica ante el potente aparato de fiscales estatales. Esta actitud distante es la que les otorga una posición de privilegio, siendo conscientes de que la vida, después de juicio seguirá su habitual curso. Una mirada humanista muy novedosa en el tratamiento de los temas judiciales, donde no existen ni buenos ni malos, sino como todos los humanos, las dos cosas a la vez.

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Con un comienzo dentro de la imagineria del cine negro en la primera parte de la película, incluida el papel de mujer fatal de Lee Remick, en la larga segunda parte nos introduce en la sala del tribunal donde se produce el juicio del teniente Manion. El juicio en el que se declare la culpabilidad o inocencia es simplemente cuestión de habilidad de abogados y fiscales y que al espectador le importa poco el desenlace, lo importante es el camino.

Dura y tierna al mismo tiempo, áspera e irónica. Imprescindible. Sin ella es imposible entender el génro negro.