Bajo el peso de la ley. Jim Jarmusch. 1986.

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¿Y que hace Jim Jarmusch en una referencia noir?

Pues que dirigió “Bajo el peso de la ley” un carcelario, añadirle el adjetivo drama no es muy adecuado. Su única incursión en uno de los temas preferidos del noir. Zack, Jack y Roberto se conocen en la cárcel donde han ido a parar por diferentes motivos. Desarraigados, con vidas muy particulares. Soñadoras, egoístas, licenciosas, cada cual a su manera.

Se sirve del tema clásico de las prisiones y de su estética nada más, porque su concepción es muy diferente. Con apenas diez actores se monta sin dramatismo. Los protagonistas funcionan imprevisiblemente con aires cómicos y también violentos, pero nada serio. Hay una pelea a la que llegan a las manos Zack y Jack  que más bien parece un slapstick de épocas muy anteriores.

Aunque el verdadero tono despreocupado y positivo viene de la mano de la inocencia de Roberto (Roberto Benigni) que junto con Tom Waits y John Lurie forman un atípico trío que se ve en la obligación de compartir techo en prisión. Del resto, las sorpresas se van sucediendo. El absurdo está muy presente. un resultado amable y simpático.

Son tres presos que te llevarías a casa. En el fondo buena gente. Sorprendentes. Como reza el cartel es una “kidding escape fantasy”, que según el traductor de Google significa una “broma escape fantasía” tres calificativos que le van al pelo.

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Fue dirigida por Jim Jarmusch, un auto excluido de los géneros hollywoodienses: “Prefiero trabajar con estructuras independientes. No me veo exiliándome a Hollywood para realizar un blockbuster. No rechazo ese tipo de cosas, pero están muy alejadas de mi trabajo”. Siempre escribe sus propios guiones. Y también es actor.

En cuanto al género, sus creaciones son diversas, fantástico, thriller, documentales musicales. Tiene una especial predilección por las películas de episodios tanto propias “Mystery Train”, “Noche en la tierra” o “Café y cigarrillos”, como participando en otras junto a directores como  Wim Wenders, Víctor Erice o Spike Lee. 

Si algo le caracteriza es tener su propia visión. De eso no hay duda. Estéticamente también, una vez se ven sus películas son fáciles de identificar.

 

Premiado en Cannes en dos ocasiones por Más extraño que el paraíso (1984) y Flores Rotas (2005) es un asiduo del festival.

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Big Bad Wolves. O la película del año para Tarantino. 2013

A mediados de octubre 2013 el director Quentin Tarantino declaró que “Big Bad Wolves” era la película que había visto -en lo que llevaba de año- que más le había gustado de todas.

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Muchos críticos la menosprecian con frases del estilo:

“A pesar de sus innegables hachazos, este thriller cómico de los directores Aharon Keshales y Navot Papushado nunca llega a ser más que un horripilante ejercicio de estilo.”

“Gamberrada gore

Otros la alaban:

“Con excelentes interpretaciones de los actores principales, ‘Big Bad Wolves’ es fascinante de principio a fin.”

“La película luce factura exquisita y un tono que equilibra su sentido de la comedia con una hábil dosificación de la crueldad” OJú

Pues yo me quedo con estos últimos. No me extraña que sea del agrado de Tarantino, es sangrienta, cruel, siniestra. Pero con un sentido del humor sutil en situaciones en las que cualquiera se mearía en los pantalones. Ahora que están de moda los subgéneros yo la calificaría (según mi noble criterio) como comedia negra vengativa, de la que quizás sea su única integrante.

Todo gira alrededor de la venganza y de la excitación de los bajos instintos. De ¿cuál es el límite? ¿yo llegaría a eso?, claro que con lo facilón que soy a la hora de empatizar con cualquier película que veo, me pongo a dar vueltas a las tramas y quizás me paso de rosca y no veo lo que realmente tengo en las narices. Cosa que no ocurre siempre ni con todos. Afortunadamente.

De destacar la última media hora donde los directores acumulan casi toda la carne del asador y de su especial punto de vista a un tema tan manido como la pedofilia, la violencia policial, las víctimas…

Se deja ver.

Caminando entre tumbas. Película. 2014

Vaya decepción. Había oído que era la película negra de la década y ya les gustaría. Lo que la salva es Liam Neeson, del que se dice que con ella había remontado su carrera cinematográfica apagada en los últimos años.

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Basada en una novela de Lawrence Block, la cual no he leído (confieso) no creo que al mismo le haga mucha gracia. Quitando la fotografía y el ambiente que los americanos saben conseguir bastante bien técnicamente, la historia en sí es bastante increíble. Increíble en el sentido de que no te la crees. No existe una idea conceptual que guíe la película.

Un detective marcado por una desgracia en su pasado: una niña que muere por una bala perdida cuando estaba borracho y que le manda a alcohólicos anónimos. Ja.

Unos malos muy malos y muy locos porque sí, porque lo son y ya está. Ni femme fatale, ni ná. La policía ni está ni se la espera….Ja, ja.

Las víctimas que al mismo tiempo también son malos para que no se diga. Ja, ja, ja.

Y un final más propio del gore que del género negro. Ja, ja, ja, ja.

Aburriiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiida.