La mirada del observador. Marc Behm. 1980.

Obsesión, podría ser perfectamente su título. Oscilaciones emocionales entre todos los estados mentales.La mirada del observador

El Ojo, apodo ideal para un detective, es el personaje principal y narrador que arrastra, desde hace veinticuatro años, la desaparición por voluntad propia de su mujer y su hija . Únicamente conserva una fotografía de su hija con un grupo de compañeras de clase y ni siquiera sabe quién es. La única posesión que merece la pena conservar.

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La historia comienza con un rutinario caso de seguimiento en el que el Ojo presencia un asesinato por parte de una mujer. A partir de aquí la obcecación de nuestro detective por esta viuda negra, a la que no puede dejar de seguir, abandonando su vida actual a la que no tiene mucho apego, todo sea dicho. Jugando a ver sin ser vistos, a espiar, a seguir en la sombra a esta mujer con mil nombres diferentes. Podría decirse que es una historia de amor, amor profundo, que se siente pero sin citarlo en ningún momento. Amor en mayúsculas sin deseo de contrapartida. Y con Hamlet omnipresente en toda la obra.

Novela negra al margen de los estereotipos. Una huida constante y permanente de pasados dignos de olvidar. Y cuando se huye sin rumbo y sin objetivo la vida no depara nada bueno.

Quienes gustan del género negro, pasen y lean a un autor que no tiene el reconocimiento que se merece. Y para quienes además, tienen una especial predilección por una fuerte carga psicológica, no pueden relegarla más.

Marc Behm
Marc Behm
Escritor y guionista americano, se instaló en Francia tras la Segunda Guerra Mundial y fué allí donde escribió la mayoría de sus obras. En el mundo del cine su obra más conocida como guionista es Charada de 1963. En novela La mirada del observador es su obra maestra del género negro.

Un diamante al rojo vivo. Donald E. Westlake. 1970

Divertida, de ladrones imaginativos, con acción por las calles de Nueva York donde Dortmunder, el cerebro de la banda, realiza sus “trabajos”. No me extraña que la llevaran al cine en 1972 protagonizada por Robert Redford, es casi un guión cinematográfico.

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Los personajes, cada uno más estrambótico. Un militar africano; un loco de los coches que vive con su madre y escucha discos de ruidos de motores; un aficionado a las miniaturas de trenes y cerrajero….sólo Dortmunder conserva el señorío de guante blanco de ladrones de postín en medio de un caos perfectamente controlado,….a veces.

Es una novela sencilla, lineal en el tiempo, sin flashbacks ni artificios literarios, donde una acción se sucede irremediablemente detrás de otras, por mucho que su absurdez vaya en aumento, y donde los personajes,sobre todo Dortmunder, se ven forzados actuar con una gran dosis de osadía.

Por cierto, ésta es la primera novela de la saga de John Dortmunder, que se completa con sólo otras dos: ¿Por qué yo? de 1986 y Atraco al banco de 1987. Además Westlake en 1990 obtuvo una nominación al Oscar al mejor guion por Los timadores obra de Jim Thompson, dirigida por Stephen Frears 

Gracias a Ricardo Bosque por su descubrimiento de este especial personaje.

Lee y ríe. La novela es genialmente sencilla. Y sencillamente genial es Westlake.

Margen de error. Berna G. Harbour. 2014

Escuhé en una entrevista radiofónica a Berna, permítaseme la familiaridad por el afecto que profeso a la comisaria Ruiz, que sus autores de cabecera eran Chandler y Camilleri. Pues bien, con esta novela, rinde tributo a los mismos.

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En una trama que firmaría el mismísimo Chandler, dota de una caracterización y familiaridad a los personajes digna de Camilleri.

Es una novela donde se tejen diferentes historias donde ni sobra ni falta nada, donde cada elemento tiene su peso y magníficamente resuelto y conectado a los demás y que confluyen en una resolución final donde alcanza el climax un ritmo narrativo progresivo conforme transcurren las páginas.

No me extrañaría que más de uno se la hubiera leído del tirón. 

Sencillamente ejemplar. Leelá, leelá, leelá.