Reikiavik. Pablo Sebastiá. 2018

No sé si al acabar la novela me ha gustado o no. A favor: novedosa con ecos de Las particulas elementales del excéntrico Houellebecq que aporta su grano de ciencia ficción. En contra: una historia de amor entre un desclasado e indómito elemento y una desheredada de las cloacas de este infecto mundo. Ya visto.

En principio lo ves venir, pero se despierta el deseo de ver como el autor conseguirá unir ambos elementos tan dispares. Al final, muy al final se verá, quizás demasiado tarde, dejando la incógnita de si la novela es más negra o ciencia ficción, un híbrido que no despega pero que tampoco deja indiferente. Una serie de casualidades. Una serie de “dejà vu”. Una serie de deseos de que ganen los buenos entre los malos.

Unos malos de la mafia mafiosa italiana, los Ferrutti, control del mundo hampón como nadie sabe hacer mejor que los italianos, despiadados y al mismo tiempo depositarios del honor sanguíneo tantas veces recurrente como imprescindible. Pasando por encima, y por debajo, de quien se les ponga por delante con tal de conservar privilegios, posiciones, beneficios y familia.

Van desarrollándose dos historias paralelas, el rescate de una esclava sexual por un justiciero social sin, en apariencia, motivación personal y los experimentos de un gran grupo empresarial de cuyo éxito o fracaso depende el camino de la humanidad en próximos decenios. Un tema muy terrenal ligado a un tema muy científico, que a veces pueden resultar un tanto incompatibles por su extrema diferenciación.

No soy muy entusiasta de la ciencia ficción, a excepción de Huxley. Creo que no soy el más adecuado para valorar esta novedad argumental como intento de regeneración y ampliación de los límites de la novela negra. Pero igual algo hay. Vosotros decidiréis. Da para el debate.

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Días de guardar. Carlos Pérez Merinero. 1981.

Todavía estoy en estado de shock.

Pionera en la narración desde el punto de vista del delincuente, como bien se avisa en el prólogo, “Carlos Pérez Merinero sitúa una cámara y un micrófonodiasdeguardar en el cerebro del protagonista”, un psicópata que, como tal, no siente ninguna empatía hacia nadie, ni hacia su madre.

Pero es algo más que una novela negra española, algo más que una novela pionera en esta manera de contar. No se limita a narrar los actos cometidos por semejante individuo, Antonio o Antoine, sino que atenta contra “to lo que se menea”. Para que os hagáis una idea, sirva su inicio “No era un hijo de puta; era un nieto de puta. El muy cabrón tenía pedigrí”.

Este autor no fue reconocido en su momento, ni incluso hoy en día se le tributa la memoria que se merece, ¿por qué? la sociedad de los ochenta demandaba novela negra que la retratara pero Pérez Merinero le tiró a la cara su verdadero retrato, y claro nos gusta que nos digan la verdad pero no toda, ni de una manera tan directa, sin vaselina:

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El personaje de Antonio Domínguez, delincuente de mala calaña, muestra todo el desprecio posible hacia la sociedad en la que vive:

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No he podido evitar establecer paralelismos con Jim Thompson y he llegado a la conclusión que su sheriff Lou Ford es un esbozo que Merinero sublimó en el personaje de Antoine Domínguez. Mis disculpas a los adoradores de Thompson, pero para mí, Antoine es mucho más completo.

Más que dura, salvaje, más que callejera, barriobajera, en ocasiones pornográfica, cruel, cínica pero también con humor negro perfecta y corrosivamente dosificado.
Un imprescindible. La recordaré siempre. Un aviso: Manténgase fuera del alcance de los niños y de adultos con problemas de conciencia.

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