Criminal. Serie. 2019

Parece que hemos encontrado nuevos caminos para el género negro en cuanto a series se refiere. Empiezan los guionistas a estrujarse esas brillantes neuronas de las que son poseedores para empezar a hacer evolucionar argumentos y planteamientos.

Los interrogatorios han acostumbrado a ser parte integrantes y muchas veces principales de series policiales. Unos interrogatorios en los que hemos visto muchos tipos, policiales y delincuentes, que se sientan a ambos lados de la mesa. Mesas de comisaria que tendría muchas historias que contar.

Eso es lo que han planteado los productores de Criminal una serie de Netflix cuyo único contenido es ese: los interrogatorios. De sospechosos de los que se intenta que se confiese, a víctimas de las que se intenta que cuenten la verdad y solamente la verdad, de delincuentes confesos a los que se intenta atrapar, a…

¿Y quién lo lleva a cabo? Policías, por supuesto, pero como en todos los lados, de todo hay en la viña del señor, quien se ajusta a legalidades, quien tiene cuentas que cobrar, quien no le importa el medio, únicamente el fin, a…

Pues esta apuesta es eso, diferentes tipos de policías, diferentes tipos de delincuentes, sospechosos o víctimas pero cuyo cada capítulo transcurre única y exclusivamente en la misma comisaria, en la misma sala de interrogatorios, pero con historias diametralmente diferentes.

Más novedades, la serie consta de tres capítulos por cada país, sí por cada país, en el participarán tres casos por Reino Unido, Alemania, Francia y España. Cada uno de ellos rodado por un equipo diferente que comparten la misma comisaria como escenario. De cuarenta y cinco minutos cada capítulo nos ofrece diferentes formas y propuestas con el interrogatorio como eje común.

No encontraremos acción ni violencia, únicamente esos tiras y afloja entre personas que, sometidas a la dictadura de la propia personalidad, irán creando diferentes situaciones psíquicas, anímicas y psicológicas donde la propia palabra y la destreza de utilizarla por cada una de las partes es su modo de empleo y lo que da la esencia a la serie.

En cuanto a la parte que corresponde a España, la inspectora jefa y encargada de los interrogatorios es nada más que Emma Suárez, parte principal, pero acompañada en los tres capítulos que le corresponde por la talla de Eduard Fernández, Carmen Machi o Inma Cuesta, lo que refuerza el interés por verla, y dirigidas por el televisivo Manuel Barroso.

Nuevas formas, nuevos quehaceres, ¿nuevo neo-noir?

La caza. Monteperdido. Serie. 2019.

Y volvemos a la eterna discusión, serie española, ¿bien o mal? Pues como, siempre, según del color con el cristal con que se mire. Aunque sean pocos y mal avenidos.

Una serie de niñas perdidas o secuestradas en un ambiente rural de miradas cortas y perspicaces, de sabiduría y costumbrismo popular, de sociedades cerradas donde queda más expuesto lo peor de cada casa en un lugar donde es complicado esconderse, transcurre esta nueva producción de la primera de la pública TVE.

Recuerdo otra anterior del mismo estilo y que, para mí, fue un desesperante ejercicio de paciencia y esperanza a fin de encontrar la calidad más por deseo que por fe. Fue “Bajo sospecha”, con shares entorno al veinte por cien. Éxito mediático en su momento pero que no dio más que para una discreta segunda temporada allá por el 2016. Fue una caída hacia el aburrimiento y el abandono. ¿Estaremos ante lo mismo?

Esto que os cuento podría no ser verdad, ya que cuando escribo esta disertación solamente llevamos consumidas la mitad de los capítulos. ¿Pronto? A veces gusto de imaginar.

Volvemos además de a escenarios conocidos, a personajes que desempeñan los ya habituales papeles de este ambiente oclusivo, el cacique, el obediente, el desesperado, el chulo e incluso el neutro. Con caracteres policiales muy manoseados. Intentan, siempre sin salirse de los cánones aportar cosas nuevas que no lo son tanto, siempre cambios en ligeros matices pero nada de fondo.

Pero he ahí que en el cuarto capítulo se produce un giro en el guión que promete, del que se puede sacar partidos. Ya veremos si se aprovecha la oportunidad. Al menos en mitad de la serie parece que toma nuevos rumbos. Como decía, ya veremos. Quizá lo conviertan en un folletín de desangelados traumas personales donde se abandone la trama policial para mostrarnos lo corroído de las mentes humanas pero sencillas.

Aplausos para Francis Lorenzo en su papel de Santiago, jefe de la Guardia Civil encargado del caso y pilar de la serie y silbidos para el papel que interpreta Megan Montaner, segunda de Santiago y con una mochila mental que la convierte en el objeto depositario de más empatías por desamparo que por fortaleza. Muy visto.

Como decía, ya veremos.

Ficha técnica:

Título original: La caza. Monteperdido.
Año: 2019.
Duración: 70 min.
Dirección: Agustín Martínez (creador), Luis Moya (creador), Salvador García Ruiz, Alvaro Ron.
Guion: Jorge Díaz, Agustín Martínez, Antonio Mercero, Miguel Sáez.
Música: Juanjo Javierre.
Fotografía: Juan Molina, Guillermo Sempere.
Reparto: Megan Montaner, Alain Herández, Francis Lorenzo, David Solans, Pablo Derqui, Ester Expósito, Mar Sodupe, Jordi Sánchez, Bea Segura, Beatriz Carvajal.
Productor: DLO Producciones / Televisión Española (TVE)

Matadero. Serie. 2019.

Hay veces que no queda más remedio que postrarse ante las series nacionales. Los guionistas alcanzan altas cotas de guión, para eso están aunque pueda parecer un perogrullo, con historias que dejan a un lado pretensiones vacuas y se centran en divertir y evacuar del mundanal ruido a nosotros, aburridos espectadores la mayoría de las veces.

¿Y qué importa si la serie es de aquí o de allá?, y ¿qué importa si se ciñe a la realidad o la supera con creces, o ni siquiera le llega ni a la suela de los zapatos? Matadero es una serie sin complejos, sin intentos de estar a la altura del resto de series que practican el resto de cadenas. Defienden su propia idiosincrasia y consiguen un salto cualitativo, un salto referencial.

El desacato a los cánones del academicismo noir ya se produjo en series de otros países como ocurrió con Get Shorty en el panorama estadounidense y cuyo recorrido se podía intuir en producciones como Breaking Bad donde se recrea la idea de que unos caminos conducen a otros, sin posibilidad de elección y sin remedio de la culpabilidad por mucho que tengamos principios.

Los guionistas de Matadero no pretenden aleccionar, ni mostrarnos ninguna realidad social, únicamente divertirnos. Como no, podríamos tomar referencias, a mí se me ocurre en principio los disparates del Sr. Tarantino, con diferencias en cuanto a la violencia, aunque no tanta, pero si de una manera más ibérica, de ahí su subtítulo “Matadero. Un thriller ibérico”. A nadie se le podría ocurrir semejante historia en un ambiente rural español, dedicado a la agricultura, ganadería y pesca, pero se consigue un alto grado de surrealismo, sin estridencias siempre a través de la parodia y siempre que estemos dispuesto a levantar los pies del suelo, que a veces hace falta.

Situaciones límite, absurdas, siempre intentando orientarlas a la verosimilitud pero progresando hacia la cota máxima del paroxismo, la efervescencia, sin que se note y sin que parezca que lo pretenden.

Al final, surge una pregunta, bueno dos: ¿Cómo ciño he llegado hasta aquí? y ¿Qué más puede llegar a ocurrir en este disparate?

Un buen paseo por los límites de la diversión e incluso el onirismo. No pienses, solo disfruta de este genial producto nacional.