Giri-Haji. Serie. 2019.

No somos malos, solo hemos hecho cosas malas.

GIRI-HAJI tiene como argumento el viaje de un policía japonés al Londres actual a realizar un curso con finalidades ocultas y ramificaciones personales y policiales. Un policía japonés en el que no reconocemos la tradicional honorabilidad nipona, Sencillo y relajado en cuanto a derechos y deberes, de principios. Eso sí, por una causa justa como es la conveniencia.

Una innovación en cuanto al tipo de personajes, un don policía japonés, una mafia británica excesivamente preocupada de postureos, una doña policía británica con cuentas profesionales pendientes, un prostituto gay de ancho corazón y estrechas miras y una adolescente hija japonesa rebelde con el mundo entero por descubrir, una pesada carga paternal en medio del asunto donde está implicada la yakuza y su hermano para completar un panorama poco halagüeño pero diverso. Personajes con orígenes poco explorados en el mundo actual que tiene todo tipo de mezclas sociales, raciales, económicas y/o sexuales. Aunque no sé si esta afirmación es quizás más producto de estar cansado de reiteraciones de tipologías, situaciones y planteamientos muy trillados, que de una verdadera renovación de nuestras historias oscuras e ilícitas. Te empachas y cualquier novedad siempre es bien recibida, por pequeña que sea.

Las intenciones no es que sean atrevidas o audaces, seguimos hablando de los mismos temas eternos, los que en realidad cuentan en las historias, amistad, fraternidad, fidelidad, moral, principios que tanto han dado de sí y tienen que dar.

Sociológicamente, Giri-Haji da para tener tema de conversación sobre las relaciones familiares del Japón actual, de la integración de la mujer en la policía británica, juventud y sus hábitos, de la pervivencia de la Yakuza como forma de la mafia y hasta donde llegan sus brazos en economía y política. Etecé, etecé.

Pero al margen de análisis superfluos y yendo al puro entretenimiento, ¿Qué predeciríais al tener en vuestras manos a un correcto policía japonés en busca de su hermano, que pertenece a la Yakuza, con una hija adolescente por medio y contando con la ayuda de un prostituto gay y una desarraigada joven policía británica? Las posibilidades pueden ser interminables.

Se agradecen nuevos argumentos y sugerencias, novedades. De Sister Pictures los productores de la gran Chernobyl. Un punto a favor. La tienes en Netflix. Ocho capítulos.

Miss Sherlock. Serie. 2018

No vamos a descubrir ahora quienes son Sherlock Holmes ni su querido Watson. Ni a enumerar sus iconos y talantes ante la investigación policial y la vida misma en el Londres victoriano y eduardiano.

Ya hemos visto además muchas adaptaciones de sus relatos en películas y series para poder comparar y valorar, como el Sherlock protagonizado por David Cumberbatch o el de Elementary interpretado por Jonny Lee Miller.

No soy un gran amante, algunos me perdonen, del detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, pero me fastidia mucho ver como se maltrata su imagen y se frivolizan sus historias, incumpliendo el mandamiento: «No tomarás el nombre de Sherlock en vano». Así me lo enseñaron sus discípulos. Conozco a más de uno.

Es lo que pasa con Miss Sherlock. Han trasladado los casos criminales a la actual Tokio y los han puestos en las manos de dos mujeres que interpretan a Holmes y Watson respetando los papeles originales, Holmes como colaborador extraordinario de la policía y Watson que le asiste, un repatriado de zona de guerra, en este caso Siria. Por lo demás nada que decir. Cumple planteamiento.

Sin embargo, ya que ambos personajes recaen por primera vez en mujeres podían haber puesto un poco más de empeño en cuidar la trama que flojea hasta extremos que hacía tiempo que no veía: ¿os imagináis una ama de casa, sólo ama de casa nada de ingeniera también, capaz de modificar chips e introducirlos en cápsulas para que sean ingeridas? ¿o todo un médico tomándose una cápsula, simplemente porque su mujer le dice que lo haga sin encontrarse siquiera mal para justificar los hechos? A eso llegamos. Si hace falta introducimos unos spaghetti en una taberna de Brooklyn, por recursos no será.

Pues eso, el poco interés en conseguir guiones que estén a la altura de tan insigne detective hace que unido a una Sherlock más maleducada que ingeniosa y una Watson más servil e incompetente que realista y asistente imprescindibles, consiguieron que no pudiera pasar del tercer capítulo de esta serie de ocho.

Creo que los japoneses tienen una calidad y sensibilidad extraordinaria para narrar historias y para utilizar la pantalla como medio de expresión de una manera magistral y brillante aportando momentos a la historia del cine, pero hay cosas como estos relatos de Sherlock Holmes que no han sabido hilvanar o incluso comprender, se les resisten. Una pena. Se ve, que la historia y la cultura de cada uno limita la capacidad para desempeñar un tipo u otro de creación artística. Cada uno tiene la suya.

Y si a mí consiguió disgustarme no quiero pensar como se lo tomarán otros amigos míos, discípulos, estudiosos y militantes del habitante del 221B de Baker Street.

Podéis ver este mero producto de consumo, si os atrevéis, en HBO. Os dejo el trailer, pero no os fieis de las apariencias.