El negro. Lo mejor del año 2018.

Sí, ya sé que es un tema recurrente. Que todo es teoría y cuestión de gustos. Para gustos los colores. En este caso negro. Color de la noche y el misterio, del silencio y el invierno, de la negación. Es el color del abismo, la muerte, la tristeza y como no, de la soledad. Además es el color de los ritos funerarios en nuestra cultura occidental.

Por justicia divina (la mía) tan válida como la de cualquiera, siento la necesidad de constatar aquellas novelas que mejor han cumplido con eso del negro, más que color sentimiento, cólera, odio y tristeza, dolor, ira y rencor, remordimiento, culpabilidad y envidia, violencia, egoísmo y venganza y sobre todo furia, contra lo establecido. 

Esto no quiere decir que no haya más de lo dicho, que el resto sea desdeñable, ni mucho menos, pero he tenido la mala suerte de que solo me llegó una pequeña parte del color. Lástima, me gustaría haber probado todo lo bueno, pero el noir ahora es infinito.

Como creo que debo reseñar lo innegable y olvidar lo sombrío, os dejo éstas, para mí, las mejores novelas negras en nuestra lengua que he leído este año, aunque no se hayan publicado en él. Tres, pocas, pero auténticas. Por supuesto que hay más…

Disfrútenlas, sin miedo a equivocarse.

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Tiempo de ratas. Marc Moreno. 2017


9788497438056_04_nÚltimamente el género negro está sometido a debate, qué es y qué no lo es, cuánto hay de cierto y cuánto de impostura, cuánto es género y cuánto mercadotecnia. ¿Reventaremos de tanto éxito? Y tanto que se podría discutir. Cuando el río suena agua lleva se hace verdadero.

Esta novela de Marc Moreno está ambientada en barrios marginales, aquellos que se sitúan a las afuera de las grandes ciudades donde el paro, la delincuencia, la cárcel o la droga no es un tema esporádico.

Y con esta temática nadie puede sostener que no se encuentra dentro de los márgenes del género. Está en sus orígenes cuando el señor Chandler comenzó.

Un camello tiene que salir por piernas y le enchufa una mochila llena de cocaína a su vecino de rellano Eloy. Ocho quilitos de nada para que se la guarde. Volverá a recogerla. La tentación de Eloy es muy grande. Con coger un poco no pasa nada, para divertirse, y en un barrio donde se está al acecho sobre cualquier foco de dinero saltan todas las alarmas. El Eloy tiene farlopa . Qué fiestones, nen.  Enseguida llama la atención de los mafiosos de la Verneda y de los Mossos corruptos… que cada vez tienen más ganas de saber quién es ese Eloy y de dónde sale la farlopa que esos pringaos se están metiendo. Dinero. Poder.

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Desarrollada en la actualidad utiliza un lenguaje marginal con gran cantidad de jerga. Pero lo importante es el emplazamiento. Lugares donde se sitúan las novelas de quinquis. Lugares donde la vida es una cosa que no vale mucho. Violencia, también de género, miedo, alcoholismo, degradación, parques llenos de jóvenes y bares llenos de parados cincuentones con pocas cosas que hacer cuya única ocupación es conseguir unos euros con lo que meterse para que pase el día. Madres abnegadas. Familias desestructuradas. Sitios donde la gente que nació allí tiene pocas o nulas posibilidades de desembarazarse de una ruina que les persigue. Un sueño de escapista moneda común entre todos sus habitantes.

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Un acierto. Volvemos a lugares y gentes de donde quizá nunca debimos salir y a quien nunca debimos abandonar.

Esta novela fue galardonada con el VIII premio Crims de Tinta RBA en 2017. Un motivo más.

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