El enemigo público. William A. Wellman. 1931.

the_public_enemy_1931_poster_todo_negroFue en la Warner, gracias a la popularidad de la temática criminal durante el final de los 20 y principios de los 30, junto a la necesidad de expansión comercial dentro de un suculento negocio, donde el cine de gángsteres tuvo mayor y mejor acogida.

A pesar de situar la historia en momentos temporales concretos como si fuera una crónica, sólo constituye el marco en el que volver a contar nuevamente el proceso de ascensión y caída del protagonista, hampón con rasgos definitorios como su afición por el alcohol, el dinero, el desprecio de la autoridad, la violencia incontenida, el gusto por el vestir estrafalario y ostentoso o el desprecio hacia las mujeres…. características que comparte con otros hampones anteriores pero de su misma quinta como Ceare Bandello de Hampa Dorada, o posteriores como Tony Camonte de Scarface.

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Estas tres películas están entre las que mejor representan el periodo precode. En concreto, The public enemy es la que goza de una mayor violencia explícita a través de la figura de Tom Powers, más física que psicológica o emocional. Se recuerda especialmente la escena en que aplasta medio pomelo en la cara de Kitty (Mae Clarke) haciendo patente su poca empatía hacia los demás, en este caso en concreto hacia la mujer. Aquí está:

Ya se advierte a a los espectadores al inicio de la película el sentido de la narración, que no pretende en ningún momento ensalzar ni convertir en modelos a los protagonistas, sino muy al contrario, reflejar ciertos aspectos de la vida americana que considera susceptibles de erradicar. Aún así, años después deberían verse las caras estos argumentos con el señor Hays. Pero que mejor que mostrarte estas advertencias:

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Atención spoiler. La escena final es impresionante. Una de las más duras de la historia del cine. Tras el asesinto de Tom, su cadáver es envuelto en una especie de mortaja y depositado en la puerta de la casa de su madre. Visiones críticas ven aquí un intento de cargar en la responsabilidad familiar la aparición en la sociedad de esta clase de delincuentes sin escrúpulos. Esta afirmación es respaldada porque el personaje que encarna el modelo válido de comportamiento lo representa el mismo hermano de Tom, Mike, un dechado de virtuosismo social y honradez.

Reparto:

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Ficha técnica:

Título original: The Public Enemy. Año: 1931.

Duración: 84 min.País: Estados Unidos.

Director: William A. Wellman

Guión: Harvey Thew (Novela: Kubec Glasmon, John Bright)

Música: David Mendoza

Productora: Warner Bros. Pictures

 

 

El sospechoso. Robert Siodmak. 1944

el_sospechoso_cartel_todo_negro_josevi_blender“Esta vieja se está pasando. No tiene bastante con joderme la vida que encima disfruta restregándome todos los males que podría ocasionarme. Ya está bien.”

Trama triangulero de amor, donde un matrimonio londinense, con una moralidad intachable que defender, zozobra tras la aparición de una joven jovial y cariñosa que embelesa al marido.

“Pero no, ella no tiene la culpa, su angelical rostro y sus fulgurantes ojos podrían ser las de otra, yo hubiera hecho lo mismo. Es lo que representa. Demasiados años de corsé y de mirar para otro lado”

Desprendiendo inglesidad por todos los poros de la mano de Siodmak, es una historia de crimen y también de moral. Un Charles Laughton inmenso, como en todos sus papeles, ve la luz. La luz dentro de una vida eduardina de imposturas y convencionalismo que no acarrea sino problemas y disyuntivas. E infelicidad.

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Robert Siodmak

“Merece la pena. Incluso el asesinato para poder ser felices, para poder  saborear las cosas buenas que nos ofrece la vida. No quiero hacer daño a nadie, ni siquiera he pensando en hacer el mal. Sólo quiero vivir, con mayúsculas. Y que me dejen en paz.”

¿Sería lícito librarse de cualquier manera de aquello que nos oprime, cuando a lo único que aspiramos es al disfrute de lo que nos gusta, cuándo lo único que se interpone es el egoísmo y la maldad de los demás? Sí, sí y mil veces sí. Y hasta las últimas consecuencias.

Tanto es así, que el bueno de Philiph (Laughton) nos sorprende con una moralidad desquiciante. Se deshace de lo que se interpone a su felicidad, sin remordimientos, pero no está dispuesto a que inocentes salgan perjudicados, eso no, no es malvado, ni pérfido, ni injusto.

Y con este planteamiento, el final es sorprendente, no lo atisbarías ni en mil años. Nada de policías inquebrantables, ni de dilemas morales, porque si algo está claro desde el principio de la película es la moral, la personal no la social. Y ésta es inalterable. Un final que rompe todos los moldes.

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Una película de poca grandiosidad visual, pero de un gran impacto emocional y afectivo, conseguida con una sabia elección de unos actores que sin duda permiten conseguir este propósito, en la línea de otra de sus grandes A través del espejo, donde lo importante es la discusión de la legitimidad de nuestras acciones analizadas desde nuestra propia moral. ¿Tú harías lo mismo? ¿Disculpas sus actos?

Una obra maestra que pese a no ser tan conocida como otras películas del género, supera en calidad a las mejores del maestro Hitchcock.

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Los mosqueteros de Pig Alley. David W. Griffith. 1912.

los_mosqueteros_de_pig_alley_todo_negro_cartelHace un tiempo, escribía un post sobre Asalto y robo de un tren , película de 1903, de diez minutos de duración, la primera donde los hechos delictivos son la base de su argumento.

Como una búsqueda siempre lleva a otra, y el camino está lleno de señales me di de bruces con esta película de 1912, Los mosqueteros de Pig Alley, que autores como Antonio Santamaria considera una de las primeras referencias que introducen la delincuencia organizada en el cine, si bien el fenómeno del gangsterismo como tal, no tuvo su auge hasta después de 1920, momento de la aprobación de la ley Volstead, conocida como Ley Seca.

El argumento es sencillo, narra las desventuras de una joven dependiente, y su marido, a la que pretenden los jefes de dos bandas rivales, retratando la miseria de los bajos fondos de Nueva York (Pig Alley es una de las callejas del barrio del Lower East Side).

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En ella ya se muestran los que serán los elementos y materias que definan el género gangsteril: corrupción policial, enfrentamiento entre bandas, el salón como lugar de reunión y refugio de los mafiosos. Todo ello tratado de manera muy primitiva, teatral y melodramática propia del cine mudo.

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Y como siempre, un final feliz.

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Por cierto, se encuentra disponible en Youtube.

 

Ficha técnica:

Título original: The Musketeers of Pig Alley.

Duración: 17 min

Año: 1912. País: Estados Unidos

Director: D.W. Griffith

Guión: D.W. Griffith y Anita Loos

Fotografía: G.W. Bitzer (B&W)

Reparto: Elmer Booth, Lillian Gish, Clara T. Bracy, Walter Miller, Alfred Paget, John T. Dillon, Madge Kirby, Harry Carey.

Productora: Biograph Company

 

Los carros vacíos. Francisco García Pavón. 1965

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Esta es la primera novela en la que aparece Plinio, Jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, creado por Francisco García Pavón. Se trata de una historia corta más que de una novela (57 páginas), en la que el autor establece los cimientos en los que se basarán las varias novelas y numerosos relatos de este policía tranquilo, que no desea más que convivir en paz y al que no le gusta cualquier alteración de su cotidianeidad, al que es fácil cogerle cariño, cercano y creíble, nada heroico.

En “Los carros vacíos” resuelve, gracias a su natural intuición el asesinato de unos meloneros, sí, meloneros que se dirigen con sus carros y su mercancía al mercado del pueblo, presionado, como no podía ser de otra forma, por el alcalde, el pueblo y la presencia de la guardia civil.

Situada en la dictadura de Primo de Rivera, su ambientación es rural, pero no con la ruralidad de las novelas actuales, usada con cierto snobismo,  sino con la antaña, real y extensa, cuando se viajaba en carro o andando y el mercado era el acontecimiento semanal de los pueblos atrasados de España, ambiente propicio para desarrollar costumbrismo y crítica social hasta donde era posible en los años de la dictadura.

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García Pavón también expresar un cierto espíritu cervantino en el tono de la novela:

frase_carros_vacios_todo_negro_josevi_blenderComo Sherlock también tiene su “Watson” particular, Don Lotario, veterinario del pueblo, en quien confía plenamente, propietario de un Ford, modelo «T», matrícula de Ciudad Real número 102, que le sirve de soporte moral y apoyo de su discurso.

Pero la difusión de las historias del Jefe de la Policía Municipal de Tomelloso, llegó a su máxima expresión cuando fue trasladada a la televisión mediante una serie que se estrenó en 1971, interpretada por Antonio Casal en el papel de Plinio y de Alfonso del Real en el de Don Lotario. Fue dirigida por Antonio Giménez Rico, con guión de éste junto a José Luis Garci.

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Una buena lectura para sumergirse y conocer las raíces del género policíaco español, al menos de una parte importante de él.

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Ángeles con caras sucias. Michael Curtiz. 1938.

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Una de gángsteres, pero diferente a la hora de resolver la trama, en un intento de satisfacer a una legión de reprobadores examinando el guión.

angeles_con_caras_sucias_Todo_Negro_posterVolvemos a contemplar la ascensión y caída de hampones, con gran presencia social, propio de las clásicas del género, sin escrúpulos, pero donde se añade una mirada nueva en el desenlace de este tipo de historias, creo que afectando al conjunto de la película y bajando el listón del resto de papeles de auténticos gángsteres que poblaban hasta el momento las pantallas, Cagney incluido.

El argumento narra la historia de Rocky Sullivan (James Cagney), un conocido gángster que, tras cumplir condena en prisión, vuelve a su barrio natal y se transforma en el líder de una banda juvenil que le rinde auténtica devoción.

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En este regreso se reencuentra con Jerry Connolly (Pat O’Brien), un antiguo compañero de delitos convertido en cura, que trabaja en apartar a los jóvenes del barrio de la senda de la delincuencia, y con James Frazier (Humphrey Bogart), abogado y socio en sus turbios negocios.

Así se presenta al gángster como un tipo más complejo producto de una sociedad indagando en las causas del auge del gansterismo, atribuida mayormente a la miseria imperante en ese momento histórico de EEUU con la corrupción política, policial y de la prensa como una lacra social.

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El delincuente pierde esa aureola heroica que se retrataba en films como El enemigo público, una vez que figuras como Al Capone, Bony and Clyde o John Dillinger habían dado con sus huesos en la cárcel o en el cementerio, y la Ley Seca había sido abolida en 1933. Al final se produce un cambio radical en la resolución de la película donde, si bien se sigue castigando al culpable en una caída presagiada desde el principio, éste va un paso más allá trastocando la moralidad última del delincuente y su intento de redención.

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Aún ni así, con la finalidad ejemplarizante de la película, se consiguió satisfacer a la censura del momento, decidida a ni hablar siquiera de gángsteres desde la aprobación del Código Hays allá por el 34. Se tuvo que luchar para poder estrenarla y f ue un gran éxito de taquilla.

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Marseille. Serie. 2016

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La primera serie francesa de Netflix, con grandes esperanzas puestas en ella, relata una historia política muy vista, de los comportamientos de los individuos que circulan por los asuntos públicos con muchas aspiraciones y pocos escrúpulos. No logra impresionar, es una trama tan flojita que, los que optamos por no mirar para otro lado, la hemos visto muchas veces y más cruda en la realidad que nos rodea.

Los complementos tampoco ayudan a aguantar la historia, subtramas que son bastante vulgares y corrientes y sin ninguna relevancia en los hechos, paralelas e independientes. Pasamos de una a otra esperando que se fundan en un sentido general, y eso no ocurre.Benoite_Magimel_1_Todo_Negro

Los personajes, un tanto tópicos, e incluso caricaturescos alguno, como el interpretado por Benoite Magimel, que le da al malo de la película una sobreactuación de vileza teatral que me arrancó alguna sonrisa cuando debería estar recelando de sus planes. Sólo la grandeza de Gerard Depardieu mantiene un tanto la expectación y la curiosidad. Por cierto, Stéphane Caillard que interpreta a la hija del alcalde (Depardieu) “pa matarla también”, insufrible.

Si que refleja la heterogeneidad de la sociedad marsellesa, esa composición que va de los altos a los bajos vuelos, a la diferencia entre franceses y árabes y al diferente papel que juegan, como refleja muy bien Jean-Claude Izzo en su trilogía. Una olla de ebullición llena de crimen y malas artes. Lástima que no quede integrada en su conjunto y que tantos los ricos como los pobres no participen en la trama a proporciones parecidas, en el fondo como ocurre en la realidad. Quien quiera siempre puede extraer el mensaje de que los pobres no pintan nada, ni siquiera en la serie.

No sé si intentaron hacer una House of cards a la francesa, como alguno se ha atrevido a comentar, pero desde luego les salió rana.

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Tipos normales en Ciudad Sol.

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―Papá, aquí pone que esto lleva…, emulgentes, lectinas, E-471, acidulante E-330, conservante E-202, suero deslactosado, jarabe de sacarosa-glucosa, regulador de acidez E-270 y colorante E-100.

―Cállate de una maldita vez y acábate los putos nachos con queso.

Uno…

      El luminoso del garito apagado. Las letras oscilan ante sus ojos. Una noche larga, muy larga. Sobre él, un cielo lívido y desvaído. Un avión deja, como una antigua cicatriz, la primera estela del día. La primera de muchas. Bosch, detective de homicidios, gabán tres cuartos arrugado, vaqueros gastados, camisa oscura, nudo de la corbata aflojado, botas polvorientas. Cierra la puerta del coche y  centra la vista en la puerta del local. ¿Cerrado? No jodas, hablamos del 38 Especial, un bareto donde los polis de la ciudad se dejan caer, sea la hora que sea, al terminar el turno.

     Dentro, penumbra. Olor picante a 24 horas, cigarrillos, alcohol y al sudor rancio que emanan de nóminas escasas. De fondo la sordina de un viejo televisor. Bernardo, el dueño, masca pan de avena con un café frío a su lado. En la barra, dos hombres beben en silencio, policías, piensan en sus cosas. ¿O no? Quizá simplemente beben.

       Al fondo a la derecha.

      Sentado a una mesa está Rico. Cansado, desaliñado. Botella de whisky y dos vasos. Bosch toma asiento. Se quita la placa del cinturón y la deja en una de las esquinas.

      ¿Más de lo mismo?

      Sí.

      ¿Cuántos van?

      Bosch se sirve dos dedos antes de contestar; diecisiete en lo que va de año.

      Joder…, diecisiete son muchos, son muchos… ¿Críos?

     Asiente; su mujer y su crío. Un taxista. Se despertó de madrugada, fue a la cocina y se preparó un café. Descafeinado, con leche desnatada. Me lo dijo él mismo. ¿Te lo puedes creer? Después, se tomó el puñetero café y fue a las habitaciones. Les rebanó el cuello a su mujer y a su hijo mientras dormían. Nos llamó un vecino. Lo encontró en el portal hasta arriba de sangre. Dice que no se lo explica, que parecía un tipo normal, una familia normal.

      Lo de siempre. ¿Y la prensa?

      ¿La prensa? La prensa no dice una puta mierda.

         Dos…

       Un bocinazo, se revuelve en la cama, maldito cabrón, piensa. Todos los días lo mismo. La noche en esa infernal cantina dejó como recuerdo un insoportable dolor de cabeza que mitiga con una ducha fría.

      Bosch se mira en el espejo mientras se rasura la barba, inconscientemente esboza una sonrisa que surge de sus labios. Recuerda ese anuncio de una póliza de seguros, en  la que el madurito despreocupado de problemas, se pasea entre veinteañeras que parecen admirar su interesante look; el tipo del espejo parece un mendigo y la única veinteañera que se pasea por su apartamento es esa manipuladora y sangrante víbora, que dice ser su hija y que de vez en cuando, se deja caer para pedir algo de pasta.

         Ahora que lo piensa, lleva una semana sin saber nada de ella.

     Abre el armario y se pone una camisa mal planchada y con al menos siete años de servicio. La plancha nunca fue su fuerte, lo odiaba, en realidad era lo que mas odiaba de aquella vida de lobo solitario.

    Después, probablemente el mejor momento del día…seguramente el único buen momento del día. Disfruta, vencido en el sofá con un café solo, mientras se sorprende que el melocotón en almíbar este aun comible; sabe dios las mierdas de conservantes que les ponen, piensa. En el equipo suena el saxo de Gerry Mulligan…, que gran música el Jazz, dice en alta voz, música para perder, música para perdedores. Tal vez es en lo único que gasta algo de dinero. Una vez al mes se deja caer por el centro, compra un disco de jazz y una botella de ron…, con eso tiene bastante.

       Los niñatos de la central se ríen de él: ¿para qué compras música? Y menos esa, no jodas, bájatela de internet, mira, en este pincho caben cientos de canciones. Cientos, abuelo. Incluyendo ese tostón que oyes. Estúpidos, piensa. Olvidarán lo que escuchan y después olvidarán escuchar.

        Hora de largarse. Llama a voces a su hija, quizá esté en su habitación.

        Nada.

        Aunque ya está sereno y calmado, no se siente en condiciones de coger el coche y decide tomar el suburbano. Dentro del vagón observa, chucho taimado; gente con sus preocupaciones, gente triste, gente mal vestida. ¡Diablos¡ ¿Qué fue de aquello de vestir bien? Él, lo solía hacer durante su matrimonio. Se observa en el cristal de la puerta, que ahora, en la penumbra del túnel, parece un espejo siniestro y se pregunta cuándo fue la última vez que invirtió un puto dólar en comprarse algo de ropa; toda esa gente. ¿Qué le ha pasado a esta maldita ciudad? Otro recuerdo le llega entonces con este pensamiento…, un diálogo brillante de aquella maravillosa película, “Chooseme”, cuando el camarero le pregunta a Carradine ―el bueno, no el otro―, “¿es usted nuevo en la ciudad? No,es la ciudad la que ha cambiado”.

        Jódete, ahí lo llevas.

      Tres estaciones más y llegará a la central. Montañas de papeleo y malas caras le esperan. La misma mierda de cada jornada; pero ahora tiene un reto que le mueve, un objetivo:

    Saber que demonios está ocurriendo en la jodida ciudad. Por qué tipos normales, sin antecedentes, se dedican a asesinar a sus seres queridos.

Tres…

    Parque del centro. Media mañana. Bosch sentado en un banco descascarillado. El cemento bajo sus pies emana calor. Las sonrisas impostadas chorrean calle abajo.

      La felicidad se finge.

      Para su rato del almuerzo: petaca y cigarrillos.

     En el cielo de un azul gastado, estelas de condensación persiguiendo aviones diminutos. En el gaznate un gusto metálico. Espera y verás, siempre ocurre lo mismo. Las nubes artificiales se enroscan en raquíticas espirales y chorrean, como en los ojos de un anciano, una pátina oleosa que cubre la ciudad y a sus habitantes.

         ¿Estamos siendo fumigados? Quizá.

         La luz:

         Como el alma de todos ellos, pobre y difusa.

         Suena el teléfono, es Rico.

         Bosch.

        ¿Dónde estás?

        En el parque.

        No se te ocurra moverte, cabrón.

Cuatro…

       Bosch permanece inmóvil. Tufo a alcantarilla, nauseabundo; hace tiempo que no llueve y la mierda soterrada y oculta, lleva días intoxicando el ambiente de la podrida ciudad.

      Tal como Rico le indicó, espera en el parque. ¿Malas noticias? Claro, joder, a qué si no lo de cabrón.

       La voz suena a su espalda, es Rico.

       Bosch, gírate despacio. Las manos donde pueda verlas.

       Se trata de mi hija, ¿verdad? Puta retórica, como el enfermo de cáncer cuando pregunta a su médico; ya conoce la respuesta.

       Sí, Bosch, me temo que si, ahora date la vuelta.

       Rico le apunta con un arma.

       La encontraron hará cosa de una hora y media.

       Algo frío y húmedo, parecido a una lagrima, recorre la mejilla de Bosch.

       Solo dime una cosa Rico, ¿dónde ha estado todo este tiempo?

       En tu casa, ha sido tu vecina quién avisó esta mañana. He visto su cuerpo, Bosch. El olor era insoportable. ¿Cómo has podi…

    Bosch mira al frente, perdido. Ha dejado de escuchar lo que dice su compañero. Sus palabras son un susurro, un eco lejano. Comienza a seguir con la mirada la fachada del edificio que tiene ante si. Poco a poco eleva sus ojos hasta llegar a la azotea. Después, un poco más alla, el cielo, un cielo azul, surcado por una estela, por otra maldita estela.

    ¿Cómo he podido hacerlo?, se pregunta. Soy un tipo normal, solo un tipo normal en Ciudad Sol.


Marto Pariente ya ha publicado su primera novela “Una bala para Riley” Puedes conseguirla aquí: http://www.amazon.es/dp/B010ORBEWQ

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