Más negro. Las mejores series del 2018.

Si ayer os comentaba las mejores novelas leídas en el año, hoy es turno de las series. Aquí están las mejores que he visto, estrenadas o no este año. Aquí el color negro adquiere muchos más matices que con la novela. Más variedad y combinación siempre junto al negro.

Pretendía, al igual que con las novelas, resumirlas en tres, pero me ha sido materialmente imposible. He creído conveniente agruparlas en tres tipos:

Las de factura americana en la que se ha empleado un agudo sentido del humor, inteligente, que huye de la chabacanería y la vulgaridad, cosa a veces difícil de encontrar en el mercado estadounidense. Son Get Shorty (2017) y Hap and Leonard (2016) fundamentadas ambas en una pareja que intenta salir adelante en un mundo harto difícil, rayando la legalidad e intentando conservar la dignidad humana utilizando para ello la socarronería y la ocurrencia.

Una de factura tradicional, en este caso italiana, con el estilo inconfundible, cínico e irónico, del malhumorado y triste Rocco Schiavone (2016), policía creado de la mano de Antonio Manzini, un procedimental, donde lo importante no son los casos a desvelar, no por ello menos importantes, sino los peculiares temperamentos y personalidades de los personajes que intervienen.

Y como no las de creación nórdica, tan en auge en estos momentos y que aúnan calidad visual, consistencia y severidad de las tramas y reflejo de sociedades de vanguardia creadas al abrigo de los más antiguos estados de bienestar. Son Sorjonen (2016), Valkyrien (2017) y Jordskott (2015). Estas dos últimas con un plus de riesgo, añadiendo a sus temáticas el funcionamiento conspiranoico fuera de la sociedad, en el caso de Valkyrien, o temas sobrenaturales de la mitología nórdica, en el caso de Jordskott.

Fuera del camino no puedo dejar de reseñar una serie que me causó un verdadero impacto, Camarada detective, una serie nada menos que de 1980, pero de las que es difícil encontrar huella y semejanzas. Se trata de un policial que sucede en la Rumanía de la época comunista, donde se sigue las normas y modelos establecidos para el género de manera estricta, pero desde la óptica del comunismo. Pero creado en el seno del mismo. Un ejercicio para todos aquellos que desean ir un paso más allá y ver como el noir puede adaptarse a múltiples formas. Y con una historia detrás realmente alucinante.

Como siempre, pasa y disfruta. Abrazos para todos.

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El negro. Lo mejor del año 2018.

Sí, ya sé que es un tema recurrente. Que todo es teoría y cuestión de gustos. Para gustos los colores. En este caso negro. Color de la noche y el misterio, del silencio y el invierno, de la negación. Es el color del abismo, la muerte, la tristeza y como no, de la soledad. Además es el color de los ritos funerarios en nuestra cultura occidental.

Por justicia divina (la mía) tan válida como la de cualquiera, siento la necesidad de constatar aquellas novelas que mejor han cumplido con eso del negro, más que color sentimiento, cólera, odio y tristeza, dolor, ira y rencor, remordimiento, culpabilidad y envidia, violencia, egoísmo y venganza y sobre todo furia, contra lo establecido. 

Esto no quiere decir que no haya más de lo dicho, que el resto sea desdeñable, ni mucho menos, pero he tenido la mala suerte de que solo me llegó una pequeña parte del color. Lástima, me gustaría haber probado todo lo bueno, pero el noir ahora es infinito.

Como creo que debo reseñar lo innegable y olvidar lo sombrío, os dejo éstas, para mí, las mejores novelas negras en nuestra lengua que he leído este año, aunque no se hayan publicado en él. Tres, pocas, pero auténticas. Por supuesto que hay más…

Disfrútenlas, sin miedo a equivocarse.

Miss Sherlock. Serie. 2018

No vamos a descubrir ahora quienes son Sherlock Holmes ni su querido Watson. Ni a enumerar sus iconos y talantes ante la investigación policial y la vida misma en el Londres victoriano y eduardiano.

Ya hemos visto además muchas adaptaciones de sus relatos en películas y series para poder comparar y valorar, como el Sherlock protagonizado por David Cumberbatch o el de Elementary interpretado por Jonny Lee Miller.

No soy un gran amante, algunos me perdonen, del detective creado por Sir Arthur Conan Doyle, pero me fastidia mucho ver como se maltrata su imagen y se frivolizan sus historias, incumpliendo el mandamiento: “No tomarás el nombre de Sherlock en vano”. Así me lo enseñaron sus discípulos. Conozco a más de uno.

Es lo que pasa con Miss Sherlock. Han trasladado los casos criminales a la actual Tokio y los han puestos en las manos de dos mujeres que interpretan a Holmes y Watson respetando los papeles originales, Holmes como colaborador extraordinario de la policía y Watson que le asiste, un repatriado de zona de guerra, en este caso Siria. Por lo demás nada que decir. Cumple planteamiento.

Sin embargo, ya que ambos personajes recaen por primera vez en mujeres podían haber puesto un poco más de empeño en cuidar la trama que flojea hasta extremos que hacía tiempo que no veía: ¿os imagináis una ama de casa, sólo ama de casa nada de ingeniera también, capaz de modificar chips e introducirlos en cápsulas para que sean ingeridas? ¿o todo un médico tomándose una cápsula, simplemente porque su mujer le dice que lo haga sin encontrarse siquiera mal para justificar los hechos? A eso llegamos. Si hace falta introducimos unos spaghetti en una taberna de Brooklyn, por recursos no será.

Pues eso, el poco interés en conseguir guiones que estén a la altura de tan insigne detective hace que unido a una Sherlock más maleducada que ingeniosa y una Watson más servil e incompetente que realista y asistente imprescindibles, consiguieron que no pudiera pasar del tercer capítulo de esta serie de ocho.

Creo que los japoneses tienen una calidad y sensibilidad extraordinaria para narrar historias y para utilizar la pantalla como medio de expresión de una manera magistral y brillante aportando momentos a la historia del cine, pero hay cosas como estos relatos de Sherlock Holmes que no han sabido hilvanar o incluso comprender, se les resisten. Una pena. Se ve, que la historia y la cultura de cada uno limita la capacidad para desempeñar un tipo u otro de creación artística. Cada uno tiene la suya.

Y si a mí consiguió disgustarme no quiero pensar como se lo tomarán otros amigos míos, discípulos, estudiosos y militantes del habitante del 221B de Baker Street.

Podéis ver este mero producto de consumo, si os atrevéis, en HBO. Os dejo el trailer, pero no os fieis de las apariencias.

Reikiavik. Pablo Sebastiá. 2018

No sé si al acabar la novela me ha gustado o no. A favor: novedosa con ecos de Las particulas elementales del excéntrico Houellebecq que aporta su grano de ciencia ficción. En contra: una historia de amor entre un desclasado e indómito elemento y una desheredada de las cloacas de este infecto mundo. Ya visto.

En principio lo ves venir, pero se despierta el deseo de ver como el autor conseguirá unir ambos elementos tan dispares. Al final, muy al final se verá, quizás demasiado tarde, dejando la incógnita de si la novela es más negra o ciencia ficción, un híbrido que no despega pero que tampoco deja indiferente. Una serie de casualidades. Una serie de “dejà vu”. Una serie de deseos de que ganen los buenos entre los malos.

Unos malos de la mafia mafiosa italiana, los Ferrutti, control del mundo hampón como nadie sabe hacer mejor que los italianos, despiadados y al mismo tiempo depositarios del honor sanguíneo tantas veces recurrente como imprescindible. Pasando por encima, y por debajo, de quien se les ponga por delante con tal de conservar privilegios, posiciones, beneficios y familia.

Van desarrollándose dos historias paralelas, el rescate de una esclava sexual por un justiciero social sin, en apariencia, motivación personal y los experimentos de un gran grupo empresarial de cuyo éxito o fracaso depende el camino de la humanidad en próximos decenios. Un tema muy terrenal ligado a un tema muy científico, que a veces pueden resultar un tanto incompatibles por su extrema diferenciación.

No soy muy entusiasta de la ciencia ficción, a excepción de Huxley. Creo que no soy el más adecuado para valorar esta novedad argumental como intento de regeneración y ampliación de los límites de la novela negra. Pero igual algo hay. Vosotros decidiréis. Da para el debate.

El desentierro. Nacho Ruipérez. Cine. 2018

Volvemos a estar de enhorabuena con el cine español. Una nueva patada en la boca para aquellos que renuncian de nuestro cine con argumentos foráneos y extratemporales.

Sí, se puede decir que aquí hacemos buen cine. Igual que en otro artículo confirmaba con Arde Madrid que el mundo de las series tenía nuevas vías de exploración. Con El desentierro, confirmamos que, si bien no abre exactamente una nueva vía, si que aprovecha los caminos abiertos por cintas como La isla mínima, de Alberto Rodríguez, o Cien años de perdón  de Daniel Calparsoro, para seguir con él, elevando al cine español a un estilo propio de temáticas propias.

Nacho Ruipérez, después de participar en diferentes ocupaciones cinematográficas en historias con menos repercusión mediática, se presenta con El desentierro como un nuevo director que se suma a esta nueva corriente, de calidad, aprovechando para ello tanto las historias que este país, en su deriva económica, ha producido en cuantía como el medio fotográfico y paisajístico que nuestro país ofrece. En este caso mi querida Albufera.

Nada de un intento de fomentar valores patrios facilones, sino simplemente utilizando aquello que está a su mano, mirando a nuestro alrededor, a nuestras gentes, nuestras situaciones, nuestros paisajes. Este punto ha calado especialmente. La isla mínima ya halló medios naturales como las llanuras marismeñas del Guadalquivir para desarrollar su historia y El desentierro continúa con los arrozales y las marjales del Parque Natural de la Albufera, que al igual que aquella transmite el aislamiento, la soledad existentes a través de lugares, utilizándolos para apoyar mediante imágenes, sentimientos esenciales de sus personajes, la supervivencia, el deseo de mejorar en un mundo difícil, la dureza de la sociedad, aunque la ética no forme parte de ella.

Mención aparte en este aspecto tiene Cien años de perdón, totalmente urbana y apegada a propósitos políticos de altos vuelos. Con la que también comparte medios.

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Porque no sólo de fotografía vive el hombre, aunque tratándose del cine no se puede desdeñar que la imagen es una de las herramientas principal de los realizadores cinematográficos como medio principal de expresión. La historia se reclama como esqueleto sobre el que proyectar esa muestra de imágenes consecuente, que baila con la historia en un perfecto vals.

En este aspecto, se produce un giro divergente con La isla mínima para confluir con Cien años de perdónEl desentierro se separa de aquella en la historia presentada. Ya no se trata de consecuencias de la tribalidad de esquemas sociales más o menos caciquiles para adentrarse en el tema de intereses y codicias de la clase dirigente, políticamente arrimada para destapar, nuevamente, bajos instintos como la avaricia. Pero no se queda únicamente ahí. Introduce como novedad respecto a estas dos el tema del valor supremo del amor y cuantas villanías y locuras se es capaz de hacer en su nombre.

Creo que con este título podemos considerar que tenemos una trilogía a partir de la cual, los directores tienen puntos de referencia y sendas marcadas tanto en cuanto a la consecución de una imagen común como el de historias que van ampliando cada vez más sus posibilidades indagatorias. Nacho Ruipérez lleva este camino.

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Disfrutad del cine actual español. Esperemos que nos lleguen muchas más propuestas como éstas.

Tráiler oficial:

FICHA TÉCNICA:

Título original: El desentierro.

Año: 2018.

Duración: 108 min.

País: EspañaDirección: Nacho Ruipérez.

Guión: Mario Fernandez Alonso, Nacho Ruipérez

Música: Arnau Bataller

Fotografía: Javier Salmones

Reparto: Leonardo Sbaraglia, Michel Noher, Jan Cornet, Francesc Garrido, Jelena Jovanoa, Ana Torrent, Jordi Rebellón, Arben Bajraktaraj, Nesrin Cavadzade.

Productora: El Desentierro AIE / Abordar / Aleph Media / Televisión Española (TVE)

Out of thin air. Documental. 2017.

Cuando el género negro está remitiendo, cuando el exceso de oferta de ficción sobrepasa la demanda, tal y como reconocen los entendidos, es en este justo momento cuando las editoriales empiezan a publicar títulos que abarcan la no ficción noir, la divulgación de casos reales, vaya.

Esta apuesta, de nuevas historias, de nuevas perspectivas a través de la no ficción, con el plus de veracidad que conlleva, como si de nuevo sabor se tratase, nos ofrecen un nuevo producto de consumo para las masas deseosas de digerir más y más noir ….Y es que El Caso tenía su aquel…. y su ahora. Ya se sabe, la realidad supera a la ficción.

Las editoriales RBA y Al Revés empiezan a dar buena cuenta de ello. Quizá consideren que es hora de beber directamente de las fuentes de inspiración.

Y como adelanto a la edición española de Reikiavik Confessions, próximo título para 2019, que abrirá una nueva colección dedicada al “true crime” de RBA, se me ocurrió ver el documental Out on thin air, relacionado con el crimen, basado en la historia de la desaparición de dos ciudadanos en la pacífica Islandia, un caso que conmocionó durante la década de los 70 y 80 a la candorosa sociedad islandesa que confiaba, hasta ese momento, en su policía y su justicia. Un caso aún sin resolver.

Out of this air, desarrolla el caso criminal de mayor repercusión mediática del siglo XX en Islandia, la tierra de la baja delincuencia. Se trata de la desaparición de dos ciudadanos islandeses, Guðmundur Einarsson y Geirfinnur Einarsson, en principio sin relación entre ellos, sin antecedentes y sin aparente explicación.

Este documental narra la investigación de una periodista, para intentar dilucidad como sucedieron los hechos, las detenciones, las declaraciones, los interrogatorios, el juicio y la posterior condena de los principales encausados.

Pero no se trata de un documental más, donde se constatan sucesos. El verdadero interés del documental reside en la indagación en los heterodoxos métodos que emplearon las autoridades para dar respuesta a presión que la sociedad y medios de comunicación islandeses ejercían sobre ellos. Y parece ser que estos no fueron novedosos ni tampoco ni ética ni legalmente aceptables.

La periodista constata la utilización de unos métodos de manipulación psicológica que consiguió influir en los recuerdos de los acusados para que reconocieran hechos de los que ni siquiera estaban seguros que se hubieran producido o en los que ni siquiera participaron. Parece ser que lograron, a través de horas de interrogatorios combinados con privación del sueño y semanas de aislamiento, una confusión en los recuerdos de los acusados dignos de las más eficaces tácticas de adulteración de la percepción, con la única finalidad de encontrar culpables. Un trabajo muy fino.

Podéis verlo en Netflix. No tiene desperdicio.

Bodyguard. Serie. 2018

Bodyguard_Todo_Negro_josevi_Blender_1Es verdad que en inglés se dice bodyguard, porque si le llamaran El guardaespaldas quedaría demasiado simplón y no llamaría la atención, pero se pueden poner como quieran que no está a la altura. Esto del marketing empieza a darme por el c…..

Un inicio espectacular, un planteamiento (no es spoiler, te enteras en los primeros diez minutos del primer capítulo) sobre un guardaespaldas de una ministra británica víctima del invento británico-hispano-estadounidense de las armas de destrucción masivas iraquíes, no necesariamente en este orden.

Esperando la justicia divina que se encargue de políticos más interesados en otros temas que en asuntos ciudadanos (me suena) empieza la serie y esperamos, y esperamos, y esperamos…

Todo empieza a transformarse en el clásico enredo nada novedoso para todos aquellos que hemos leído a John Le Carré. Conspiraciones, tramas de permanencia en el poder, servicios de inteligencia, policía corrupta y desgraciados que pagan el pato y se joden con lo que les mandan las autoridades. Y continuamos esperando la promesa incial…

Creía que al final, alguien le daría una patada a los políticos. Ahora si que viene el SPOILER, aviso para aquellos que todavía les quede una pizca de interés por tragarse sus ocho capítulos. Pero nada de nada. Paga poca ropa. El malo al final, el de siempre, terroristas islámicos en la figura de una mujer, mafias de venta y reventa de armas, policía corrupta a la que se le va el tema de las manos. Porque, ya se sabe, la policía no es mala, solamente lo son sus miembros como si estos no formaran parte de ella.

Por supuesto con su castigo ejemplar, no se iban a ir los malos de rositas, pero los espectadores nos quedamos esperando con un palmo de narices lo de que “esto no es una típica serie de complot policial y político de buenos y malos”. Con un par.

VAYA ENGAÑO. La pasan en Netflix para todos aquellos que quieran perder el tiempo. Con lo prolífico que es actualmente el sector audivisual de las series no sé como Bodyguard ha llegado a alcanzar las altas cuotas de pantalla en el Reino Unido que dicen. Estos británicos son así. Cambiad de canal.

Tráiler oficial.