¿Quién es más malote?

A ver, os presento. Estos son los miembros de la banda de cerveza ilegal que opera en la película Las calles de la ciudad de 1931.

En una de las escenas finales de la película, el director Rouben Mamoulian hace un repaso con un primer plano de cada uno de ellos consecutivamente. Gran escena. No sé si se contemplaría en el contrato. El caso es que me preguntaba quien de ellos me daría más miedo si se dirigiera cara a mí a exigirme una deuda.

¿Y para ti? ¿Cuál te impone más respeto?

¿Y qué pensarán tus amigos? Comparte por favor.

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Llamad a cualquier puerta. Nicholas Ray. 1949.

llamad_a_cualquier_puerta_Todo_negro_josevi_blender_cartelUna película esencial en cualquier filmografía referente al género negro. Dirigida en 1949 por Nicholas Ray, ya presenta completamente instaurados los preceptos del código Hays del 34  que marcó el cine norteamericano de la década de los cuarenta.

Un prestigioso abogado (Humphrey Bogart), surgido de los barrios bajos y la pobreza, asume la defensa de un joven delincuente (John Derek) acusado de asesinar a un policía. Simple argumento con clara exposición de motivos.

Al principio se nos convence de la existencia de una falsa acusación, de la inocencia del inculpado. El abogado Andrew Morton basa su defensa en las penosas condiciones de vida en las que se ha criado el acusado Nick Romano y que han marcado su vida, la pérdida prematura de un padre y con un destino abocado a subsistir en un barrio marginal donde la pobreza y la delincuencia estaban al orden del día. Debía luchar en un medio hostil que le hizo como es, pero que no es excusa para considerarle una predisposición cometer acciones criminales aún disponiendo de antecedentes. Pero la sociedad no duda en prejuzgarlo como culpable porque, como se suele decir,  “por un perro que maté, mataperros me llamaron”. Un pobre chico de un pobre barrio marcado por la desesperación y la supervivencia.

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Ya hacía tiempo que el cine norteamericano había abandonado las fórmulas en las que los malhechores se salían con la suya, se había optado por castigarles y en defender un modelo de sociedad en las que el crimen nunca quedará impune. El cine era una buena fórmula propagandística.

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Pero para ello el delincuente debía de ser culpable, nunca la perfecta sociedad que estaban intentando crear podía castigar a los inocentes, para ello (y ahora viene un spoiler) el argumento se inventa un giro tan inesperado como inexplicable en la que Nick confiesa su culpabilidad en el último momento dando así la razón y justificación a un ideario en el que la sociedad y el sistema judicial nunca se equivoca.

Corresponde a esta película la famosa frase que pronuncia Nick Romano y que todo el mundo conoce:

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Esta cinta se encuentra en el inicio de la carrera de Ray como director y le permitió abrirse camino y conseguir rodar sus obras más representativas como En un lugar solitario (1950), Johnny Guitar (1954) o Rebelde sin causa (1955). Por su parte, Bogart ya era un actor más que consagrado, ya había rodado El halcón maltes (1941), Casablanca (1942), El sueño eterno (1946) o La senda tenebrosa (1947) y se dirigía directamente a la estatuilla del señor Oscar que obtendría por La reina de África en 1951.

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Basada en una novela homónima del controvertido Willard Motley, que en el debate sobre su inclusión en el premios del Chicago Literary Hall of Fame, se dijo que: “Motley fue criticado en su vida por ser un hombre negro escribiendo sobre personajes blancos, un hombre de clase media escribiendo sobre la clase baja y un homosexual encerrado escribiendo sobre impulsos heterosexuales, pero aquellos que estaban más amablemente dispuestos a su trabajo, y había muchos, admiraban su valor y su corazón.

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Un clásico noir y clásico de imprenscindible exploración.

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Tarde de perros. Sidney Lumet. 1975.

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Una noticia que ya huele a 2018, se acaba el año. El próximo Fiebre del sábado noche cumple cuarenta tacos. Y como el género es así, yo celebro los cuarenta y tres de un gran noir, Tarde de perros, pa que vean.

Una película que tiene un ritmo frenético, no por la rapidez de las acciones, sino porque los protagonistas sufren de especie de histeria colectiva y permanente, al límite del estrés. Te ponen de los nervios. Si lo unes al ambiente un tanto, o no, absurdo, la mezcla es adictiva.

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Dos atracadores Sony y Sal se encierran en un banco con rehenes. Nada de tópicos, nada de planes previos, escena uno entrada al banco. En principio eran tres delincuentes, pero uno de ellos desierta en medio del atraco. Un inicio genial. Descabellado. Un secuestrado director de banco paternal y pacífico, un grupo de mujeres oficinistas con comportamientos diversos ante el atraco, incluso de alegría y desenfado. Pero sale mal, se recluyen y empieza el ambiente, además, claustrofóbico de la película. El calor que sufren los protagonistas ayuda especialmente.

Y luego viene lo que sucede fuera. Una población en las inmediaciones del banco coreando el nombre de Sony y enfrentándose a cientos de policías con tendencia a tener el gatillo a punto con mucha facilidad. Y los medios de comunicación a pie del cañón. Esta situación se comprende si se tiene en cuenta que un año antes había dimitido Nixon por el Watergate. El nivel de indignación popular debería ser bastante alto. Y la historia se repite.

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Creo que ahí toma verdadero interés la película, en la crítica social hacia un momento político de especial delicadeza en la historia de los Estados Unidos. Guerra de Vietnam. Crisis del petróleo. Watergate. Aumento del paro, de la tasa de criminalidad. Nueva York, donde transcurre la película, fue una de las ciudades más castigadas, siendo durante este periodo una de sus peores momentos, declarándose en bancarrota en 1975, con saqueos ciudadanos en las calles. De hecho está basada en un hecho real ocurrido el 22 de agosto de 1972 en el barrio neoyorquino de Brooklyn, donde John S. Wojtowicz entró armado en una sucursal del Chase Manhattan Bank.

Los ladrones son Al Pacino y John Cazale, en dos papeles muy desiguales, y que ya habían trabajado en las dos primeras partes de El padrino. Los personajes se completan con el jefe de policía, Charles Durning, con más nominaciones que premios.

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Firmada por Sidney Lumet, uno de los iniciadores del nuevo cine independiente estadounidense que se inició en los setenta provenía de la llamada generación de la televisión y se caracterizaba por utilizar escenarios reales, la interpretación improvisada de los actores y la inclusión de temas sociales como temas preferidos, teniendo a la Nouvelle Vage francesa como referencia. Lumet había dirigido tres años antes Serpico con Al Pacino al frente y ya quedaba bastante atrás la famosa Doce hombres sin piedad.

De esta década de una mayor denuncia social datan películas como Todos los hombres del presidente, M.A.S.H de Robert Altman, o Taxi Driver de Scorsese, que cada uno a su manera criticaba ferozmente un pecado de la decadente sociedad americana del momento.

Fue fenómeno del momento. Frank Pierson ganó el Oscar al mejor guión original en 1976, y estuvo nominada en casi todas las principales categorías y en diferentes festivales internacionales. En España se estrenó en el Festival de San Sebastián antes de ser tan laureada.

Clave.

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Bajo el peso de la ley. Jim Jarmusch. 1986.

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¿Y que hace Jim Jarmusch en una referencia noir?

Pues que dirigió “Bajo el peso de la ley” un carcelario, añadirle el adjetivo drama no es muy adecuado. Su única incursión en uno de los temas preferidos del noir. Zack, Jack y Roberto se conocen en la cárcel donde han ido a parar por diferentes motivos. Desarraigados, con vidas muy particulares. Soñadoras, egoístas, licenciosas, cada cual a su manera.

Se sirve del tema clásico de las prisiones y de su estética nada más, porque su concepción es muy diferente. Con apenas diez actores se monta sin dramatismo. Los protagonistas funcionan imprevisiblemente con aires cómicos y también violentos, pero nada serio. Hay una pelea a la que llegan a las manos Zack y Jack  que más bien parece un slapstick de épocas muy anteriores.

Aunque el verdadero tono despreocupado y positivo viene de la mano de la inocencia de Roberto (Roberto Benigni) que junto con Tom Waits y John Lurie forman un atípico trío que se ve en la obligación de compartir techo en prisión. Del resto, las sorpresas se van sucediendo. El absurdo está muy presente. un resultado amable y simpático.

Son tres presos que te llevarías a casa. En el fondo buena gente. Sorprendentes. Como reza el cartel es una “kidding escape fantasy”, que según el traductor de Google significa una “broma escape fantasía” tres calificativos que le van al pelo.

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Fue dirigida por Jim Jarmusch, un auto excluido de los géneros hollywoodienses: “Prefiero trabajar con estructuras independientes. No me veo exiliándome a Hollywood para realizar un blockbuster. No rechazo ese tipo de cosas, pero están muy alejadas de mi trabajo”. Siempre escribe sus propios guiones. Y también es actor.

En cuanto al género, sus creaciones son diversas, fantástico, thriller, documentales musicales. Tiene una especial predilección por las películas de episodios tanto propias “Mystery Train”, “Noche en la tierra” o “Café y cigarrillos”, como participando en otras junto a directores como  Wim Wenders, Víctor Erice o Spike Lee. 

Si algo le caracteriza es tener su propia visión. De eso no hay duda. Estéticamente también, una vez se ven sus películas son fáciles de identificar.

 

Premiado en Cannes en dos ocasiones por Más extraño que el paraíso (1984) y Flores Rotas (2005) es un asiduo del festival.

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El general. John Boorman. 1998.

El_General_Boorman_todo_negroUna vez rebasado el clasicismo del cine negro americano de los 30 y 40, el cine negro sigue en marcha. Disfrutados y constreñidos al mismo tiempo estos cánones, es estimulante encontrarse con nuevas fórmulas que marquen nuevos caminos y nuevos tiempos, estéticos y argumentales.

“El general” es la historia de Martin Cahill, reputado delincuente irlandés que llevó en danza a la policía durante más de veinticinco años. Una crook story pero con algo más. Corriendo los tiempos que corren, Cahill es un chico nacido de los barrios marginales de la Irlanda de los setenta, donde si eras pobre tenías un mal futuro. La cárcel y la policía acechaban en todas las esquinas, aunque fueras un robagallinas. Mucha patata y poca carne.

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En esta película, a diferencia de la crítica social de un mundo que machaca al individuo en el cine negro clásico, pasamos a una crítica del estado frente al grupo social, en este caso el irlandés de los convulsos años setenta en Dublin. El grupo social con componentes religiosos que fue objeto de represión por parte del aparato estatal británico.

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Pero no se trata de un Robin Hood que roba a los ricos para dárselo a los pobres. Es un ladrón que intenta arreglar su futuro y de su familia, venerada, lo cual no es impedimento para que también haga llegar al resto de sus vecinos los resultados de sus pillajes. Un semihéroe social. Martin y su grupo de ladrones justifican sus acciones como réplica al abuso de los aparatos de poder.

Sin grandes puestas en escenas, con la utilización continua de cámara fija, nos posiciona en la perspectiva de espectadores desinformados e inconscientes de un ciudadano ilustre, histórico, que nos pasea por algo más que el mero hecho delictivo, por la vida de un caballero de triste armadura.

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Ficha técnica:

Título original: The General.

Año: 1998

Directo y guionista: John Boorman.

Música: Richie Buckley.

Fotografía: Seamus Deasy

Reparto: Brendan Gleeson, Adrian Dunbar, Sean McGinley, Maria Doyle Kennedy,Angeline Ball, Jon Voight, Eamonn Owens

Productora: Merlin Films / J&M Entertainment

 

 

Propuestas de cine negro.

Hacemos recopilación de las mejores películas del género vistas o revistas por enésima vez este año. Imprescindibles para esas tediosas tardes veraniegas cuando el calor no permite asomar el pico a la calle. No os arrepentiréis.

Pon el título de la película en el buscador y sabrás lo que te pierdes.

¡FELIZ VERANO CINÉFILO!

 

Soy un fugitivo. Mervyn LeRoy. 1932.

soy-un-fugitivoCon esta película del distinguido Mervyn LeRoy, nos volvemos a encontrar con otra pieza clave de la historia del cine negro. En este caso en lo referente al cine carcelario o penitenciario.

Este auge como nueva tendencia dentro del género, provocada en parte por un intento de regeneración del primitivo cine de gánsteres dentro de la política del New Deal de Roosevelt, denuncia las condiciones de la población penitenciaria dentro de un marco donde se denuncian los males de esta sociedad en este momento o se analizan las causas del origen de la delincuencia.

Es cierto que el cine carcelario, ya contaba con unos antecedentes como El presidio, 1930, de George Hill o Código Criminal, 1931, de Howard Hawks, pero la novela del mismo título de Robert E. Burns, en que se basa la película, alcanzó tal repercusión pública y política, que provocó que la película comenzara a rodarse tan sólo siete meses después de su publicación.

La película cuenta la historia de James Allen, interpretado por Paul Muni, un héroe de la primera guerra mundial que decide labrarse un futuro apoyándose en las publicitadas ideas de libertad e igualdad de oportunidades, pero que por culpa del azar se ve condenado a trabajos forzados en una penitenciaria del estado de Georgia. Este suceso es aprovechado por LeRoy para mostrarnos las duras condiciones de vida en una chain gang, una cárcel donde los presos se encontraban encadenados permanentemente y donde las vejaciones son el orden diario de funcionamiento. Tras escapar de ésta y labrarse en el anominato y la falsa identidad una reconocida posición social, vuelve a la cárcel denunciado por su interesada esposa y unas autoridades estatales regidas por la moral conservadora imperante.

A partir de este momento la trama de la película vira desde la denuncia social hacia la persecución del individuo y las consecuencias que se derivan para éste de un sistema rígido para el ciudadano normal, pero permisivo para conocidos criminales y traficantes, donde el sistema judicial no queda muy bien parado.

Se sigue el mismo esquema del anterior cine de gángsteres, pero tienen mayor peso los aspectos melodramáticos.

Denunciada por jueces y funcionarios de prisiones, condujo en cierta manera a un cambio en el sistema penitenciario y a la abolición de la duras chain gangs.

FICHA TÉCNICA:

Título original: I Am a Fugitive From a Chain Gang.
Año: 1932.
Duración: 90 min.
Director: Mervyn LeRoy. Warner Bros.
Guion: Robert E. Burns, Sheridan Gibney y Brown Holmes, según la novela de Robert E. Burns.
Música: Leo F. Forbstein.
Fotografía: Sol Polito.
Reparto: Paul Muni, Glenda Farrell, Helen Vinson, Preston Foster.