Los asesinos. Elia Kazan. 1972.

No podía menos que dedicarle una pequeña entrada a esta estupenda novela del conocido principalmente por su trabajo cinematográfico Elia Kazan.

Al principio tenía mis reticencias. Un autor acusado de colaboracionista con el macartismo. Esperaba una defensa a ultranza del american way of life con los intereses ultraliberales como motivación escondida tras su genial obra. Se me fundieron los plomos.

No sé si con esta novela pretendía limpiar su conciencia, después de verse acusado por parte de la gente del cine. Su película La ley del silencio en que intentó relacionar al sindicato de obreros portuarios con la mafia cuando no tenían nada que ver con ella era una muestra, cuando en realidad estaban conectados con ideologías comunistas. Una espinita.

Con esta novela, Los asesinos, denuncia los prejuicios de la sociedad norteamericana, más en concreto los privilegios que disfrutan los potentados, en este caso el estamento militar de los EE.UU.

ELIA KAZAN

La historia se inicia con el asesinato, irrebatible, de un hippie de finales de los sesenta por parte de un sargento de la Fuerza Aérea en el estado de Nuevo México. Se transforma en una pugna de las fuerzas vivas, abogados, fiscales, militares y dirigentes políticos, a través del juicio al acusado, mexicano para más información, al que intentan salvar de una condena segura reivindicando para ello justificaciones de índole ideológico. ¿Un juicio al criminal o a aquello que representa? Se tambalean principios.

En el fondo es cómo conseguir hacer prevalecer un modo de vida sobre las ideas de justicia de la que se jactan de representar. Y de los muros que se interponen para ello. Un juicio a una sociedad.

Así disfrutaremos de escenas en que los distintos protagonistas aprovechan para emitir discursos morales, políticos y actitudes siempre con una gran crítica social sobre la hipocresía de las sociedad americana.

Para hacérnolo mirar.

Soy la venganza de un hombre muerto. Alberto Valle. 2019.

Comenzaré destacando lo que es para mí uno de los mejores aspectos que tiene la novela, su capacidad para contar todos los acontecimientos y episodios como una narrativa personal, utilizando para ello únicamente la primera persona para todos y cada uno de los personajes, varios y variados, con lo que se obtiene al mismo tiempo muchas novelas en una sola, cada personaje cuenta la suya. Pero no limitándose a contar el mismo hecho desde ópticas diferentes, sino a contar como viven ellos mismos los pasajes de la novela en la que intervienen. Imaginad como se puede narrar en primera persona la propia muerte. Excelente.

Hay más. Tres épocas, tres sociedades. Principios de los 50, finales de los 60 y principios de los 80. De manera lineal, nada de continuos flashback yendo y viniendo, simplemente avanzamos de una época a la siguiente, sin volver atrás, cada una más diferente que la anterior, afortunadamente. Partiremos de los tiempos en que la famosa franquista Brigada de Investigación Criminal ejercía en Barcelona, cuyo auténtico comisario jefe Tomás Gil Llamas, que interviene en la novela bajo su propio nombre, elogió en su famoso libro “Brigada Criminal” allá por 1955 y de la que también expuso sus bondades el cine, y que Alberto Valle, el autor, narrando sus métodos violentos, brutales e inhumanos rectifica dejando claro que la bondad y la generosidad no eran precisamente sus principios más destacados. De ahí nos encaminaremos a la época de cambios políticos y culturales de mayo del 68 (al menos en Europa y de la que algo consiguió entrar en España) hasta la verdadera liberación en España, muerto el caudillo, que supusieron los años 80, con todo lo bueno y malo que conllevó. Únicamente una constante a lo largo de la narración, los ricos siguen siendo ricos, poderosos y corruptos, y los pobres, pues eso, pobres y pagapatos. Crítica social.

Los personajes, de todas clases, empresarios y políticos, como no, corruptos, obreros, fregasuelos, prostitutas, funcionarios y secretarias, vagos y maleantes, presidiarios, camareros y gogós, camellos, hippies y yonkis. De buen y mal corazón, inocentes e ignorantes o avispados y ladinos, como la vida misma, una sociedad barcelonesa que ha ido transformándose y albergando los tipos propios del género a lo largo de estas tres décadas.

Alberto Valle

En cuanto a la temática, la venganza, es una de las recurrentes de la novela negra, uno de sus más firmes puntales con la que se han logrado de las mejores historias con las mejores plumas. Viene aderezada con una secreta suplantación de identidad, lo que le da a la narración unos ingredientes espléndidos.

Una apuesta ciertamente innovadora.

Todos los muertos tienen la misma piel. Boris Vian. 1947

Ya avisaba Boris en Escupiré sobre vuestra tumba con los problemas raciales como uno de sus temas preferidos. En Todos los muertos el tratamiento es diferente, la segregación entre blancos y negros no es el tema de fondo. No es una novela de blancos contra negros. Ni entre negros, ni entre blancos. Es la del negro con el propio negro, no ofreciendo una lucha interna contra su propia naturaleza, ni contra principios irrenunciables, sino únicamente por la capacidad de supervivencia como modo de proceder, como modo de subsistir. Un problema de actuación, no de conciencia.

Una novela, de nuevo como ocurriera con Escupiré sobre vuestra tumba, en la que sus protagonistas son totalmente responsables de sus actos, sin disculpa posible, superando moralinas y prejuicios. Nada de remordimientos. Nada de sentirse mal por unos principios. Solo vale mantenerse. Socialmente, personalmente, existencialmente. Existencialismo.

Dan es un negro que se hace pasar por blanco, su fisionomía se lo permite, vive como tal, tiene mujer y niño blancos y todo el mundo le promete el sueño, siempre que sea blanco. Pero no lo es. Pero todo debe seguir siendo así. Y también hay quien quiere perturbar su apacible vida. ¿Qué hay que hacer para mantener la mentira?

Cualquier cosa, hasta las socialmente sugeridas como detestables, pero claro cuando no se tienes remordimientos, cuando únicamente se atiende a los propios deseos, cualquier cosa es posible. Y posible de llevarse a cabo con la mayor naturalidad del mundo. Me acuerdo de la frase “he visto cosas que harían vomitar a una cabra”. También cada uno confía en la capacidad de su estómago.

Boris Vian publicó esta novela, al igual que Escupiré sobre vuestra tumba un año antes, bajo el seudónimo Vernon Sullivan. Una lectura directa, incómoda, subversiva, rebelde. Noir del bueno. Al margen del mercadero negrot.

El negro. Lo mejor del año 2018.

Sí, ya sé que es un tema recurrente. Que todo es teoría y cuestión de gustos. Para gustos los colores. En este caso negro. Color de la noche y el misterio, del silencio y el invierno, de la negación. Es el color del abismo, la muerte, la tristeza y como no, de la soledad. Además es el color de los ritos funerarios en nuestra cultura occidental.

Por justicia divina (la mía) tan válida como la de cualquiera, siento la necesidad de constatar aquellas novelas que mejor han cumplido con eso del negro, más que color sentimiento, cólera, odio y tristeza, dolor, ira y rencor, remordimiento, culpabilidad y envidia, violencia, egoísmo y venganza y sobre todo furia, contra lo establecido. 

Esto no quiere decir que no haya más de lo dicho, que el resto sea desdeñable, ni mucho menos, pero he tenido la mala suerte de que solo me llegó una pequeña parte del color. Lástima, me gustaría haber probado todo lo bueno, pero el noir ahora es infinito.

Como creo que debo reseñar lo innegable y olvidar lo sombrío, os dejo éstas, para mí, las mejores novelas negras en nuestra lengua que he leído este año, aunque no se hayan publicado en él. Tres, pocas, pero auténticas. Por supuesto que hay más…

Disfrútenlas, sin miedo a equivocarse.

Reikiavik. Pablo Sebastiá. 2018

No sé si al acabar la novela me ha gustado o no. A favor: novedosa con ecos de Las particulas elementales del excéntrico Houellebecq que aporta su grano de ciencia ficción. En contra: una historia de amor entre un desclasado e indómito elemento y una desheredada de las cloacas de este infecto mundo. Ya visto.

En principio lo ves venir, pero se despierta el deseo de ver como el autor conseguirá unir ambos elementos tan dispares. Al final, muy al final se verá, quizás demasiado tarde, dejando la incógnita de si la novela es más negra o ciencia ficción, un híbrido que no despega pero que tampoco deja indiferente. Una serie de casualidades. Una serie de “dejà vu”. Una serie de deseos de que ganen los buenos entre los malos.

Unos malos de la mafia mafiosa italiana, los Ferrutti, control del mundo hampón como nadie sabe hacer mejor que los italianos, despiadados y al mismo tiempo depositarios del honor sanguíneo tantas veces recurrente como imprescindible. Pasando por encima, y por debajo, de quien se les ponga por delante con tal de conservar privilegios, posiciones, beneficios y familia.

Van desarrollándose dos historias paralelas, el rescate de una esclava sexual por un justiciero social sin, en apariencia, motivación personal y los experimentos de un gran grupo empresarial de cuyo éxito o fracaso depende el camino de la humanidad en próximos decenios. Un tema muy terrenal ligado a un tema muy científico, que a veces pueden resultar un tanto incompatibles por su extrema diferenciación.

No soy muy entusiasta de la ciencia ficción, a excepción de Huxley. Creo que no soy el más adecuado para valorar esta novedad argumental como intento de regeneración y ampliación de los límites de la novela negra. Pero igual algo hay. Vosotros decidiréis. Da para el debate.

Absolutamente Heather. Matthew Weiner. 2017.

absolutamente-heather_matthew-weiner_todo_negroUn ejemplar de novela que no es lo mismo que una novela ejemplar, para discutir sobre donde empieza y termina el género negro.

Tomando como tema central la relación padres-hijos desde la niñez hasta la adolescencia, Weiner nos expone la vida del matrimonio Breakstore, cómo se conocieron, sus primeros años de matrimonio, sus expectativas vitales, sus compromisos sociales y su particular sueño americano. Y es que Absolutamente Heather es el nombre de la hija del matrimonio, pieza sobre la que giran aspiraciones y el profundo, y a veces equívoco, compromiso paternal sobre los propios vástagos.

Leer reseña completa en Som Negra

 

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¡Pinches jipis! Jordi Soler. 2012.

Pinches_Jipis_Jordi_Soler_todo_negroJoder, una novela con protagonistas originales. Es lo primero que pensé cuando empiezas a leer tremendo disparate.

Un caso de investigación policial al uso, como corresponde a los cánones para una novela negra pero con el añadido de unos personajes que singularizan y centran y dan esplendor. Que la hace trivialmente diferente. Sí, una investigación que únicamente nos interesa por su diferencia del resto de montón. Por lo que la hace dispar y bellamente especial. Nos cansamos de siempre lo mismo.

¿Y qué es lo que hay? Un policía alcohólico, Emiliano Conejero, el comandante, tras unas gafas negras, de lo más, que le hacen parecerse según quien a Sofía Loren, Lady Gaga. Thalía o a la mismísima Chavela Vargas. Cutty Shark debería de darle el premio al consumidor del año.

Unos subordinados para darles de comer aparte, el Espectro, la Vacota (por el peso, se entiende), el Urracarrana con los que te tomarías siete cervezas pero nunca invitarías a tu casa ni les presentarías a tu hija/hijo m con particulares historias divertidas y rocambolescas que les hacen estar de casualidad en este mundo sin sentido.

Todos ellos implicados en el misterio irresoluble del estrangulador de la media azul. Un asesino para tomárselo en serio. Pero el comandante Conejero es lo que hay y tiene lo que tiene. Combinación perfecta. Se juntan el hambre con las pocas ganas de comer. Pero siempre se tienen recursos.

También hay un lenguaje mexicano no tan acusado como con otros autores como Elmer Mendoza. Y es que, claro, Jordi Soler al margen de tener un nombre profundamente catalán alude a un mexicano hijo de catalanes exiliado por motivos ideológicos durante la guerra civil española. Qué volvió o emigró de México, no sé muy bien cual sería el verbo debido.

Pero esta novela todavía arrastra más peculiatidades. Conejero, en principio, fue un personaje radiofónico. Emitidas sus andanzas hace más de treinta años en piezas donde se contaban sus casos, sus ardientes amores, su apego a la vida salvaje. Ya no es la joven promesa de antaño, ahora es una leyenda cincuentona y sin escrúpulos con una tendencia politoxicómana.

Conejero es un cabrón hecho a la medida de la ciudad más caótica del mundo. Una parodia del género.

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